Jesús, Su vida y mensaje: Curaciones a distancia (1ª parte)

Enviado por Peter Amsterdam

noviembre 28, 2017

[Jesus—His Life and Message: Healing from a Distance (Part 1)]

En los evangelios, Jesús cura en tres ocasiones a personas que no se hallaban físicamente en Su presencia. En dos de esos casos, la persona sanada era un extranjero no judío; en el tercero, es posible que tampoco fuera judía. La primera de esas curaciones a distancia se narra tanto en el libro de Mateo como en el de Lucas. Nos centraremos en la versión de Lucas, que contiene más detalles, aunque incluiremos también algunos puntos de Mateo. El relato comienza así:

Cuando terminó de hablar al pueblo, Jesús entró en Capernaúm. Había allí un centurión, cuyo siervo, a quien él estimaba mucho, estaba enfermo, a punto de morir. Como oyó hablar de Jesús, el centurión mandó a unos dirigentes de los judíos a pedirle que fuera a sanar a su siervo. Cuando llegaron ante Jesús, le rogaron con insistencia: «Este hombre merece que le concedas lo que te pide: aprecia tanto a nuestra nación que nos ha construido una sinagoga»[1].

El centurión comandaba de 80 a 100 soldados del ejército romano, y era gentil. Aunque es probable que los centuriones fueran tenidos por símbolos de la ocupación romana y la opresión judía, este en particular era muy respetado por los habitantes de Capernaúm. Tenía en gran estima a Israel y había sufragado generosamente la construcción de la sinagoga de la ciudad. Es posible que, por ser gentil, no se atreviera a abordar a Jesús y pedirle ayuda, así que envió como emisarios a destacados líderes sociales judíos.

Los dirigentes judíos le imploraron a Jesús que ayudara al centurión, declarando que era digno de ello por su amor a Israel y por la asistencia económica que había prestado. Su deseo de ayudarlo también pone de manifiesto la relación patrón-cliente, frecuente en la época romana. Como patrón, el centurión había ayudado a la ciudad, lo cual en cierto sentido ponía a los ancianos judíos en deuda con él. Por consiguiente, suplicarle a Jesús que lo ayudara era la función que les correspondía como clientes en esa relación.

Es posible que el siervo enfermo fuera un esclavo, ya que el término griego doulos puede significar tanto lo uno como lo otro. Mateo, en su relato, utiliza el vocablo griego pais, que puede traducirse como «criado» o «hijo». Dice que el centurión «estimaba mucho» a su sirviente/esclavo. Puede entenderse que el esclavo tenía un elevado valor monetario, o que el criado era considerado un miembro de la familia del centurión. En tiempos de Jesús y hasta el año 193 d. C., la ley no permitía a los soldados romanos casarse o fundar una familia durante sus dos decenios de servicio militar[2]. De todos modos, muchos tenían casa y familia, por lo que es posible que el centurión considerara al siervo como un miembro más de su familia[3]. En el Evangelio de Mateo dice que el sirviente estaba «postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado»[4], mientras que Lucas da menos detalles y se limita a decir que «estaba enfermo, a punto de morir».

Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a Él unos amigos, diciéndole: «Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo»[5].

El hecho de que Jesús accediera de inmediato a ir a la casa del centurión fue, probablemente, inesperado, ya que un judío no debía entrar en la casa de un gentil. En el libro de los Hechos, el apóstol Pedro dice a un grupo de gentiles: «Vosotros sabéis cuán abominable es para un judío juntarse o acercarse a un extranjero»[6]. Pero Jesús se dirigió enseguida con los ancianos de la ciudad hacia la casa del centurión. Al aceptar la invitación de ir a la casa de un gentil, Jesús puso de manifiesto que Su amor y compasión no estaban limitados ni por la raza ni por la religión.

Algunos de los emisarios judíos debían de haberse adelantado, ya que el centurión estaba enterado de que Jesús se acercaba y envió a otras personas a explicarle que se sentía indigno de que entrara en su casa. Se sobreentiende que los amigos repitieron las palabras exactas que había dicho el centurión. Llamó a Jesús «Señor», que en este caso era un término de respeto para dirigirse a personas importantes, y expresó un concepto de sí mismo muy distinto del transmitido por los ancianos judíos. Para ellos era una persona digna de recibir ayuda de Jesús; él, en cambio, envió recado a Jesús diciéndole que no se molestara en ir a su casa porque no era digno de ello. Sin duda sabía que Jesús, si entraba en su casa, se contaminaría y sería ritualmente impuro hasta el anochecer. Refiriéndose a la posibilidad de que Jesús entrara en la casa del centurión, cierto autor escribe: «Que un maestro judío bajo la lupa de la opinión pública hiciera eso habría sido un quebrantamiento de un tabú aún más provocador que el hecho también polémico de que Jesús alternara con recaudadores de impuestos y pecadores»[7].

El centurión no solo se sintió indigno de que Jesús entrara en su casa, sino también de salir a Su encuentro, como revelan las siguientes palabras de sus amigos en su nombre: «Por lo que ni aun me tuve por digno de ir a Ti»[8].

Su mensaje continúa:

Pero di la palabra y mi siervo será sanado, pues también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este: «Ve», y va; y al otro: «Ven», y viene; y a mi siervo: «Haz esto», y lo hace[9].

Como comandante militar sabía lo que era estar bajo autoridad y tener autoridad sobre otros. Sabía que podía dar órdenes a sus subordinados y que estos las ejecutarían, y entendía que Jesús, análogamente, tenía autoridad sobre las fuerzas que causaban la enfermedad de su esclavo. Por consiguiente tenía la plena confianza de que Jesús podía dar simplemente la orden de que se curara y Su orden sería ejecutada, incluso a distancia, sin estar presente.

Darrell Bock comenta: «El centurión entiende y expresa un concepto bien profundo: que Jesús, aun estando físicamente ausente, puede manifestar eficazmente Su presencia. Esa enseñanza es fundamental para los lectores de Lucas, que ya no cuentan con la presencia física y visible de Jesús»[10].

Al oír esto, Jesús se maravilló de él y, volviéndose, dijo a la gente que lo seguía: «Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe»[11].

En varios pasajes de los evangelios dice que la gente se maravillaba de lo que Jesús decía o hacía[12]; pero solo en este y en otro[13] consta que Jesús se maravillara de los actos de alguna persona. A Jesús le asombró que el hombre declarara de esa manera su confianza en Su autoridad sobrenatural[14]. Lucas en su descripción dice que Jesús, antes de dirigirse a la gente, «se volvió». Se trata de un recurso estilístico que emplea a lo largo de su evangelio para enfatizar ciertas frases de Jesús[15].

Jesús elogió públicamente la fe del centurión y declaró que ni siquiera entre los judíos había visto tanta fe. En el Evangelio de Mateo dice: «No he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe»[16]. Es una declaración impresionante, considerando que está elogiando la fe de una persona no judía. Además, en el Evangelio de Mateo se incluyen unas palabras adicionales de Jesús al final de este relato que aclaran que todos los que creen, sean gentiles o judíos, son hijos de Abraham. En contra de la creencia judía de la época en el sentido de que todos los judíos, por ser del linaje de Abraham, asistirían al banquete mesiánico en presencia de Dios, Jesús dijo que muchos de fuera de Israel también asistirían, y que algunos judíos serían expulsados.

Os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes[17].

El comentario de Jesús acerca de la fe del centurión gentil anunciaba lo que ocurriría pocos decenios después, cuando los gentiles, personas del este y del oeste, abrazarían el mensaje de los discípulos de Jesús y se volverían hijos de Dios. Ya no se les negaría a los gentiles el acceso al reino a causa de su ascendencia, ni serían aceptados todos los judíos por causa de la suya.

El Evangelio de Lucas termina este encuentro con las siguientes palabras:

Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo[18].

A diferencia de otras descripciones de curaciones que hay en los evangelios y que se centran en el poder de Jesús, en este caso el énfasis está en la fe del centurión, por lo que no hay registro de ninguna orden verbal de Jesús para que el criado se curara. Aunque el relato no deja de poner de relieve la autoridad de Jesús y Su capacidad de curar a distancia, se hace hincapié en la fe del centurión gentil.

En este relato de los evangelios se nos presenta a un gentil que muestra tener fe en Jesús y obtiene la curación que busca para su criado. Queda de manifiesto que el amor de Jesús y Sus cuidados no se limitan al pueblo de Israel. Se observa asimismo que la autoridad y el poder de Jesús actúan a distancia sobre las enfermedades[19]. Eso puede inspirarnos fe en que, a pesar de que Él no está presente físicamente entre nosotros, sigue respondiendo nuestras oraciones y puede hacer milagros hoy en día. La fe del centurión y su confianza en el poder y la autoridad de Jesús deberían ser un ejemplo para nosotros cuando presentamos nuestras peticiones al Señor en oración. Él acudió a Jesús con fe, con confianza, sabiendo que era capaz de hacer lo humanamente imposible. También nosotros debemos acudir a Él en oración, sabiendo que puede y quiere responder nuestras oraciones con arreglo a Su perfecta voluntad.


Nota

A menos que se indique otra cosa, todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


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[1] Lucas 7:1–5 (NVI).

[2] Si bien la ley prohibía casarse a los soldados romanos, muchos tenían esposa —técnicamente considerada una concubina—, con la que se casaban oficialmente cuando los daban de baja del ejército. De esa manera, además, los hijos que hubieran tenido podían convertirse en ciudadanos romanos.

[3] Keener, The Gospel of Matthew, 226.

[4] Mateo 8:6.

[5] Lucas 7:6.

[6] Hechos 10:28.

[7] France, The Gospel of Matthew, 313.

[8] Lucas 7:7.

[9] Lucas 7:7,8.

[10] Bock, Luke Volume 1: 1:1–9:50, 641.

[11] Lucas 7:9.

[12] Mateo 9:33, 21:20, 22:22; Marcos 5:20; Lucas 2:33, 4:22, 8:25, 11:14; Juan 4:27, 7:15.

[13] «Estaba asombrado de la incredulidad de ellos» (Marcos 6:6).

[14] France, The Gospel of Matthew, 314.

[15] Por ejemplo: «Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: “Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis”» (Lucas 10:23). También en Lucas 7:44, 9:55, 14:25, 23:28.

[16] Mateo 8:10 (NVI).

[17] Mateo 8:11,12.

[18] Lucas 7:10.

[19] Bock, Luke Volume 1: 1:1–9:50, 644.

 

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