La deidad de Jesús (4ª parte)

Enviado por Peter Amsterdam

junio 19, 2018

[The Deity of Jesus (Part 4)]

Buena parte del Nuevo Testamento se enfoca en la vida, la muerte expiatoria y la resurrección de Jesús, amén de la huella que dejó en la humanidad por ser su Salvador. Su encarnación y sacrificio son la vía por la cual podemos acceder a una relación eterna con Dios. La Escritura también nos revela que antes que Dios Hijo se encarnara estuvo activo en la creación de los cielos y la Tierra. Además nos informa que Jesús será el juez durante el fin del mundo, cuando todas las gentes comparezcan ante el tribunal de Dios.

Creador

En las palabras iniciales de la revelación que Dios hace a la humanidad, nos dice que Él creó los cielos y la tierra, y enseguida nos manifiesta que creó todo lo que en ellos hay[1]. Por eso justamente se le llama Dios, el Señor.

¿No lo has sabido? ¿No has oído que el SEÑOR es el Dios eterno que creó los confines de la tierra?[2]

Sólo Tú eres el Señor. Tú hiciste los cielos, los cielos de los cielos con todo su ejército, la tierra y todo lo que en ella hay, los mares y todo lo que en ellos hay[3].

Yo hice la tierra y creé sobre ella al ser humano. Yo, Mis manos, desplegaron los cielos y pongo en orden todo su ejército[4].

¿Con quién, entonces, me compararán ustedes? ¿Quién es igual a Mí?», dice el Santo. Alcen los ojos y miren a los cielos: ¿Quién ha creado todo esto? El que ordena la multitud de estrellas una por una, y llama a cada una por su nombre. Es tan grande Su poder[5].

Así dice el Señor, tu Redentor, el que te formó desde el seno materno: Yo, el Señor, creador de todo, que extiendo los cielos Yo solo y afirmo la tierra sin ayuda[6].

Vengan, postrémonos reverentes, doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor[7].

El Nuevo Testamento también se refiere a Dios en calidad de creador del mundo.

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas[8].

Ellos, al oírlo, alzaron unánimes la voz a Dios y dijeron: «Soberano Señor, Tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay[9].

Señor, digno eres de recibir la gloria, la honra y el poder, porque Tú creaste todas las cosas, y por Tu voluntad existen y fueron creadas[10].

El Nuevo Testamento también enseña que Jesús tomó parte en la creación del mundo. En el Evangelio de Juan leemos:

Todas las cosas por medio de Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho[11].

En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de Él; pero el mundo no lo conoció[12].

En el texto de las Epístolas también leemos que Jesús participó en la obra de la creación.

Para nosotros, solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para quien nosotros existimos; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual han sido creadas todas las cosas y por quien nosotros también existimos[13].

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo y por quien asimismo hizo el universo[14].

En Él [Jesús] fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él[15].

La Escritura nos enseña que Dios fue el creador de todas las cosas y que Jesús también creó todas las cosas. Una vez más esto demuestra que Jesús, al igual que el Padre, también es Dios.

Juez

La Biblia divulga que cada uno de nosotros deberá rendir cuenta de sus acciones a Dios.

De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí[16].

Yo [Jesús] os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio, pues por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado[17].

En el Viejo Testamento leemos que Dios es el que juzga.

Digan entre las naciones: «El Señor reina; ciertamente el mundo está bien afirmado, será inconmovible; Él juzgará a los pueblos con equidad»[18].

¡Los cielos declararán Su justicia, porque Dios es el juez![19]

El Señor viene a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con Su verdad[20].

El SEÑOR es nuestro Juez; el SEÑOR es nuestro Legislador. El SEÑOR es nuestro Rey; Él mismo nos salvará[21].

El Nuevo Testamento nos revela que es Jesús quien juzgará.

El Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre[22].

Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, acreditándolo ante todos al haberlo levantado de los muertos[23].

No juzguen nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, quien a la vez sacará a la luz las cosas ocultas de las tinieblas y hará evidentes las intenciones de los corazones[24].

Cuando el Hijo del Hombre venga en Su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces Él se sentará en el trono de Su gloria; y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a Su derecha y los cabritos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los de Su derecha: «Vengan, benditos de Mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo»[25].

Entonces dirá también a los de su izquierda: «Apártense de Mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles»[26].

Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo[27].

El Antiguo Testamento llama al día del juicio el día del señor.

He aquí que viene el día del SEÑOR, implacable, lleno de indignación y de ardiente ira, para convertir la tierra en desolación y para destruir en ella a sus pecadores[28].

¡Ay de aquel día, el día del Señor, que ya se aproxima! Vendrá como devastación de parte del Todopoderoso[29].

Cercano está el gran día del Señor, cercano y muy próximo. El clamor del día del Señor es amargo; allí gritará el guerrero. Día de ira aquel día, día de congoja y de angustia, día de destrucción y desolación, día de tinieblas y densas sombras, día nublado y de densa oscuridad[30].

A lo largo del Nuevo Testamento, el apóstol alude al día del juicio como «el día de nuestro Señor Jesucristo» y «el día de Cristo».

Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes y por la gracia que Él les ha dado en Cristo Jesús. Porque en Él ustedes fueron enriquecidos en todas las cosas [...], de tal manera que nada les falta en ningún don, mientras esperan la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, el cual también los confirmará hasta el fin, para que sean irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo[31].

Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús[32].

Esto es lo que pido en oración: que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio, para que disciernan lo que es mejor, y sean puros e irreprochables para el día de Cristo, llenos del fruto de justicia que se produce por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios[33].

La Biblia enseña que en el día del juicio será Jesús quien juzgue a todo el pueblo.

Ser supremo

La Escritura enseña que Dios es soberano. Todas las cosas son Suyas:

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y los que en él habitan[34].

Todo lo puede:

El Señor hace todo lo que quiere en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos sus abismos[35]. Yo sé bien que todo lo puedes, que no hay nada que Tú no puedas realizar[36].

Sabe todas las cosas:

Grande es el Señor nuestro, y mucho Su poder, y Su entendimiento es infinito[37].

Yo soy Dios, y no hay nadie semejante a Mí. Yo anuncio lo porvenir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no ha sido hecho[38].

Dios gobierna sobre todo:

Tuya es, oh Señor, la grandeza y el poder y la gloria y la victoria y la majestad, en verdad, todo lo que hay en los cielos y en la tierra; Tuyo es el dominio, oh Señor, y te exaltas como soberano sobre todo[39].

Del Nuevo Testamento inferimos que al igual que Su Padre, Jesús es también soberano por sobre «todas las cosas».

Jesús se acercó y les habló diciendo: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra»[40].

El apóstol Pablo escribió que Jesús resucitó de los muertos y está sentado a la diestra de Dios en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad, poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero. Y sometió todas las cosas debajo de Sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia[41].

Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo mortal en un cuerpo glorioso semejante al Suyo, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas[42].

Por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre[43].

Jesús, tal como Su Padre, es soberano.

Estos cuatro artículos sobre «La deidad de Jesús» han puesto de relieve que a nosotros los cristianos se nos insta a glorificar, honrar, adorar, amar, obedecer y orar a Jesús del mismo modo en que lo hacemos con Dios. Vimos que Jesús comparte los nombres de Dios —Señor, Salvador, Rey de reyes y Señor de señores— y que a Su palabra, al igual que a la del Padre, se la denomina la Palabra del Señor. Jesús también posee los atributos omni aplicados a Dios: omnipotencia, omnipresencia y omnisciencia. De la lectura de las Escrituras los cristianos deducimos que Dios es trino —Padre, Hijo y Espíritu Santo— y en estos artículos repasamos versículos que expresan que Jesús es Dios del mismo modo en que el Padre es Dios. Jesús dijo: El Padre y Yo uno somos[44].

Los cristianos obviamente ya sabemos eso por tratarse de un principio cardinal de nuestra fe. El objeto de estos artículos no ha sido demostrar dicho principio; más bien pensé que sería inspirador leer los versículos sobre Dios y Jesús que indican la unicidad que existe entre los dos. Antes yo no había visto estos versículos en conjunción unos con otros y cuando los leí presentados de esta manera los encontré muy alentadores y un motivo de alabanza. Ruego al Señor que sean también motivadores para ustedes.


Nota

A menos que se indique otra cosa, todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


[1] Génesis capítulo 1.

[2] Isaías 40:28 (RVA-2015).

[3] Nehemías 9:6 (NBLH).

[4] Isaías 45:12.

[5] Isaías 40:25,26 (NVI).

[6] Isaías 44:24 (NBLH).

[7] Salmo 95:6 (NVI).

[8] Hechos 17:24.

[9] Hechos 4:24.

[10] Apocalipsis 4:11.

[11] Juan 1:3.

[12] Juan 1:4,10.

[13] 1 Corintios 8:6.

[14] Hebreos 1:1,2.

[15] Colosenses 1:16.

[16] Romanos 14:12.

[17] Mateo 12:36,37.

[18] Salmo 96:10 (NBLH).

[19] Salmo 50:6.

[20] Salmo 96:13 (RVC).

[21] Isaías 33:22 (RVA-2015).

[22] Juan 5:22,23.

[23] Hechos 17:30,31.

[24] 1 Corintios 4:5 (RVA-2015).

[25] Mateo 25:31–34 (NBLH).

[26] Mateo 25:41 (RVA-2015).

[27] 2 Corintios 5:10.

[28] Isaías 13:9 (RVA-2015).

[29] Joel 1:15 (NVI).

[30] Sofonías 1:14,15.

[31] 1 Corintios 1:4,5,7,8 (RVC).

[32] Filipenses 1:6 (NVI).

[33] Filipenses 1:9–11 (NVI).

[34] Salmo 24:1 (NBLH).

[35] Salmo 135:6 (NVI).

[36] Job 42:2 (RVC).

[37] Salmo 147:5.

[38] Isaías 46:9,10 (RVA-2015).

[39] 1 Crónicas 29:11 (NBLH).

[40] Mateo 28:18.

[41] Efesios 1:20–22.

[42] Filipenses 3:20,21.

[43] Filipenses 2:9–11.

[44] Juan 10:30.

 

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