Darle sentido a la vida: Chat en una sala de espera

Enviado por María Fontaine

agosto 13, 2011

Me encontraba en una sala de espera, dictando una idea que se me había ocurrido para una oración escrita, cuando se sentó cerca de mí un joven y me buscó conversación. A lo mejor escuchó parte de lo que estaba grabando y se dio cuenta de que estaba interesada en cuestiones espirituales. Me sonrió y me saludo amablemente, mirándome directamente a los ojos. Se llamaba Nic.

Dudó por un instante, pero luego se lanzó de cabeza y me dijo: «Sabes una cosa, por lo general aprovecho el receso del almuerzo para estudiar mis apuntes sobre las Escrituras». Lo dijo con confianza, como dando por hecho que entendería a qué se refería.

Me dio gusto tener la oportunidad de dar un poco de ánimo a alguien que seguramente aprovecharía a su vez usaría de ese ánimo para ayudar a otros. Cuando la conversación progresó y pasó a contarme que había sido misionero en el extranjero durante un par de años, me dio aún más gusto contarle algo que pensé que fortalecería sus convicciones y su motivación. Me di cuenta de que probablemente se trataba de un Mormón, de modo que se lo pregunté, y me lo confirmó.

Le dije: «Me parece muy admirable. Admiro a los Mormones porque tienen convicción para ponerle pies a su fe y no se limitan a hablar, sino que pasan a la acción. La educación que reciben los Mormones y las cualidades que adquieren durante su estancia en la Iglesia de los Santos de los Últimos Días es muy evidente para los demás».

Escuchó con mucho respeto, deleitándose en el hecho de que apreciara su fe y sus esfuerzos sinceros por vivir conforme a sus creencias. Le conté que unos días atrás le había testificado a una joven india y que mi esposo y yo le habíamos dicho con mucho tacto que incluso siendo hinduista, podía adorar a Jesús. Luego agregué: «No sé exactamente de qué manera testificas tú, pero me encanta escuchar métodos interesantes que puedo probar o compartir con otros. Y también me gusta contarle a otras personas lo que a mí me ha dado resultado, con la esperanza de que les dé a los demás qué pensar».

Después de unas cuantas preguntas más y de un poco de intercambio, llegamos a la conclusión de que lo importante es tener una relación con Dios y con Su Hijo, más que centrarse en una serie determinada de reglas o en el hecho de pertenecer a determinado grupo. Al despedirnos, le di un folleto. Se lo veía sinceramente contento de que hubiésemos conversado, y quedamos en orar el uno por el otro.

Esta pequeña experiencia me recordó parte de nuestro testimonio del amor de Jesús incluye el aprecio y ánimo que manifestamos a otros que son fuertes en su fe en la Palabra de Dios y que hacen todo lo posible por transmitirla a los demás, aún si su forma de hacerlo no encaja exactamente con la nuestra. Jesús amaba a todo el mundo y estaba dispuesto a hacerse amigo de todos los que se mostraran abiertos a Su amor. Más allá de nuestras creencias particulares, o de nuestras doctrinas o métodos, podemos transmitir el espíritu acogedor de Jesús y encontrar cosas en común para así animar y manifestar aprecio por las labores que otros llevan a cabo por Él.


Fotografía de João Felipe Khury

Traducción: Quiti
Revisión: Cedro Robertson

 

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