Jesús, Su vida y mensaje: Milagros (4ª parte)

Enviado por Peter Amsterdam

marzo 14, 2017

Milagros sabáticos (1ª parte)

[Jesus—His Life and Message: Miracles (Part 4). Sabbath Miracles (Part 1)]

Los Evangelios hablan de varias curaciones que hizo Jesús en sábado y de la oposición que eso suscitó. Sanar en un sábado era polémico porque a algunos les parecía que equivalía a trabajar en un día de reposo, lo cual estaba prohibido por la ley mosaica.

En el relato de la creación del Génesis se explica el origen del sábado:

El séptimo día concluyó Dios la obra que hizo, y reposó el séptimo día de todo cuanto había hecho. Entonces bendijo Dios el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación[1].

Tras liberar a los hebreos de la esclavitud en Egipto, Dios les dio Su ley, que incluía los Diez Mandamientos. El cuarto mandamiento era santificar el sábado absteniéndose de trabajar en él.

Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para el Señor, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, el Señor bendijo el sábado y lo santificó[2].

El séptimo día (que los judíos de todo el mundo siguen observando hoy en día) comienza al anochecer del viernes y termina a la misma hora el sábado. En la ley mosaica, transgredir la norma sobre el sábado era un delito capital, es decir, se castigaba con la muerte.

Guardaréis el sábado, porque santo es para vosotros; el que lo profane, de cierto morirá. Cualquier persona que haga alguna obra en él, será eliminada de su pueblo[3].

La palabra sábado viene del término hebreo shabbat, derivado de shebet, que significa «cesar, desistir, descansar». A lo largo del Antiguo Testamento y en tiempos de Jesús (y para los judíos observantes de hoy en día), en ese día no se hacía ningún trabajo habitual. El sábado semanal se consideraba un regalo para el pueblo de Dios. Cuando eran esclavos en Egipto, no tenían ocasión de descansar de su duro trabajo, así que disponer de un día semanal de reposo fue una tremenda bendición. El día de reposo se aplicaba a todos, incluidos los esclavos y los animales de trabajo[4]. Era un día que se consagraba al Señor:

El día séptimo os será santo, día de descanso para el Señor[5].

La observancia del sábado era una señal de la relación especial que tenía Israel con Dios en virtud de la alianza:

En verdad vosotros guardaréis Mis sábados, porque es una señal entre Mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que Yo soy el Señor que os santifico[6].

Constituía un recordatorio de que Dios los había librado poderosamente de la esclavitud.

Acuérdate de que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que el Señor, tu Dios, te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido, por lo cual el Señor, tu Dios, te ha mandado que guardes el sábado[7].

Tras el regreso de la cautividad en Babilonia y hasta el año 70 d. C. (época conocida como el período del segundo templo, 515 a. C.–70 d. C.), los expertos en la Ley, como los escribas, empezaron a interpretar mucho las Escrituras. Su intención era enunciar los deberes del pueblo de Dios definiendo las condiciones y límites de los mandamientos divinos. En lo relativo al sábado, quisieron que la gente supiera con precisión qué actividades se consideraban trabajo y por consiguiente debían evitarse en el día de reposo. Algunas cosas estaban claras en las Escrituras, como: «No encenderéis fuego en ninguna de vuestras casas en sábado»[8]. Pero un mandamiento como: «Guardaos […] de llevar carga en sábado»[9] requería una definición legal y precisa de lo que constituía una carga. Algo similar ocurría con el mandamiento de quedarse uno en su lugar:

Quédese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día[10].

Si apartas tu pie por respeto al sábado…[11]

Era necesario fijar los límites de un desplazamiento legítimo; de ahí que se definiera el término «camino de un sábado», que se menciona en la Biblia en Hechos 1:12. Hacían falta pautas adicionales para cuando las reglas del sábado estaban en conflicto con otros mandamientos. Así, uno podía hacer caso omiso del principio de no trabajar cuando la vida de una persona corría peligro. Los sacerdotes podían prestar servicio en el Templo en sábado, y también se podía circuncidar a los niños varones.

En el período intertestamentario —entre los últimos escritos del Antiguo Testamento y la redacción del Nuevo Testamento— hubo textos judíos que detallaban las restricciones sabáticas, las actividades que no se podían realizar en sábado. Por ejemplo, arar, encender un fuego, montarse en un animal, ir en barco, matar cualquier ser vivo, caminar más de 1.000 codos, beber fuera del campamento, meter agua en cualquier vasija, perfumarse, abrir una vasija sellada, ayudar a un animal a parir o a salir de un hoyo, o hacer la guerra. La prohibición de hacer la guerra terminó cambiándose, ya que algunas batallas se perdieron porque los soldados judíos no podían luchar en sábado. Con el tiempo se volvió lícito que los soldados se defendieran en sábado, y posteriormente eso se cambió para que los judíos pudieran también atacar a sus enemigos en el día santo[12].

Con ese contexto ya podemos pasar a los relatos en que Jesús curó en sábado a personas necesitadas, y ver la reacción de los escribas ante lo que ellos consideraron que eran actos ilícitos por parte de Jesús[13].

Lucas cuenta que Jesús curó en sábado a un hombre que tenía una mano paralizada. El mismo relato aparece, con ligeras variaciones, en Mateo y en Marcos. La versión de Lucas dice:

Aconteció también en otro sábado que Él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Y lo acechaban los escribas y los fariseos para ver si en sábado lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarlo. Pero Él, que conocía sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte en medio». Él, levantándose, se quedó en pie. Entonces Jesús les dijo: «Os preguntaré una cosa: En sábado, ¿es lícito hacer bien o hacer mal?, ¿salvar la vida o quitarla?» Y, mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: «Extiende tu mano». Él lo hizo y su mano fue restaurada. Ellos se llenaron de furor y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús[14].

En sábado se permitía curar o ejercer la medicina si la vida de una persona corría peligro, si estaba naciendo un niño o si era necesario realizar una circuncisión. Sin embargo, los enfermos o incapacitados cuya vida no estuviera en peligro debían esperar al día siguiente para recibir tratamiento. Como el hombre con la mano paralizada no corría peligro, y por consiguiente no se trataba de una urgencia, los escribas y fariseos se quedaron mirando para ver si Jesús lo sanaba en sábado, lo cual sería una contravención de la manera de interpretar la Ley que ellos tenían. Es interesante observar que el hombre no le pidió a Jesús que lo sanara, sino que fue Jesús quien inició la curación, gesto que indudablemente había de suscitar polémica.

Está claro que los que se oponían a Jesús buscaban algo que echarle en cara. La palabra griega usada en este pasaje para decir «acechaban» (paratēreō) significa espiar, mirar con el rabillo del ojo, observar con malicia o malevolencia. El texto sugiere que los escribas y fariseos estaban a la espera de que Jesús hiciera algo mal para acusarlo. Según su punto de vista, si Jesús curaba al hombre estaría violando el sábado. Dice que Jesús sabía lo que pensaban, habilidad mencionada también en otros pasajes de los Evangelios[15].

Jesús «dijo al hombre que tenía la mano seca: “Levántate y ponte en medio”». Dado que Jesús estaba enseñando, es de suponer que estuviera en un lugar de la sinagoga donde todos lo podían ver, y desde el cual Él podía ver al hombre de la mano paralizada. «Jesús les dijo —a los escribas—: “Os preguntaré una cosa: En sábado, ¿es lícito hacer bien o hacer mal?, ¿salvar la vida o quitarla?”»

Los escribas y fariseos no habrían tenido ningún inconveniente en que sanara a alguien para salvarle la vida, ya que eso se habría ajustado a su interpretación de la Biblia. Pero Jesús interpretaba la Ley de otra manera. Entendía que la intención de Dios al instituir el día de reposo era dar a las personas un día para descansar, permitirles reposar y revitalizarse, pensar en Dios y sentir gratitud hacia Él. Su visión del sábado reflejaba lo que estaba escrito en el libro de Isaías:

Dejad de hacer lo malo, aprended a hacer el bien, buscad el derecho, socorred al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda[16].

El ayuno que Yo escogí, ¿no es más bien desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, dejar ir libres a los quebrantados y romper todo yugo? ¿No es que compartas tu pan con el hambriento, que a los pobres errantes albergues en casa, que cuando veas al desnudo lo cubras y que no te escondas de tu hermano?[17]

Jesús entendía que el día de reposo no se había instituido con el ánimo de impedirle a nadie hacer el bien. Dejó claro que en presencia de ellos había alguien que necesitaba curación. ¿Qué sentido tenía esperar pudiendo hacer el bien en ese momento?

Tras preguntar si era lícito hacer el bien en sábado, Jesús demostró que Su concepto del día de reposo era el correcto al decirle al hombre: «“Extiende tu mano”. Él lo hizo y su mano fue restaurada». La curación del hombre puso de manifiesto que Dios aprobaba que se hiciera el bien en sábado; de lo contrario, esta no se habría producido. Vale la pena destacar que Jesús realizó este milagro sin hacer ningún trabajo. Simplemente le mandó al hombre que extendiera la mano. «Él lo hizo y su mano fue restaurada». Dios, por medio de Jesús, manifestó Su compasión y poder, al tiempo que puso de relieve la autoridad de Jesús como representante Suyo.

Al presenciar esa curación, los escribas y fariseos «se llenaron de furor y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús». El Evangelio de Mateo lo expresa de la siguiente manera:

Salieron entonces los fariseos y se confabularon contra Jesús para destruirlo[18].

Marcos escribe:

Salieron entonces los fariseos y se confabularon con los herodianos[19] para destruirlo[20].

Las curaciones que hizo Jesús en sábado enfurecieron a los escribas y fariseos porque pusieron en tela de juicio su concepto e interpretación de las Escrituras. La palabra traducida como «furor» en Lucas se vierte como «rabia» o «ira» en otras versiones. Esa profunda rabia los llevó a conspirar contra Jesús y tratar de acabar con Él.

El pasaje sobre la curación del hombre de la mano paralizada no es el único en que se menciona un milagro de curación que realizó Jesús en sábado y el enfrentamiento a que dio lugar. En los siguientes artículos estudiaremos otros milagros sabáticos. Hay asimismo pasajes de los Evangelios en que los adversarios de Jesús cuestionaron otras actividades Suyas, aparte de curaciones, que realizó en sábado. Esos también los veremos.

Al poner en tela de juicio la interpretación tradicional de lo que estaba permitido hacer en el día de reposo y realizar un milagro que demostraba que Su interpretación era la correcta, Jesús rebatió la interpretación de la Ley que hacían los escribas y las muchas reglas y normas que habían surgido como consecuencia de su concepto de cuál era la conducta propia de un sábado. Para Jesús, hacer el bien, ayudar a los necesitados y sanar enfermedades era la esencia del día de reposo; era una de las maneras en que Dios daba descanso a Su pueblo. Al curar la mano del hombre, Jesús hizo el bien y trajo restauración; para Él, era lícito hacer eso en sábado. Él interpretó correctamente el sentido del día de reposo manifestando misericordia y compasión.


Nota

A menos que se indique otra cosa, todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


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[1] Génesis 2:2,3.

[2] Éxodo 20:8–11.

[3] Éxodo 31:14.

[4] E. E. Carpenter y P. W. Comfort, Glosario Holman de términos bíblicos (Nashville, EE. UU.: Broadman & Holman Publishers, 2003), 60.

[5] Éxodo 35:2.

[6] Éxodo 31:13.

[7] Deuteronomio 5:15.

[8] Éxodo 35:3.

[9] Jeremías 17:21.

[10] Éxodo 16:29.

[11] Isaías 58;13 (RVA-2015).

[12] B. C. Babcock, en J. D. Barry, D. Bomar, D. R. Brown, R. Klippenstein, D. Mangum, C. Sinclair Wolcott, […] W. Widder (eds.), Diccionario Bíblico Lexham (Lexham Press).

[13] En los siguientes párrafos hay numerosos extractos, adaptados y condensados, del libro Luke 1:1–9:50 de Darrel L. Bock, pp. 527–531.

[14] Lucas 6:6–11.

[15] Lucas 5:22; 9:47,48; Marcos 2:8.

[16] Isaías 1:16,17.

[17] Isaías 58:6,7.

[18] Mateo 12:14.

[19] El escritor Robert Stein explica: «La identidad exacta de los herodianos es incierta. Muy probablemente no eran una secta religiosa, sino un partido político constituido por familias aristocráticas que preferían que reinaran Herodes el Grande y sus descendientes a que Roma ejerciera dominio directo sobre Israel. El hecho de que se mencione a los herodianos junto con los fariseos convierte a ambos grupos en representativos de los líderes políticos y religiosos que conspiraron contra Jesús» (Mark, 156).

[20] Marcos 3:6.

 

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