Vienen mejores días (3ª parte)

Enviado por Peter Amsterdam

noviembre 2, 2021

La abundante provisión divina

[Better Days Ahead—Part 3: God’s Abundant Supply]

Cuando los discípulos de Jesús le pidieron que les enseñara a orar, Él los instruyó entre otras cosas a rezar para que se les concediera el pan —o sustento— de cada día. Jesús vivenció y comprendió la fragilidad de nuestra vida terrenal y la importancia de tener satisfechas nuestras necesidades. Hay en la Biblia un magnífico versículo sobre la provisión divina que dice: «Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Filipenses 4:13). Dios nos ama tanto que ha prometido cuidarnos en medio de los altibajos de la vida. Además nos enseña a hallar Su gozo en cualquier situación en la que nos encontremos, así en las épocas de abundancia como en las de escasez (Filipenses 4:11,12).

Si has pasado o estás pasando por una temporada de apuros económicos, puede ser muy estresante, sobre todo cuando no sabes de dónde saldrá el dinero para cumplir con tus obligaciones económicas. Mientras haces todos los esfuerzos posibles por pagar tus cuentas y mantener a tu familia, la inseguridad económica puede generar una carga de estrés y ansiedad. Existe también un estrés indirecto que se sufre al enterarse de las dificultades que pasan otras personas. El solo hecho de leer noticias sobre crisis financieras o bajones en la economía y los aprietos que sufren otras personas puede afectar tu espíritu y alterar tu paz interior.

Durante tiempos tumultuosos podemos hallar aliento para el futuro remontándonos al pasado y las bendiciones que nos deparó, tal como lo hicieron tantas veces los autores de la Biblia en sus escritos. ¡Dios nunca nos ha fallado! El trayecto no siempre ha sido fácil, y todos hemos vivido tiempos de prueba, dolor y pérdida. No obstante, podemos confiar en que Dios ha hecho que todo redunde en bien, tanto en los casos en que se ha hecho patente como en aquellos en que ha obrado invisiblemente. Asimismo podemos mirar atrás y cobrar ánimo al distinguir Su poderosa mano que una y otra vez actuó a fin de proveer para nuestras necesidades.

Cuando estuve pensando y orando acerca de las adversidades económicas, me vinieron a la memoria los principios enmarcados en la Palabra de Dios que nos instan a creer en Él y seguirlo y confiar en que proveerá para Sus hijos. Todo radica en las promesas infalibles de Dios y lo considerado que es con nosotros. Otra cosa que me da aliento es leer los mensajes de Jesús en profecía que nos hablan de nuestra situación actual. Les reproduzco a continuación uno de ellos:

Casi todas las personas del mundo pasan apuros económicos en uno u otro momento. Algunas, sin embargo, lidian mejor con ellos que otras. Las circunstancias no suelen ser el factor determinante; la cuestión de fondo es más bien a quién recurren. El secreto para superar las penurias económicas es en realidad el mismo que para superar cualquier otra dificultad: hacer lo que está dentro de tus posibilidades y luego descansar en el factor Dios.

Hace siglos dije a Mis discípulos: «Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios»[1]. ¡El factor Dios puede cambiar todo el panorama! Cuando aplicas el factor Dios, todas las cosas son posibles para ti también, ya que la fe en Dios y en Sus promesas anula toda imposibilidad.

He aquí algunas promesas en las que puedes depositar tu confianza: «Dios suplirá todo lo que les falte conforme a Sus riquezas en gloria»[2]. «Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán»[3]. «Busquen primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas»[4].

Todo lo que tiene el Padre es Mío también. Eso significa que todas las riquezas del universo están a Mi disposición, y tu felicidad y bienestar me interesan. Empieza, pues, por hacer lo que puedes y aplica luego el factor Dios, pidiéndome que intervenga y que haga lo que a ti te resulta imposible.

Cuando hayas hecho todo lo que puedes y agotado tus medios habituales de sustento, y aun así te veas en dificultades para hacer frente a tus compromisos, no desesperes; Yo te mantendré por otros medios. Cuando otros incumplan las obligaciones económicas que tienen contigo o te veas afectado desfavorablemente por las decisiones de otros, no desesperes; Yo sí cumplo. Cuando te sobrevenga una calamidad seguida de gastos imprevistos, no desesperes; Yo puedo hacerme cargo de lo que no cubra tu póliza de seguro. Cuando la economía apriete y escasee el trabajo, no desesperes; Yo soy capaz de proveer para ti aun en circunstancias aparentemente imposibles.

«Pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá»[5]. Antaño hice esa promesa, que todavía es válida hoy en día. Hazme saber tus necesidades y pídeme que las satisfaga. Haz la parte que te corresponde —pide, busca y llama—, y Yo haré la Mía.

Muchas veces cuando el dinero escasea se pone a prueba tu fe en Mi capacidad de proveer para tus necesidades. Te tientas a dudar de que Mis promesas no son fidedignas, de que no voy a proveer para ti como dije que lo haría. Pero no sucumbas ante esas dudas, pues Yo cumpliré lo prometido.

Muchos factores afectan el modo en que son respondidas tus oraciones y los medios que empleo para suministrarte lo que te hace falta, incluidas las decisiones que tomen tú y otras personas. Así que no te dejes abatir ni te impacientes ni vayas a pensar que no me importa y que no voy a proporcionarte lo que solicitas. A veces debes aguardar hasta que se den las condiciones propicias.

Mientras tanto conténtate con lo que tienes. Agradéceme lo que ya he hecho por ti y lo que te he dado. Reflexiona acerca de las cosas que se deben valorar por sobre los bienes materiales, lo que el dinero no puede comprar, como por ejemplo el amor de quienes te son entrañables, los amigos leales, la paz interior, el sentido de realización y la satisfacción de conocerme y de amarme. Si estimas esas cosas hallarás dicha en Mí, cualesquiera que sean las circunstancias terrenales en que te encuentres.

Hablando de valorar todo lo bueno que tienes y agradecer al Señor por lo que ya ha hecho, una amiga me contó de un nuevo plan personal que inició y que consiste en crear dos listas. Una, titulada «Milagros destacados», es una recopilación de todas las cosas extraordinarias que el Señor ha hecho en su vida a lo largo de los años. La otra se titula «Muestras cotidianas de gracia, amor y ternura». Es un recuento diario de los gestos de amor del Señor, puertas abiertas y respuestas a la oración, las cositas que le demuestran a ella que Dios está presente en su vida y vela por ella. Hace poco, cuando pasaba por una temporada particularmente difícil, empezó a elaborar esas dos listas para recordarse a sí misma que ¡el Señor nunca le ha fallado!

Estoy seguro de que ustedes han tenido muchas conversaciones en las que alguien comenta con entusiasmo: «Acuérdense de aquella vez en que…» y de ahí pasa a relatar un fabuloso testimonio de provisión, puertas abiertas, curación o intervención divinas. Es bueno para nuestro espíritu rememorar las veces en que Dios nos ha guiado y nos ha bendecido. Nos recuerda que lo ocurrido antes puede ocurrir de nuevo. «Jesucristo es siempre el mismo, ayer, hoy y por toda la eternidad» (Hebreos 13:8; BLPH).

Podemos contar con Él y Sus promesas y confiar que suplirá lo que nos falte hoy y todos los días. Matthew Henry lo expresó así: «Una fe activa puede dar gracias por una promesa pese a que no se haya cumplido todavía, sabiendo que ¡los bonos divinos tienen el mismísimo valor que dinero contante y sonante!» El siguiente testimonio ilustra muy bien este principio:

En sus inicios el seminario teológico de Dallas necesitaba con urgencia 10.000 dólares para poder seguir funcionando. En una reunión de oración el renombrado profesor de la Biblia Harry Ironside, disertador habitual en la institución, rezó: «Señor, Tú eres dueño de todo el ganado de los cerros. Te rogamos que vendas algunas de esas cabezas de ganado para ayudarnos a satisfacer esta necesidad».

Poco después de la reunión de oración llegó al seminario un cheque por 10.000 dólares, enviado días antes por un amigo que no tenía ni idea de la urgente necesidad ni de la oración de Ironside. ¡El hombre simplemente comentó que el dinero provino de la venta de parte de su ganado![6]

Esto me trajo nuevamente a la memoria lo provechoso que es recordar la bondad de Dios para con nosotros en el pasado. Tengo una querida amiga que con frecuencia alude al Salmo 50:10[7] con un guiño de picardía: «Ya, Señor, Tú eres dueño del ganado de los cerros. ¡Es hora de que vendas —otra vez— unas cuantas reses!»

Otro principio que es importante tener en cuenta es el de la dadivosidad. Jesús dijo: «Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes» (Lucas 6:38; NVI). A los cristianos se nos insta a donar, dentro de nuestras posibilidades, nuestro tiempo, amor y recursos económicos para la obra de Dios y para ayudar a los necesitados. ¡Rogamos que el Señor les pague con creces a medida que siguen dando!

Mamá comentó:

A veces las batallas que libramos pueden hacérsenos penosas y descomunales. Es más, hay casos en que en efecto son penosas y descomunales. ¡La vida desde luego no es fácil para ninguno de nosotros! Lo que hay que tener presente en todo caso es que tenemos a Jesús. Comparados con las angustias, la agobiante soledad, el sentimiento de impotencia, la desesperación y falta de amor y de una razón para vivir que afrontan muchas personas sin contar con la promesa de una eternidad con Dios, ¡nuestros problemas se van viendo más pequeños!

El Señor quiere que demostremos gran consideración por los demás y nos compadezcamos de ellos. Todos en ciertos momentos hemos experimentado alguna desazón, confusión y penalidad. Podemos por tanto brindar el consuelo del Señor a los demás, así como Él nos ha consolado a nosotros. (V. 2 Corintios 1:4.) Además estamos en condiciones de ayudar a satisfacer sus más hondas necesidades dándoles a conocer el amor y la Palabra de Dios. El Señor nos promete grandes réditos si somos generosos con los demás. «Recuerden que el Señor los recompensará con una herencia y que el Amo a quien sirven es Cristo» (Colosenses 3:24; NTV).

¡Qué ciclo tan maravilloso! En la medida en que contribuimos para los demás, el Señor promete compensarnos… con fuerzas, fe y alegría.

Cobremos todos valor en las promesas del Señor, sabiendo que Dios siempre ha cumplido en el pasado y que sigue aún vigente Su promesa de que «suplirá todo lo que nos falta conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Filipenses 4:9). Sigan orando, tocando puertas, probando cosas nuevas y confiando en que Él abrirá camino. Contamos con Su promesa de que «los que buscan al Señor no tendrán falta de ningún bien (Salmo 34:10).

A veces me gusta pensar en la vida de cristianos célebres de otras épocas. Un hombre que para mí es una gran fuente de ánimo es George Müller[8].

George Müller (1805-1898) fue un evangelista y misionero cristiano, coordinador de orfanatos en Bristol, Inglaterra. Gracias a su fe y oraciones —no pedía donativos— tuvo el privilegio de ayudar a más de 120.000 niños huérfanos. Aparte de eso, recorrió más de 300.000 kilómetros por barco para predicar el Evangelio de Jesucristo en 42 países y espolear a los creyentes a apoyar las misiones internacionales y confiar en Dios. En sus diarios Müller dejó constancia de milagro tras milagro de la provisión divina y la respuesta a la oración.

¡Qué impresionante legado! Quisiera poner de relieve uno de tales milagros.

Una mañana todos los platos, tazas y bols estaban vacíos en la mesa. No había comida en la despensa ni dinero para adquirirla. Los niños estaban de pie, a la espera de su desayuno, cuando Müller dijo:

—Niños, ustedes saben que debemos llegar con puntualidad al colegio.

Levantando entonces las manos, oró:

—Amado Padre, te damos gracias por lo que nos vas a dar de comer.

Alguien tocó a la puerta. Era el panadero, que dijo:

—Señor Müller, no pude dormir anoche. Por alguna extraña razón presentí que ustedes no tenían pan para el desayuno y pensé que el Señor quería que les trajera un poco. Me levanté a las 2 de la mañana, preparé el pan, lo puse al horno y se lo he traído.

El señor Müller agradeció al panadero y ni bien se había ido este, se oyó una segunda llamada a la puerta. Era el lechero. Anunció que su carro de leche se había descompuesto enfrente del orfanato y que deseaba darles a los niños sus cantinas de leche fresca para poder vaciar su carro y repararlo[9].

También podemos admirar la gran fe de Charles Thomas (C.T.) Studd (1860-1931). Fue un misionero inglés que sirvió fielmente a su Salvador en la China, India y África. Su lema era: «Si Jesucristo es Dios y murió por mí, no hay sacrificio demasiado grande que pueda yo hacer por Él»[10].

C. T. Studd describe así un milagro de provisión del Señor en China:

Mi propia familia no sabía nada de nuestras circunstancias, solamente que estábamos en el corazón de la China. Se nos habían agotado nuestras últimas provisiones y no asomaba esperanza de recibir ningún tipo de provisión de fuente humana. El correo llegaba cada quince días. El cartero acababa de partir esa tarde y en dos semanas volvería con el correo entrante. Los niños ya estaban en la cama. Entonces mi esposa y yo miramos de frente la realidad. Si cuando volviera el cartero no llegaba algún auxilio, corríamos peligro de morir de inanición.

Decidimos dedicar la noche a la oración. Con esa finalidad nos pusimos de rodillas. Calculo que estuvimos así unos 20 minutos antes de levantarnos. En esos 20 minutos le dijimos a Dios todo lo que queríamos decirle. Desahogamos el corazón con Él; no nos pareció reverente ni de sentido común seguir hablándole como si estuviera sordo o fuera incapaz de entender nuestro lenguaje simple, la extremidad de nuestras circunstancias o el peso de las palabras de Su Hijo, que manifestó que Dios lo sabía todo antes que se lo dijéramos, o como Él mismo dijo: «Antes que clamen, responderé Yo». Y efectivamente, lo hizo.

El cartero regresó en el momento previsto. No nos demoramos en abrir la bolsa. Miramos de pasada las cartas; no había nada. Y nos miramos el uno al otro. Fui a revisar otra vez la bolsa. La tomé de las esquinas y la sacudí: Salió otra carta, pero la letra nos resultaba totalmente desconocida. La abrí y me puse a leerla. Después de leer esa carta ya no éramos los mismos de antes, y creo que desde entonces toda nuestra vida ha sido distinta. Esta fue la carta:

«Por algún motivo que desconozco —dijo— recibí de Dios el mandato de enviarle un cheque por 100 libras. No lo conozco personalmente. Apenas he oído hablar de usted unas pocas veces. Pero Dios no me dejó dormir esta noche con ese mandato. ¿Por qué me ordenó que le enviara estas 100 libras?, no lo sé. Usted lo sabrá mejor que yo. En todo caso, aquí están, y espero que le sirvan.»[11]

No tienes que ser un misionero de larga trayectoria para que el Señor vele por tus necesidades. ¡Todos los que hemos seguido al Señor, sea por un periodo breve de tiempo o por décadas, sabemos que Él es fiel en proveer lo que necesitamos! No dudamos de que Dios puede abrir las ventanas del cielo con milagros de provisión y que es capaz de demostrar Su preocupación por los detalles más insignificantes de nuestra vida. ¡Dios nunca falla! No olvidemos lo que ha hecho por nosotros en el pasado y, habiendo experimentado Su fidelidad, que nuestra fe se fortalezca para lo que va a hacer en el futuro.

El que no eximió ni a Su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente también con Él todas las cosas?  Romanos 8:32


[1] Marcos 10:27.

[2] Filipenses 4:19.

[3] Marcos 11:24 (NVI).

[4] Mateo 6:33.

[5] Mateo 7:7.

[6] Today in the Word, MBI, enero de 1990, p. 36. https://www.sermonsearch.com/sermon-illustrations/4796/cattle-on-a-thousand-hills/

[7] «Pues Míos son los animales del bosque, y Mío también el ganado de los cerros» (Salmo 50:10; NVI).

[8] En el sitio en inglés de George Müller se puede leer un recuento de los milagros de provisión que el Señor hizo para él: https://www.georgemuller.org/devotional/trusting-god-for-daily-supplies

[9] Muller, George: Trusting God for Daily Bread, https://harvestministry.org/muller

[10] https://www.wholesomewords.org/biography/biorpstudd.html

[11] Grubb, Norman, C. T. Studd: Cricketer and Pioneer (Christian Literature Crusade, 1982).

 

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