Jesús, Su vida y mensaje: Curaciones a distancia (3ª parte)

Enviado por Peter Amsterdam

diciembre 12, 2017

[Jesus—His Life and Message: Healing from a Distance (Part 3)]

En el Evangelio de Juan está registrada la tercera y última curación que realizó Jesús a distancia. Dice que se encontraba en Jerusalén para la fiesta de la Pascua, y que mucha gente creyó en Él por los milagros que hacía[1]. Debido a Su creciente popularidad, que se traducía en muchedumbres cada vez mayores, dejó Judea y se fue en dirección norte hacia Galilea. Optó por pasar por la región de Samaria, que los judíos solían evitar por aversión cultural, racial y religiosa. Con frecuencia estaban dispuestos a recorrer 40 kilómetros más con tal de bordear Samaria en vez de atravesarla. En Samaria, Jesús tuvo un encuentro con una samaritana junto a un pozo[2] y se quedó dos días hablando con la gente de su ciudad, Sicar, donde muchos creyeron en Él. Seguidamente se fue a Galilea.

Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron, pues habían visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta, porque también ellos habían ido a la fiesta. Fue, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había en Capernaúm un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. Cuando oyó aquel que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a Él y le rogó que descendiera y sanara a su hijo, que estaba a punto de morir[3].

El término griego basilikos, vertido como «oficial del rey», aparece traducido como «funcionario real», «oficial de la corte» o «funcionario de gobierno» en otras versiones de la Biblia. Eso indica que el hombre estaba al servicio de Herodes Antipas, que es llamado rey en un pasaje de los evangelios[4], pero más propiamente era un tetrarca[5] que gobernó Galilea y Perea[6]. Es probable que este funcionario fuera judío, a diferencia de los gentiles de las otras dos curaciones a distancia. Él estaba en Capernaúm, mientras que en ese momento Jesús se encontraba en Caná, a unos 26 kilómetros. Viajó, pues, a Caná, que estaba a mayor altitud; por eso dice que le pidió a Jesús que «descendiera y sanara a su hijo».

El hijo se hallaba en una situación crítica, por lo que el padre le imploró a Jesús que fuera a Capernaúm y lo curara. La versión RVR 95 dice que le «rogó» a Jesús que fuera; otras versiones de la Biblia utilizan una palabra más fuerte como «suplicó». El verbo griego utilizado en este pasaje da a entender una petición insistente, un ruego repetido, lo cual denota la desesperación del padre por salvar la vida de su hijo.

Entonces Jesús le dijo: «Si no veis señales y prodigios, no creeréis»[7].

La respuesta que recibió este padre desesperado parece un tanto áspera; pero como está en segunda persona del plural, se entiende que Jesús se dirigía a todos los presentes. En otro pasaje de este mismo evangelio hay una frase similar sobre la falta de fe, cuando Tomás, uno de los doce discípulos, dijo no estar dispuesto a creer que Jesús había resucitado:

Si no veo en Sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en Su costado, no creeré[8].

Aunque en el Evangelio de Juan se utiliza la expresión «si no veo» para indicar falta de fe, la frase «venid y ved» se emplea, en cambio, como una invitación a creer. Jesús dijo a dos discípulos de Juan que fueran y vieran donde Él se hospedaba, tras lo cual se convirtieron en seguidores Suyos[9]. Cuando Jesús invitó a Felipe a seguirlo, este encontró a Natanael y le dijo que fuera a ver a Jesús[10]. La samaritana con la que Jesús habló junto a un pozo dijo a los demás:

Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?[11]

Jesús entendía que muchos, como este oficial del rey, acudían a Él mayormente porque habían oído hablar de los milagros de sanación que realizaba; por consiguiente, Él tomaba la decisión de acudir a Él de esas personas como una señal de su fe. La respuesta de este funcionario denota tanto su desesperación como su fe:

Señor, desciende antes que mi hijo muera[12].

A diferencia del centurión[13], que dijo que para que Jesús curara a su criado no hacía falta que entrara en su casa, este funcionario le pidió que fuera a su casa. Parecía pensar que Jesús tenía que estar en presencia de una persona enferma para sanarla. Estaba desesperado por que Jesús lo acompañara enseguida, sabiendo que tomaría tiempo desplazarse de Caná a Capernaúm y que su hijo se hallaba en el umbral de la muerte.

En vez de acompañarlo, Jesús sencillamente le dijo: «Vete a casa, tu hijo vivirá»[14]. Varias versiones de la Biblia utilizan el presente en la traducción y dicen: «Vete, tu hijo vive»[15]. La diferencia radica en que el presente indica más claramente que la curación se produjo nada más pronunciar Jesús esas palabras (ya veremos que en efecto así fue). Con el futuro puede entenderse que la curación tendrá lugar más adelante.

El hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue[16].

Si bien el funcionario en un principio parecía pensar que Jesús tenía que estar presente para sanar al niño, en este punto da la impresión de tener la clase de fe que manifestó el centurión cuando dijo: «Solamente di la palabra y mi criado sanará»[17]. La fe de este hombre fue en aumento. Pasó de suponer que Jesús tenía que estar presente para que su hijo se curara a confiar plenamente en Sus palabras, tanto que se marchó a casa seguro de que su hijo se iba a recuperar.

Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirlo, y le informaron diciendo: «Tu hijo vive». Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a mejorar. Le dijeron: «Ayer, a la hora séptima, se le pasó la fiebre»[18].

Tal como en la curación del criado del centurión, el funcionario todavía no había llegado a su casa cuando sus sirvientes salieron a darle la buena noticia.

El padre estaba interesado en conocer la hora en que se había curado el muchacho, ya que él había creído las palabras de Jesús al pie de la letra. En vez de tomarlas como una declaración general de que el chico en algún momento se recuperaría, había creído que en el momento en que Jesús anunció la curación, su hijo se había curado. De ahí que quisiera confirmar lo que él había entendido y creído. Las otras dos curaciones a distancia se produjeron la una «en aquella misma hora»[19] y la otra «desde aquella hora»[20]. En este caso fue «a la hora séptima», que equivalía a la una de la tarde según nuestra manera actual de medir el tiempo. Craig Keener explica: «Teniendo en cuenta la caminata de 25 kilómetros y que la orden de curación se dio a la séptima hora (1 de la tarde), no debe sorprendernos que los criados del funcionario salieran a su encuentro al día siguiente de la curación. Salvo cuando hacía largas marchas, la gente no solía recorrer más de 30 kilómetros en un día, partiendo temprano por la mañana. Indudablemente el padre hizo una parada en algún pueblo antes del anochecer y por la mañana reanudó la marcha por el mismo camino»[21].

El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su casa[22].

El tiempo del verbo griego traducido como «entendió» comunica la idea de que el hombre, en ese momento, se dio cuenta de que era la misma hora en la que Jesús le había dicho que su hijo se curaría. A raíz de la fe del funcionario, toda su casa creyó en Jesús. El libro de los Hechos también habla de varias familias que comenzaron a creer a consecuencia de la fe del cabeza de familia[23].

A lo largo de este pasaje se observa una progresión en la fe del funcionario real. Primero acudió a Jesús buscando un milagro porque su hijo se hallaba en una situación desesperada, de muerte inminente. Como era de Capernaúm, probablemente había oído hablar de que Jesús había curado a otros, y él necesitaba un milagro así para salvar a su hijo. Al llegar donde Jesús y escucharlo anunciar que su hijo sanaría, es evidente que creyó lo que Él le dijo. Cuando se encontró con sus criados y se enteró de que su hijo se había curado en la hora en que Jesús anunció su curación, dice que «creyó él con toda su casa».Es posible que no tuviera plena fe cuando salió de casa buscando ayuda para su hijo, pero su fe fue creciendo paso a paso. Así suele desarrollarse la fe en las personas.

Nuestra fe probablemente ha seguido, hasta cierto punto, una evolución similar. Cuando emprendimos la senda del cristianismo, es posible que tuviéramos más esperanza que fe en que nuestras oraciones serían oídas. Con el tiempo, nuestra fe fue en aumento, nuestra confianza en Dios y en Su Palabra siguió desarrollándose y nuestra relación con Él se volvió más profunda. Al experimentar Su bondad y Su gracia aprendimos a confiar más plenamente en Su amor, Sus cuidados y Su protección, con lo que nuestra relación con Él creció y floreció. Como escribió cierto autor: «La fe es algo vivo que crece y se desarrolla»[24].

Esta y las otras curaciones a distancia reflejan en cierto modo la experiencia que tiene cada uno de nosotros de la presencia del Señor y Sus respuestas a nuestras oraciones. Si bien los representantes del centurión, la mujer sirofenicia y el funcionario real estaban en presencia de Jesús cuando le pidieron que sanara a otra persona, los que se curaron no. Para que se manifestara el poder sanador del Señor no fue precisa Su presencia física junto a las personas a las que milagrosamente curó. Aunque no contamos con la presencia física del Señor, Él siempre está en presencia nuestra mediante Su Espíritu. Por consiguiente, cuando le presentamos peticiones en oración, está con nosotros tanto como lo estuvo con esos tres. Asimismo, nuestras oraciones pueden obtener respuesta aunque las personas por las que oremos estén físicamente lejos de nosotros, e incluso espiritualmente, teniendo en cuenta que los que se curaron en estos pasajes no eran creyentes.

Dios es nuestro Padre todopoderoso. Como hemos venido a ser hijos Suyos mediante la fe en Jesús, Él tiene presencia relacional en nuestra vida. Estamos facultados para presentarle nuestras oraciones con la seguridad de que Él nos oye y responde. Aunque la respuesta no siempre llegue enseguida o no sea exactamente lo que queríamos o esperábamos, tenemos el increíble privilegio de saber que nuestro Padre, con gran amor y sabiduría, nos escucha, reacciona y nos contesta de la manera que sabe que va a ser beneficiosa para nosotros y para aquellos por los que oramos.


Nota

A menos que se indique otra cosa, todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


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[1] Juan 2:23.

[2] Juan 4:4–42.

[3] Juan 4:45–47.

[4] Marcos 6:14.

[5] Un tetrarca era un gobernador de la cuarta parte de una provincia extensa. A la muerte de Herodes el Grande, padre de Herodes Antipas, se repartió su reino entre sus hijos. Herodes Antipas gobernó el tetrarcado de Galilea y Perea, que representaba una cuarta parte del reino de Herodes el Grande.

[6] Lucas 3:1,19; 9:7; Mateo 14:1.

[7] Juan 4:48.

[8] Juan 20:25.

[9] Juan 1:38,39.

[10] Juan 1:46.

[11] Juan 4:29.

[12] Juan 4:49.

[13] V. Curaciones a distancia (1ª parte).

[14] Juan 4:50 (PDT).

[15] RVR 95, NVI, NBLH, DHH.

[16] Juan 4:50.

[17] Mateo 8:8.

[18] Juan 4:51,52.

[19] Mateo 8:13.

[20] Mateo 15:28.

[21] Keener, The Gospel of John, 632–633.

[22] Juan 4:53.

[23] Hechos 11:14, 16:15, 16:31–33.

[24] Milne, The Message of John, 92.

 

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