Lo esencial: El Espíritu Santo

Agosto 27, 2013

Enviado por Peter Amsterdam

El sexo del Espíritu Santo

A finales de los años setenta y principios de los ochenta, nuestro fundador, David Berg, presentó el concepto de que el Espíritu Santo encarna la faceta femenina o maternal de la Trinidad. Génesis 1:26,27[1] y Proverbios 8:12–31[2] son dos pasajes de las Escrituras en los que fundamentó esa idea.

La Profesión de fe de LFI refleja esa concepción al decir:

Creemos que los rasgos femeninos y maternales de la Divina Trinidad se manifiestan en el Espíritu Santo, que consuela y cuida tiernamente a los creyentes.

Fragmentos de los escritos de David

En sus escritos, David resumió la idea de la siguiente manera:

Otro hecho curioso que sorprende a mucha gente y que [es posible deducir a partir de las Escrituras] es que el Espíritu Santo es retratado como un ser femenino, como el consolador Espíritu de amor, la figura maternal de la Trinidad. El primer capítulo del primer libro de la Biblia, Génesis 1, que narra cómo fue la creación, dice: «Dijo Dios: “Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza”. Y creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Génesis 1:26,27).

En este pasaje Dios Padre se presenta evidentemente hablando con alguien y diciéndole: «Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza». Seguidamente, para indicarnos lo que significa eso de «Nuestra imagen y semejanza», añade: «Varón y hembra los creó».

Esa representación del Espíritu Santo como un ser de sexo femenino también se encuentra en otro libro de la Biblia, los Proverbios, donde se le da el nombre de Sabiduría: «¿Acaso no clama la Sabiduría y alza su voz la inteligencia? Da voces: “¡A vosotros, hombres, llamo; mi voz dirijo a los hijos de los hombres! Escuchad, porque voy a decir cosas excelentes, voy a abrir mis labios para cosas rectas. Porque mi boca dice la verdad. El Señor me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de Sus obras. Eternamente tuve la primacía, desde el principio, antes de la tierra. Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando establecía los fundamentos de la tierra, con Él estaba Yo ordenándolo todo. Yo era Su delicia cada día y me recreaba delante de Él en todo tiempo”» (Proverbios 8).

Claro que, como sucede con el propio Dios, el Espíritu Santo es eso precisamente, un Espíritu, que simplemente se representa o se visualiza como si tuviera forma corporal, en este caso de mujer, ya que es la figura materna de la Trinidad, al igual que a Dios se lo concibe como una figura paterna. Pero eso no significa forzosamente que Dios de veras tenga el aspecto que le han dado la mayor parte de los pintores, el de un anciano caballero de larga melena y barba blanca; ni que el Espíritu Santo sea una mujer propiamente dicha. ¡No son más que representaciones, figuras e ilustraciones para que con nuestra mente humana, infantil y finita logremos concebir y personificar a nuestro Padre celestial y Su precioso Espíritu Santo que es amor![3]

Si no están de acuerdo con esa representación femenina del Espíritu Santo, no pasa nada. En realidad no tiene mucha importancia si creen que el Espíritu Santo se aparece como un ser masculino o femenino, como una paloma macho o hembra. No lo consideramos una doctrina fundamental ni insistimos en que la gente lo crea[4].

Dios es Espíritu

Las Escrituras enseñan que Dios —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— es Espíritu; o sea, que no tiene cuerpo y por consiguiente tampoco un sexo definido. En otros versículos Él dice que «no es hombre», en el sentido de que no es un ser material. Por tanto, no es ni masculino ni femenino. (En Naturaleza y personalidad de Dios: Dios es espíritu se amplía más este tema.)

Dios es Espíritu, y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren[5].

Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta[6].

El que es la Gloria de Israel no mentirá ni se arrepentirá, porque no es hombre[7].

Dios es Espíritu. No es humano. No es ni varón ni mujer. Como dijo David en el pasaje que acabamos de reproducir: «El Espíritu Santo es eso precisamente, un Espíritu, que simplemente se representa o se visualiza como si tuviera forma corporal».

Atributos femeninos de Dios

Si bien la mayoría de las veces las Escrituras se refieren a Dios en género masculino, empleando términos que corresponden a representaciones masculinas, como Padre, Rey, Marido, etc., también existen ciertos versículos en que se pinta a Dios realizando actividades femeninas. Todas esas representaciones, como varón o como mujer, son o bien metáforas, o bien antropomorfismos, expresiones que atribuyen a Dios características físicas o emocionales humanas, o experiencias humanas, a fin de ayudarnos a entenderlo y conocer Su carácter. El empleo de esas palabras nos ayuda a visualizarlo. No obstante, no debe inferirse de ellas que Dios sea varón o mujer, porque no es ni lo uno ni lo otro. Es Espíritu.

De todos modos, resulta interesante que las Escrituras, para describir a Dios, presenten también imágenes de mujeres o de actividades femeninas. Es importante recordar que durante el período veterotestamentario se desconocía que Dios fuera una Trinidad compuesta por Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cuando los autores atribuían imágenes femeninas a Dios, no se las adscribían a una de las Personas de la Trinidad en particular, sino simplemente a Dios. Desde que Jesús —Dios Hijo— se encarnó y desde que vino el Espíritu Santo luego de la ascensión de Jesús, el concepto de que el Espíritu Santo, una de las Personas de la Trinidad, encarne cualidades de mujer o realice actividades femeninas encaja bien con las características femeninas atribuidas a Dios.

En las Escrituras, Dios se compara con una mujer de parto y con una madre que consuela a su hijo, y se describe a Sí mismo como un Dios que dio a luz a Su pueblo y lo protege.

Desde hace mucho tiempo me he callado. He guardado silencio; me he contenido. Pero ahora voy a gritar como una parturienta; a un mismo tiempo voy a gruñir y jadear[8].

Como madre que consuela a su hijo, así Yo los consolaré a ustedes; en Jerusalén serán consolados[9].

Olvidaste al Dios que te dio la vida. Olvidaste al Dios que te dio a luz[10].

En Oseas 11 se presenta a Dios realizando actividades que normalmente corresponderían a una madre.

Yo enseñé a caminar a Efraín […]. Me inclinaba hacia él y le daba de comer[11].

Otro ejemplo es el papel de Dios como partera, función que en tiempos del Antiguo Testamento estaba reservada a las mujeres.

Tú eres el que me sacó del vientre; el que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre Ti fui echado desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre, Tú eres mi Dios[12].

En Ti he sido sustentado desde el vientre. Del vientre de mi madre Tú fuiste el que me sacó[13].

Conclusión

En ninguna parte de las Escrituras dice explícitamente que el Espíritu Santo sea una mujer, ni hay motivos para suponer que lo sea, dado que el Espíritu de Dios es Espíritu y por consiguiente no tiene sexo. De todos modos, en el Antiguo Testamento, que se escribió antes que se entendiera que Dios era una Trinidad —Padre, Hijo y Espíritu Santo—, se emplean al referirse a Dios imágenes de atributos maternales y actividades de mujer. A la luz de los versículos que dicen que tanto los varones como las mujeres fueron hechos a imagen de Dios[14], que aluden a la sabiduría de Dios en género femenino y que la sitúan junto a Dios cuando se creó el universo,[15] y otras descripciones antropomórficas de Dios, se entiende el concepto de que los elementos femeninos y maternales de la Trinidad de Dios se manifiestan en el Espíritu Santo.

Así lo expresó David:

Me gusta concebir el Espíritu Santo como Dios Madre, una tierna madre consagrada permanentemente a amar, arrullar, consolar, persuadir, aliviar y sanar. Esas características se suelen considerar más femeninas que masculinas. Para mí, el hecho de que en los Proverbios se represente al Espíritu Santo de sabiduría como una mujer es muy convincente[16].

Cuando uno comienza a aceptar este concepto de madre y lo aplica a la relación de Ella con la Trinidad, ¡encaja de perlas! Creo que sirve para hacerse una idea mucho más clara de la belleza y el maravilloso ministerio del Espíritu Santo[17].

No tienen por qué creerlo o aceptarlo. ¡Para salvarse solo necesitan a Jesús![18]

David expuso lo que a su juicio Dios le había mostrado en cuanto al Espíritu Santo, que representa los aspectos femeninos de la Trinidad. Si bien es algo que no se contempla en la teología cristiana clásica, la Escritura asigna a veces a Dios atributos de mujer, lo cual confiere credibilidad al concepto de que el Espíritu Santo ejemplifica la faceta femenina y maternal de la Divinidad trina.


[1] Dijo Dios: «Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra». Y creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

[2] Yo, la Sabiduría, habito con la cordura y tengo la ciencia de los consejos.

 13 El temor del Señor es aborrecer el mal: yo aborrezco la soberbia, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa.

 14 Conmigo están el consejo y el buen juicio. Yo soy la inteligencia, y mío es el poder.

 15 Por mí reinan los reyes, y los príncipes ejercen la justicia.

 16 Por mí dominan los príncipes, y los gobernadores juzgan la tierra.

 17 Yo amo a los que me aman,  y me hallan los que temprano me buscan.

 18 Las riquezas y el honor me acompañan; los bienes permanentes y la justicia.

 19 Mejor es mi fruto que el oro, que el oro refinado; y mis beneficios mejores que la plata pura.

 20 Por vereda de justicia guiaré, por en medio de sendas de juicio,

 21 para hacer que los que me aman tengan su heredad y que yo llene sus tesoros.

 22 El Señor me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de Sus obras.

 23 Eternamente tuve la primacía, desde el principio, antes de la tierra.

 24 Fui engendrada antes que los abismos, antes que existieran las fuentes de las muchas aguas.

 25 Antes que los montes fueran formados, antes que los collados, ya había sido yo engendrada,

 26 cuando Él aún no había hecho la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo.

 27 Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo,

 28 cuando afirmaba los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo,

 29 cuando fijaba los límites al mar para que las aguas no transgredieran Su mandato, cuando establecía los fundamentos de la tierra,

 30 con Él estaba yo ordenándolo todo. Yo era Su delicia cada día y me recreaba delante de Él en todo tiempo.

 31 Me regocijaba con la parte habitada de Su tierra, pues mis delicias están con los hijos de los hombres.

[3] «Ven a ver algo del otro mundo», Tesoros (1987), pp. 638,639.

[4] Respuestas de Los Niños de Dios (1987).

[5] Juan 4:24.

[6] Números 23:19.

[7] 1 Samuel 15:29.

[8] Isaías 42:14 (RVC).

[9] Isaías 66:13 (NVI).

[10] Deuteronomio 32:18 (PDT).

[11] Oseas 11:3,4 (NBJ)

[12] Salmo 22:9,10 (RVR 1960).

[13] Salmo 71:6.

[14] Génesis 1:26,27.

[15] Proverbios 8.

[16] La Diosa del amor, nº 723, 1978, párr. 24,25.

[17] La Reina de ensueño, el Espíritu Santo, nº 1304, 1982, párr.17.

[18] Introducción al número doble «La Reina de ensueño», nº 1300, 1982, párr. 13.

Traducción: Jorge Solá y Gabriel García V.