
1 Corintios: Capítulo 15 (versículos 20-36)
febrero 3, 2026
Enviado por Peter Amsterdam

1 Corintios: Capítulo 15 (versículos 20-36)
En 1 Corintios 15:14–19 Pablo abordó las consecuencias de negar la resurrección de Cristo y concluyó afirmando: «Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es inútil; todavía están en sus pecados. […]¡Si solo en esta vida hemos tenido esperanza en Cristo, somos los más miserables de todos los hombres!» Ahora bien, en la siguiente parte de su plática sobre la resurrección, Pablo ya no lo presenta como una hipótesis, algo posible, sino que lo declara un hecho.
Pero ahora, Cristo sí ha resucitado de entre los muertos, como primicias de los que durmieron (1 Corintios 15:20).
Jesús resucitó de los muertos por obra de Dios después de Su muerte en la cruz. Pablo califica la resurrección de Cristo como las primicias. Primicias es un término que se utilizaba para referirse al primer manojo de la cosecha de grano, que se llevaba al templo y se ofrecía a Dios para consagrar la cosecha.
Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayan entrado en la tierra que Yo les doy y hayan segado su mies, traerán al sacerdote un manojo de espigas como primicia de su siega. Este mecerá el manojo delante del SEÑOR, para que sean aceptados (Levítico 23:10-11).
Cuando Cristo resucitó después de Su crucifixión, Él fue la primicia y el precursor de los que ya habían muerto y se levantarán de nuevo en la resurrección del cuerpo. Su resurrección demuestra lo que en el futuro aguarda a todos los creyentes. «He aquí, les digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados» (1 Corintios 15:51). «Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Pero sabemos que, cuando Él sea manifestado, seremos semejantes a Él porque lo veremos tal como Él es» (1 Juan 3:2). Así como Dios hizo volver a Jesús a la vida, asimismo revivirá a todos los que confían en Cristo cuando llegue la hora. Siendo que Cristo ha vuelto a la vida, nosotros también reviviremos.
Puesto que la muerte entró por medio de un hombre, también por medio de un hombre ha venido la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados (1 Corintios 15:21,22).
Pablo se sirve de Adán como ejemplo. Adán fue el primer hombre y debido a que pecó, la muerte se introdujo en el mundo. Por medio de otro hombre —Jesús— llegaron la vida y la resurrección de los muertos. Jesús abrió el camino para que todos los que creyesen en Él fueran perdonados por sus pecados.
El pecado de Adán introdujo la muerte en el mundo y su muerte marcó la pauta para todos los demás que vendrían después de él. Puesto que Adán murió, todos los demás seres humanos mueren. De igual modo, la resurrección de Cristo de entre los muertos posibilitó que los que obtienen el perdón de sus pecados mediante la fe en Él, vuelvan a la vida también. Dado que Jesús resucitó, los que están en Cristo también serán vivificados al resucitar corporalmente de la tumba.
Pero cada uno en su orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en Su venida (1 Corintios 15:23).
Pablo describe el orden en que resucitarán los creyentes. Nos dice que Cristo se levantó de los muertos; por ende, existe la promesa de que todos los salvos resucitarán igualmente. La resurrección de Cristo no fue un suceso aislado, sino más bien la primicia de todos los creyentes que también se levantarán de los muertos.
Durante la Segunda Venida los muertos en Cristo resucitarán tal como Él resucitó tras Su crucifixión. Su resurrección revela lo que les habrá de suceder a todos los creyentes. Nos tranquiliza asegurándonos que, si bien todos enfrentamos la muerte, lo podemos hacer sin temor, pues así como Cristo se levantó de los muertos, también nosotros lo haremos.
Después el fin, cuando Él entregue el reino al Dios y Padre, cuando ya haya anulado todo principado, autoridad y poder (1 Corintios 15:24).
Una vez que todos los creyentes hayan vuelto a la vida, la Historia llega a su fin. El tiempo dará paso a la eternidad. Jesús anunció ese día, precedido por Su segunda venida, en Mateo 24. «Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones, y luego vendrá el fin» (Mateo 24:14).
El fin llegará cuando Cristo culmine Su obra y como consecuencia entregue el reino al Padre. Habrá cumplido el plan de Dios y destruido todo imperio, autoridad y poder (2 Pedro 3:10–13). Sobre este punto, el exégeta Leon Morris escribió:
Una vez que Cristo regrese, vendrá el fin. Será la hora del juicio final y el establecimiento de una nueva creación. En ese momento Cristo entregará el reino a Dios Padre. […] Esa cesión del reino al Padre no ocurrirá sino hasta que Cristo haya destruido todo dominio, autoridad y poder. En otro pasaje Pablo usa esa misma terminología para describir tanto la autoridad humana (Romanos 13:1–3) como los poderes demoniacos (Efesios 1:21). En ese contexto él tenía en mente la destrucción de todos los poderes que se alzan contra el reino de Cristo, sean humanos o sobrenaturales[1].
Ello representa la derrota final de toda oposición y pone de relieve la victoria de Cristo. Este versículo también alienta a los creyentes a permanecer fuertes en la fe, sabiendo que aunque enfrentemos luchas y dificultades, estas forman parte del designio divino que acaba en victoria.
Porque es necesario que Él reine hasta poner a todos Sus enemigos debajo de Sus pies (1 Corintios 15:25).
El reinado de Cristo continuará luego de la resurrección corporal de los creyentes hasta que todo enemigo sea hollado y derrotado. Esto indica la plena autoridad que posee Jesús sobre todo adversario. Poner a «Sus enemigos debajo de Sus pies» expresa la victoria de Cristo y la derrota definitiva que infligirá a todos Sus enemigos. Todo pecado, contienda y oposición tocarán a su fin durante Su reinado.
El último enemigo que será destruido es la muerte (1 Corintios 15:26).
Pablo se proyecta hacia un futuro en el que la muerte será aniquilada y en el que la muerte y el temor de la muerte no ejerzan ya poder sobre nosotros. Tenemos cifrada nuestra esperanza en la promesa de una eternidad con Dios. Ese conocimiento nos ayuda a vencer el temor de la muerte y libra «a los que por el temor de la muerte estaban toda la vida condenados a esclavitud» (Hebreos 2:14,15). La victoria de Cristo sobre la muerte nos da esperanza, tranquilidad y seguridad. Si bien todos enfrentaremos la muerte, tenemos la promesa de la vida eterna.
Porque ha sujetado todas las cosas debajo de Sus pies. Pero cuando dice: «Todas las cosas están sujetas a Él», claramente está exceptuando a aquel que le sujetó todas las cosas (1 Corintios 15:27).
Al declarar que Dios sujetó todo bajo los pies de Cristo se infiere que el Hijo tiene autoridad sobre toda cosa creada, incluidos los ángeles, los gobernantes, las fuerzas naturales y los demonios. Esta subordinación de todas las cosas a Cristo deriva en la resurrección de todos los creyentes y en la derrota y destrucción de la muerte misma. Pablo añade una excepción a aquello de que todas las cosas están sujetas a Cristo, y es Dios. Fue Dios quien sujetó todo bajo los pies de Cristo, excepto a Sí mismo.
Pero cuando aquel le ponga en sujeción todas las cosas, entonces el Hijo mismo también será sujeto al que le sujetó todas las cosas, para que Dios sea el todo en todos (1 Corintios 15:28).
Una vez que Cristo haya derrotado a todos los enemigos, entre ellos la muerte, y haya acopiado todo bajo Su autoridad, se entregará Él mismo otra vez al Padre y le devolverá Su reino «para que Dios sea el todo en todos». «Porque de Él y por medio de Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén» (Romanos 11:36). Jesús estará en eterna sumisión al Padre. Naturalmente que Jesús también es igual a Dios por ser Él la Segunda Persona de la Trinidad. Así como el Padre tiene autoridad absoluta como Creador, asimismo Jesús tiene autoridad absoluta como Creador. «Él es la imagen del Dios invisible; el primogénito de toda la creación porque en Él fueron creadas todas las cosas que están en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, dominios, principados o autoridades. Todo fue creado por medio de Él y para Él» (Colosenses 1:15,16).
Por otro lado, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos? Si los muertos de ninguna manera resucitan, ¿por qué, pues, se bautizan por ellos? (1 Corintios 15:29).
En este versículo y los versos 30-34, Pablo emplea la lógica para intentar persuadir a los corintios de que en los postreros días habrá una resurrección en la cual todos los cristianos se levantarán de los muertos. Su modo de plantear el tema es apelar a la propia experiencia de los corintios y a la del mismo Pablo y los apóstoles preguntándoles por qué hacen esas cosas si es que no hay resurrección[2].
Pablo empieza refiriéndose a lo que parece ser una costumbre entre algunos integrantes de la iglesia de Corinto. Aunque se han propuesto varias interpretaciones respecto al significado de este versículo, la más evidente es que los corintios practicaban bautismos sustitutorios a nombre de los que habían fallecido[3]. Diríase que Pablo se remitía a esa práctica para desafiar a los corintios acerca de sus creencias sobre la vida después de la muerte; es decir, si no había resurrección de los muertos, ¿qué sentido tenía esa costumbre? Sin embargo, no hay indicio alguno de que él refrendara dicha costumbre, que por cierto no se practica en la iglesia hoy en día. Como lo manifiesta un comentario bíblico: «La Biblia no da ningún sustento a la idea de que alguien pueda salvarse por ningún otro medio que no sea la fe personal en Cristo[4].
¿Y por qué, pues, nos arriesgamos nosotros a toda hora? (1 Corintios 15:30).
Pablo pasa a este versículo para apelar a las adversidades que enfrentaron y los sacrificios que hicieron él mismo y los otros apóstoles al proclamar el evangelio y edificar la iglesia primitiva. Sobre este punto, un comentarista expuso:
Él [Pablo] pidió que le dieran alguna explicación por el hecho de que se hubieran puesto en peligro a toda hora. Los que primero llevaron el evangelio de Cristo lo hicieron corriendo enormes riesgos para su persona. Los encarcelaron, los golpearon, los apedrearon y los asesinaron. […] Toda la labor misional de Pablo implicó peligro y sacrificio diarios. La pérdida que él mismo sufrió fue tan cierta como el hecho de que se glorió o se deleitó en los fieles creyentes de Corinto en Cristo Jesús, el Señor[5].
La declaración de Pablo también indica que enfrentar peligros es parte de ser cristiano. Llevar una vida basada en la fe comporta riesgos, sacrificios y aventurarnos a salir de nuestra zona de confort. Es preciso enfrentar adversidades, permanecer firmes y creer en las promesas de Dios. Al recalcar la frase «a toda hora» Pablo manifiesta claramente que nuestro caminar con Cristo no es un acontecimiento aislado, sino un compromiso de seguirlo día a día y hora tras hora.
Sí, hermanos, cada día muero; lo aseguro por lo orgulloso que estoy de ustedes en Cristo Jesús nuestro Señor (1 Corintios 15:31).
Al hablar de morir cada día, Pablo se refiere a los sacrificios que hace cotidianamente y a la abnegación y renuncia de deseos personales que sobrelleva por seguir a Cristo. Resalta el costo de su discipulado cuando afirma: «Cada día muero». En otros pasajes alude a los peligros que afrontó mientras predicaba el evangelio, toda vez que su vida misionera estuvo plagada de dificultades. Cinco veces recibió 39 azotes. Tres veces fue flagelado con varas. Una vez fue apedreado. Tres veces padeció naufragios (Véase 2 Corintios 11:24,25).
Si como hombre batallé en Éfeso contra las fieras, ¿de qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, ¡comamos y bebamos, que mañana moriremos! (1 Corintios 15:32).
Pablo menciona sus experiencias en Éfeso, donde enfrentó duros apremios y peligros mientras propagaba el evangelio. Lo hace, una vez más, para plantear qué sentido tendrían todas esas cosas si no hubiera resurrección. Cuando menciona que batalló contra fieras muy probablemente se refería a las pruebas y conflictos que encaró, las falsas enseñanzas que tuvo que refutar y la intensa persecución con la que bregó en su labor de predicar el evangelio y edificar la iglesia de la ciudad. Pablo expone el argumento de que los sacrificios que implica vivir por Cristo no pueden justificarse sin la esperanza de la resurrección[6].
Pablo deja bien sentado que si no hay esperanza más allá de esta vida, los esfuerzos que hacemos para llevar una vida acorde con Dios y los sacrificios que hacemos para servir a Cristo son todos en vano. Si no hay resurrección, meramente existimos en un mundo lleno de penalidades y sufrimiento, y nuestro único recurso sería «comamos y bebamos, que mañana moriremos». A Dios gracias, no es así. La resurrección es cierta. La promesa de vida eterna existe. «La fe es la constancia de las cosas que se esperan, la comprobación de los hechos que no se ven» (Hebreos 11:1).
No se dejen engañar: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres» (1 Corintios 15:33).
A Pablo le preocupaban los falsos maestros que ingresaron a la iglesia de Corinto. Citó un proverbio de un poeta griego: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres». Es muy probable que esta máxima fuera bien conocida por los corintios. El apóstol indica claramente que los creyentes deben ser cautelosos en cuanto a las personas con las que se asocian —en este caso con gente que niega la resurrección, una doctrina cristiana esencial—, ya que eso puede apartar a la gente de la verdad.
Vuelvan a la sobriedad, como es justo, y no pequen más, porque algunos tienen ignorancia de Dios. Para vergüenza de ustedes lo digo (1 Corintios 15:34).
Pablo llama entonces a los corintios a entrar en razón. No insinúa que hayan estado bebiendo ni que estén realmente borrachos. Más bien los incita a despertar y avisparse para salir de la borrachera de alma y pensamiento en la que se encuentran. Los corrige severamente diciéndoles que deberían avergonzarse. Los amonesta para que dejen de pecar, vuelvan a su sano juicio y tengan un acertado conocimiento de Dios y lucidez sobre la futura resurrección de los creyentes. Al escribir «para vergüenza de ustedes lo digo», Pablo reprende a los corintios por no practicar un modo de vida coherente con su conocimiento de Dios.
Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo vienen? Necio, lo que tú siembras no llega a tener vida a menos que muera (1 Corintios 15:35,36).
Pablo prosigue su discurso y aborda las objeciones y preguntas sobre la resurrección y la otra vida, las cuales probablemente ya había oído o presentía que surgirían. Los interrogantes que plantea aquí tienen que ver con el modo en que Dios levantará a los muertos y la forma corporal que tendrán. Pablo responde a la pregunta de manera categórica. Probablemente le han formulado muchas veces preguntas acerca de la resurrección de los muertos y qué clase de cuerpo poseerán. Es muy factible que sea consciente de que no le hacen esas preguntas con sinceridad y tilda de necia a la persona ficticia que se las plantea.
Pablo señala que las semillas deben morir para producir nueva vida y que lo sembrado no crece si antes no muere la semilla. En la siguiente sección de este capítulo él presenta el argumento de que el cuerpo resucitado guarda cierta similitud con el que poseíamos antes de la muerte. Nuestros cuerpos terrenales sufrirán una transformación. Los cuerpos que poseemos actualmente se ven afectados por el envejecimiento, la enfermedad y, a la postre, la muerte. Pablo expresa que al momento de la resurrección tendrá lugar una transformación. Los cuerpos nuevos que recibiremos serán incorruptibles y libres de descomposición (1 Corintios 15:51–53).
(Continuará.)
[1] Morris, Leon, 1 Corinthians: An Introduction and Commentary, Vol. 7, Tyndale New Testament Commentaries (InterVarsity Press, 1985), 186.
[2] Johnson, Alan F. 1 Corinthians, The IVP New Testament Commentary Series (IVP Academic, 2004), 295.
[3] Morris, 1 Corinthians: An Introduction and Commentary, 190.
[4] Crossway, ESV Study Bible (Crossway Bibles, 2008).
[5] Pratt, Richard L., Holman New Testament Commentary—1 & 2 Corinthians. Vol. 7 (B&H Publishing Group, 2000).
[6] Pratt, Holman New Testament Commentary—1 & 2 Corinthians.
© La Familia Internacional, 2026. Política de privacidad Política de cookies
