Enviado por Peter Amsterdam
abril 28, 2026
En todo el mundo, la mayoría de las personas dedica una parte importante de su vida al trabajo, por lo general realizado en un ambiente laboral, aunque actualmente también puede ser un entorno virtual. Es obvio que el trabajo —ya sea de tipo secular o misionero— ocupa una porción considerable de nuestro tiempo durante gran parte de nuestra vida adulta. En muchos casos, eso implica trabajar con personas cuyas creencias y cosmovisión pueden diferir de las nuestras. Entonces, como cristianos, ¿cómo integramos nuestra vida laboral en nuestro discipulado?
Empecemos examinando qué dice la Biblia del trabajo.
En términos generales, las Escrituras presentan el trabajo como algo positivo. Antes de que el pecado se introdujera en el mundo, Dios mandó a Adán y Eva que trabajaran, diciéndoles: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra; sojúzguenla» (Génesis 1:28). «Tomó, pues, el Señor Dios al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo guardara» (Génesis 2:15).
El trabajo no es inherente a la condición del ser humano después de la caída, sino que es parte de lo que Dios creó y calificó de «bueno en gran manera» (Génesis 1:31). El libro del Génesis indica que la creación del mundo fue una obra que Dios hizo. «El séptimo día concluyó Dios la obra que hizo, y reposó el séptimo día de todo cuanto había hecho» (Génesis 2:2). También está claro que el cuarto mandamiento habla de no trabajar el séptimo día —el sábado—, pero sí trabajar los demás días de la semana. «Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para el Señor tu Dios» (Éxodo 20:9,10).
Es evidente que desde el inicio de la creación Dios estableció el trabajo como un elemento de Su plan para el desarrollo integral del ser humano. Timothy Keller lo expresa de la siguiente manera:
El libro del Génesis nos revela una verdad sorprendente: el trabajo estaba presente en el paraíso. Un biblista lo resumió así: «Está clarísimo que el buen plan de Dios siempre incluyó que los seres humanos trabajaran o, más concretamente, que vivieran en un ciclo continuo de trabajo y descanso». […] El trabajo era parte del diseño perfecto de Dios para la vida humana, porque fuimos creados a imagen Suya, y parte de Su gloria y felicidad es que Él trabaja, al igual que Su Hijo, que dijo: «Mi Padre aún hoy está trabajando y Yo también trabajo» (Juan 5:17). […]
Aunque los apóstoles de Jesús soltaron sus redes tras su encuentro con Él (Lucas 5:11), más tarde vemos que siguieron con su oficio de pescadores. También vemos que Pablo continuaba haciendo carpas mientras evangelizaba. No es que esos hombres conocieran a Cristo y abandonaran su trabajo secular o redujeran la intensidad y pasión con que lo realizaban; lo que cambió para siempre fue su enfoque del trabajo. Jesús les dio la visión; de hecho, Él fue la visión. Muy deliberadamente los llamó a un tipo de pesca más trascendental que la que practicaban: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres» (Lucas 5:10). En otras palabras, Él vino a redimir y sanar el mundo, e invitó a Sus discípulos a participar en ese proyecto. Desde ese momento su identidad y el sentido de su vida dejaron de estar ligados a su oficio o su situación económica. Podían dejar su trabajo (si era necesario), retomarlo o abordarlo de una manera distinta. […]
El trabajo es una manera de prestar servicio a los demás en lugar de vivir solo en función de nosotros mismos. Además, es una manera de averiguar quiénes somos, ya que por medio de él descubrimos nuestras habilidades y dones particulares, un componente fundamental de nuestra identidad. […] Como extensión de la obra creadora de Dios, el trabajo del cristiano está orientado hacia Él, y debemos preguntarnos cómo podemos realizarlo manifiestamente para Su gloria. Como extensión de la obra de la providencia divina, también está orientado hacia el prójimo, y debemos preguntarnos cómo podemos realizarlo con excelencia y para el bien de los demás[1].
En el Nuevo Testamento también se habla del trabajo como algo positivo. Por ejemplo, dice que por épocas, en el transcurso de sus viajes misioneros, el apóstol Pablo trabajó haciendo tiendas de campaña (Hechos 18:2,3). Él mismo en otro pasaje alude a su ejemplo de «trabajar duro» para satisfacer sus propias necesidades y las de sus compañeros de viaje (Hechos 20:33–35). En Efesios habla de la importancia del trabajo: «Que trabaje esforzadamente, haciendo con sus propias manos lo que es bueno para tener qué compartir con el que tenga necesidad» (Efesios 4:28).
En su carta a la iglesia de Tesalónica, Pabló hace hincapié en la importancia de que los creyentes trabajen para mantenerse: «Tengan por aspiración vivir en tranquilidad, ocuparse en sus propios asuntos y trabajar con sus propias manos, como les hemos mandado; a fin de que se conduzcan honestamente para con los de afuera y que no tengan necesidad de nada» (1 Tesalonicenses 4:11,12). En su segunda Epístola a los tesalonicenses, Pablo pide a la iglesia que imite su ejemplo de trabajar, y añade: «Ordenamos y exhortamos» a los creyentes «que trabajando sosegadamente coman su propio pan» (2 Tesalonicenses 3:7–12).
Por supuesto, no todo trabajo recibe compensación económica. Entre los más importantes del mundo están la crianza de los hijos y las tareas domésticas, que a pesar de ello no son trabajos remunerados. El voluntariado es también muy importante, el hecho de dedicar tiempo generosamente a ayudar a los demás, por ejemplo en el marco de una iglesia u otra organización. La labor misionera es otro trabajo tremendamente importante que suele realizarse de forma voluntaria y por lo general depende de las donaciones y el apoyo de terceros. Dios llama a numerosos cristianos muy dedicados a consagrar su vida a servirlo y anunciar el evangelio en su lugar de misión o trabajar en programas de ayuda humanitaria sin recibir a cambio un sueldo fijo.
Sea cual sea el trabajo que el Señor nos lleve a realizar —remunerado o no—, a los creyentes se nos pide que seamos buenos representantes de Jesús y de nuestra fe. Cualesquiera que sean nuestras tareas cotidianas, hagámoslas como para Él, para Su gloria. «Háganlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31).
¿Por qué tenemos que trabajar?
Considerando que una persona promedio dedica gran parte de su vida al trabajo, surge la pregunta: ¿Por qué motivo mandó Dios a los seres humanos que trabajaran?
Por ser criaturas hechas a imagen de Dios, somos, entre otras cosas, capaces de emular Su actividad creativa. Cuando hacemos cosas, por ejemplo hornear una barra de pan, construir una cabaña o desarrollar un programa informático, estamos creando algo que antes no existía. Esas actividades reflejan también otros atributos divinos, como son la sabiduría, la fortaleza, la paciencia y el conocimiento.
Si bien toda la naturaleza muestra la gloria de Dios —por ejemplo, el reino vegetal y el reino animal—, la creatividad de los seres humanos lo hace de formas sumamente diferentes. Los seres humanos somos los únicos que creamos, inventamos e innovamos. Nuestra capacidad para realizar obras de inventiva indica que fuimos creados por Dios a Su imagen. Los seres humanos podemos crear valor. Cuando realizamos un trabajo productivo, aportamos algo al valor total de lo que existe para beneficio de la humanidad.
Aparte de ser una manera de dar testimonio a los no creyentes (1 Tesalonicenses 4:11,12), otro aspecto importante del trabajo es que nos infunde un sentido inmanente de dignidad y amor propio. A eso se debe en parte que, cuando una persona es despedida del trabajo y no encuentra otro, o no puede trabajar por causa de una enfermedad o lesión, le resulte tan difícil. La falta de un trabajo productivo puede resultar frustrante, ya que la persona se ve incapaz de cumplir aquello para lo que Dios creó a los seres humanos: realizar un trabajo productivo y por ende ganarse la vida mientras pueda.
La mayoría de los cristianos no se dedican exclusivamente a su iglesia o a las labores misioneras, sino que tienen un empleo secular y a menudo trabajan al lado o a las órdenes de personas no cristianas. Eso mismo ocurría en la iglesia primitiva, en una época en que los cristianos representaban una pequeña minoría que trabajaba en un mundo predominantemente secular. Sin embargo, es evidente que daban testimonio en su lugar de trabajo, con lo que contribuyeron a la rápida difusión del cristianismo. Es más, Kenneth Latourette, historiador de la religión, plantea que «los principales agentes de la expansión del cristianismo parecen […] haber sido […] hombres y mujeres que se ganaban la vida de forma puramente secular y hablaban de su fe a las personas con las que se encontraban de manera natural»[2].
El apóstol Pablo consideraba que cada creyente desempeñaba el trabajo al que Dios lo había llamado. «Cada uno debe vivir conforme a la condición que el Señor le asignó y a la cual Dios lo ha llamado» (1 Corintios 7:17). Cualquiera que sea el trabajo que desempeñe un creyente —siempre y cuando no sea deshonesto o inmoral—, esa es la situación a la que «Dios lo ha llamado», al menos por el momento. Es posible que más adelante le indique que cambie de ocupación; pero mientras haya sido llamado a realizar un trabajo en particular, eso es lo que tiene asignado.
Cualquiera que sea nuestro lugar de trabajo, los cristianos debemos ser honrados, confiables, íntegros y testigos fieles siempre que sea posible. Se insta a los creyentes a dar testimonio del cristianismo y emular a Jesús en toda situación en la que se encuentren, «para que en todo hagan honor a la enseñanza de Dios nuestro Salvador» (Tito 2:10). En el trabajo no siempre podemos hablar abiertamente de nuestra fe, pero siempre podemos encontrar una manera de ser un ejemplo vivo de ella, tal como ponen de relieve los siguientes extractos de artículos.
Tu campo de misión
Dios nunca quiso que el culto dominical estuviera desligado del trabajo del lunes. Tu trabajo, tu vocación, tus obligaciones diarias, todo ello son ocasiones de actuar como un discípulo y formar discípulos. Colosenses 3:17 nos recuerda: «Todo lo que hagan, sea de palabra o de hecho, háganlo todo en el nombre del Señor Jesús».
Cada hoja de cálculo. Cada correo electrónico. Cada reunión. Cada reparación. Cada entrega. Cada comida preparada. […] Todo hecho con Su alegría. Todo hecho por Su gracia y en Su nombre. A menudo pensamos que trabajo sagrado es el que se hace en las iglesias o que hace el clero. Pero hay trabajo sagrado de todo tipo cuando se hace para la gloria de Dios y el bien del prójimo. […]
Tu trabajo no es fortuito. No es secular. Es profundamente sagrado cuando se lo ofrendas a Dios. El mundo necesita personas como tú: profundamente arraigadas en Cristo, que sean fieles y vivan con alegría dondequiera que Dios las haya puesto. Cuando sirves a los demás por el mero gozo de que Dios se valga de ti para hacerle bien a alguien, te unes con tus acciones a un coro global que canta la bondad de Dios.
Haz que tu lugar de trabajo se convierta en tu campo de misión. Que tus tareas cotidianas se vuelvan actos de adoración. Que tu entorno laboral, por tu integridad, humildad y esperanza, sea un espacio en el que resplandezca la bondad de Dios. Porque cuando lo haces, algo sucede: lo sagrado invade lo secular. Y entonces el reino de Dios penetra silenciosamente en el mundo: con cada tarea, con cada conversación, de persona en persona. Dan Miller[3]
Evangelización en el trabajo
Si una persona promedio dedica al menos ocho horas al trabajo cinco días a la semana, en el transcurso de un año son 2.080 horas que pasa en el entorno y la comunidad laboral. Aunque la cifra sea la mitad, sigue siendo mucho tiempo.
Hay una razón fundamental por la que todos deberíamos buscar formas de difundir nuestra fe dondequiera que Dios nos haya puesto, siempre y cuando lo hagamos correctamente: hemos sido llamados a hacerlo por el mismísimo Dios a quien reconocemos como Señor. No voy a citar todos los versículos que nos mandan dar testimonio del evangelio tanto de palabra como con hechos (p. ej., Hechos 22:14,15; Hechos 4:20; Mateo 28:19). Lo que sí diré es que la evangelización, de la manera adecuada y en el contexto apropiado, es de suma importancia si queremos ver crecer el reino de Dios y que más personas lleguen a conocer a Jesucristo y salvarse.
Sin embargo, en la iglesia muchos —demasiados—simplemente no saben ser buenos testigos del evangelio en el lugar de trabajo. No sabemos iniciar conversaciones sobre la fe, o no sabemos continuarlas de la manera adecuada cuando se nos entreabre la puerta. Las claves para hacer una evangelización eficaz en el ámbito laboral son, como mínimo, cinco:
Busca la excelencia en el trabajo. Colosenses 3:23 nos manda trabajar esforzadamente como para el Señor. Sea cual sea nuestro lugar de trabajo, ante todo trabajamos para una sola Persona. Y al trabajar de esa manera, sentamos las bases para dar testimonio a quienes nos rodean.
Sé íntegro. Ser íntegro es ser honesto y tener firmes principios y convicciones morales. Ser transparente. En el trabajo somos sal y luz; no tomamos atajos ni somos descuidados. De esa manera seguimos el ejemplo de Jesús, que nos mostró la clase de carácter que debemos tener si queremos dar un testimonio eficaz del evangelio.
Procura tener discernimiento. El Libro de los Proverbios es un excelente punto de partida para reflexionar sobre la importancia de la prudencia. […] Siempre debemos buscar primero la voz de Dios al tratar en el trabajo la cuestión de la fe. Debemos ser prudentes y saber cómo, cuándo, por qué y a quién dar testimonio del evangelio en el ámbito laboral. De lo contrario, no solo ponemos en peligro nuestro puesto de trabajo, sino que posiblemente también restamos atractivo a nuestro testimonio.
Escucha la voz de Dios. Debemos seguir las indicaciones divinas y dejar que el Espíritu Santo nos conduzca a las conversaciones que quiere que entablemos. Sin un fundamento de oración y sin la disciplina espiritual de escuchar a Dios y Su Palabra, no somos más que címbalos estridentes o gongs ruidosos.
¡Ponte en marcha! Cuando sentimos que Dios nos llama a iniciar una conversación más profunda, debemos hacerle caso, aunque a veces resulte difícil. Al entablar una relación —a veces de un momento a otro—, debemos estar dispuestos a dedicarle mucho tiempo si es preciso hasta llegar a ser un amigo y confidente. Ed Stetzer[4]
A los creyentes se nos pide que vivamos como discípulos en todos los ámbitos de nuestra vida, incluido el laboral. Tal como escribió Pablo a los colosenses: «Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor» (Colosenses 3:23,24).
Somos embajadores de Cristo y hemos sido llamados a transmitir Su mensaje y vivir de una manera que muestre el amor de Dios por cada persona con la que nos relacionamos en el trabajo o en cualquier parte. En cada faceta de nuestra vida hemos de ser «imitadores de Dios como hijos amados» (Efesios 5:1). Cada aspecto de nuestra vida debe estar consagrado al Señor. Todo lugar en que nos encontremos es un campo de misión lleno de personas que necesitan al Salvador o que necesitan entender más a fondo su fe y crecer en su discipulado. ¡Ojalá que nuestra vida sea una muestra de Su amor inquebrantable por cada persona que Él pone en nuestro camino!
Reflexiones
Si Dios viniera al mundo, ¿cómo sería? Para los antiguos griegos, podría haber sido un rey filósofo. Los antiguos romanos quizás habrían deseado un estadista justo y noble. Pero ¿cómo vino al mundo el Dios de los hebreos? Como carpintero. Phillip Jensen
Los cristianos deben tener presente […] el propósito de su trabajo en el mundo. […] Debemos entender el trabajo como una forma de servir a Dios y al prójimo, por lo cual debemos escoger y desempeñar nuestro trabajo pensando en ese propósito. La pregunta sobre nuestra elección de trabajo ya no es: «¿Qué me reportará más dinero y me dará más prestigio?» La pregunta ahora debe ser: «¿De qué manera, considerando mis habilidades y oportunidades actuales, puedo prestar un mayor servicio a otras personas, sabiendo lo que sé de la voluntad de Dios y de las necesidades humanas?» Timothy Keller
A menudo me preguntan cómo podemos dar testimonio en el trabajo o a nuestros familiares o compañeros de apartamento. En primer lugar, nuestros colegas deben ver que somos honestos, sinceros y confiables, que no participamos en chismes y que los animamos y elogiamos sus logros incluso en un entorno laboral muy competitivo. […] Si ven en nuestro comportamiento un deseo de prestar servicio desinteresadamente, con amabilidad y paciencia, se sentirán atraídos a considerar la posibilidad de aceptar a Cristo. Rebecca Sayers
Qué dice la Biblia
«Que el favor del Señor nuestro Dios esté sobre nosotros. Confirma en nosotros la obra de nuestras manos; sí, confirma la obra de nuestras manos» (Salmo 90:17).
«El Señor tu Dios bendecirá toda tu cosecha y todo el trabajo de tus manos. Y tu alegría será completa» (Deuteronomio 16:15).
«Ustedes mismos saben bien que estas manos se han ocupado de mis propias necesidades y de las de mis compañeros. Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir”» (Hechos 20:34,35).
Oración por el trabajo
Padre Celestial, gracias por el trabajo que me has dado, por la oportunidad de representarte ante todos aquellos con quienes trabajaré hoy. Haz que sea sensible a Tus indicaciones y que me sienta satisfecho con Tu provisión y tranquilo, sabiendo que estás conmigo en toda dificultad a la que me enfrente. […]
Crea en mí el deseo de realizar hoy cada tarea de todo corazón, como si la hiciera para Ti y no solo para mi jefe. Que no olvide que mi verdadera recompensa viene de Ti, ya que Tú eres en realidad quien me ha dado este trabajo.
Te ruego que animes y apoyes a mis compañeros. Acude a su encuentro cada vez que tengan una necesidad. Fortalece sus vínculos en el trabajo y en su casa. Dame paciencia y la gracia para manifestar respeto y aprecio a todas las personas con las que trabaje hoy. Sé Tú la luz de mi vida, el que guía mis pasos, mi ancla cada vez que cambia el viento. Te pido todo esto en el poderoso nombre de Jesús. Amén[5].
Traducción: Esteban.
[1] Timothy Keller, Toda buena obra: Conectando tu trabajo con el de Dios (B&H Español, 2018).
[2] Kenneth S. Latourette, A History of the Expansion of Christianity (Harper, 1944), 1:230
[3] Dan Miller, «Bringing the Sacred into the Secular: A Call to All Vocations», Forgodsfame.org, 19 de junio de 2025, https://www.forgodsfame.org/blog/2025/06/19/work-as-worship.
[4] Ed Stetzer, «Amplifying Evangelism—Doing Evangelism in the Workplace», Christianity Today, 29 de marzo de 2016.
[5] Scott Burnett, «Prayer for the Workplace», Outreach Canada, 19 de marzo de 2024, https://outreach.ca/Blog-Original/Blog-Detail/ArticleId/5392/Prayer-for-the-Workplace.
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