1 Tesalonicenses: Introducción

Diciembre 6, 2022

Enviado por Peter Amsterdam

[1 Thessalonians: Introduction]

La primera y la segunda epístola a los Tesalonicenses fueron escritas por el apóstol Pablo, probablemente entre los años 49 al 51 d.C., y forman parte del Nuevo Testamento. Se las considera entre las primeras cartas escritas por Pablo. El libro de los Hechos también menciona los sucesos vividos por el apóstol en Tesalónica, los que también cubriremos en esta serie.

A Tesalónica se la conoce hoy en día como Salónica, ciudad portuaria situada en el extremo noroeste del mar Ageo. Es una de las localidades mediterráneas con una prolongada historia que abarca desde el periodo greco-romano hasta el presente. Tesalónica se encuentra en la costa oriental de Macedonia, entre los montes Balcanes y la península griega.

Tesalónica fue fundada en 316 a.C. por el rey Casandro de Macedonia, que unificó 26 pequeñas poblaciones en una sola ciudad. Casandro contrajo matrimonio con Thessalonikē (Tesalónica), hija de Filipo II de Macedonia, y en honor a su esposa nombró la nueva ciudad. El puerto poseía un fondeadero seguro, resguardado de los peligrosos vientos del sudoeste. Es la única ciudad del litoral griego actual que nunca ha perdido su importancia comercial.

Además del mérito de ser un pujante puerto marítimo, Tesalónica tenía acceso a importantes rutas terrestres. Estaba ubicada cerca de la Vía Egnatia, una calzada construida por los romanos en el siglo II a.C., que atravesaba los territorios comprendidos hoy por Albania, Macedonia del Norte, Grecia y la parte europea de Turquía. Recorría una distancia total de 1.120 km aproximadamente. Hacia el Oeste esta ruta alcanzaba el puerto de Dirraquio en el mar Adriático, el cual se podía cruzar luego en barco hasta Italia, donde se tomaba la Vía Apia que desembocaba directamente en Roma. En dirección al Oriente, la Vía Egnatia conducía a Bizancio, en la orilla del mar Negro, a través del cual se accedía a Asia Menor.

Un autor escribió: «El gran auge de Tesalónica se debió en gran parte al enlace de tierra y mar, ruta y puerto, que facilitaba el comercio entre Macedonia y el Imperio romano en toda su extensión. Ningún otro lugar de Macedonia ofrecía las ventajas estratégicas que poseía Tesalónica»[1].

No es posible saber la población exacta de la ciudad durante la época de Pablo. Sin embargo, basándonos en la longitud de las murallas de la ciudad para determinar el espacio habitable y tomando en consideración la demografía de las ciudades antiguas, se calcula que la población de Tesalónica pudo oscilar entre 65.000 y 100.000 personas. Así las cosas, figuraba entre las 10 ciudades más grandes del Imperio romano.

En tiempos del apóstol Pablo Tesalónica gozaba de un régimen especial: era una «ciudad libre». Eso entre otras cosas significaba que tenía autonomía sobre sus asuntos internos. Sus habitantes poseían también el derecho a acuñar su propia moneda y estaban exentos de ocupación militar dentro de los muros de la ciudad. En lugar de tener que regentar su estructura gubernamental según las costumbres romanas, los tesalonicenses tenían autorización para mantener su propia estructura municipal, la cual se componía de tres departamentos administrativos, dos de los cuales se mencionan explícitamente en Hechos 17:1-10.

El primero era una asamblea ciudadana, llamada demos. Era el ente inferior en la escala de gobierno de la ciudad. El estilo de gobierno afirmado en el demos —del cual obtenemos la palabra democracia— se originó en Atenas durante el siglo V a.C. Más tarde se propagó por las ciudades helénicas. En Tesalónica, ese cuerpo administrativo se ocupaba de asuntos municipales tales como la economía, los festivales y algunas cuestiones judiciales. En el libro de los Hechos la turba de Tesalónica estaba enardecida por los cargos que se les imputaban a Pablo y Silas y en un principio tenía previsto juzgarlos ante dicha asamblea ciudadana[2].

El segundo de los tres entes administrativos era el consejo. Este cuerpo funcionaba como una rama directiva de la asamblea ciudadana y filtraba problemas antes de someterlos al ente más bajo. La función del consejo era definir qué asuntos se presentarían ante la asamblea ciudadana y qué decisiones debían adoptarse.

El tercer ente o cuerpo eran los poliarcas (funcionarios municipales). Los poliarcas provenían de las familias más pudientes y su número variaba de ciudad en ciudad. En Tesalónica a fines del siglo primero a.C. existían 5 individuos que oficiaban de poliarcas, aunque su número varió de tres a siete durante los dos siglos siguientes. Los poliarcas actuaban como los principales administradores y funcionarios directivos de sus ciudades o comunidades. Tenían la autoridad para tratar asuntos judiciales, lo que se aprecia en el libro de los Hechos cuando la muchedumbre airada agarró a Jasón y a otros cristianos y los llevó a rastras ante los poliarcas. Solo después de pagar fianza los dejaron en libertad[3].

Tesalónica quedó bajo dominio romano a principios del año 168 a.C. En ese momento los romanos victoriosos emplearon la estrategia de divide y vencerás, desmembrando a Macedonia en cuatro distritos. Tesalónica era la capital del segundo distrito. Durante los próximos 22 años tuvieron lugar rebeliones periódicas, sofocadas a la postre en 146 a.C. Los romanos reorganizaron Macedonia como provincia y elevaron a Tesalónica a categoría de ciudad capital. Allí estableció su residencia el gobernador romano.

Una de las razones por las que Roma designó a Tesalónica como capital provincial fue la lealtad de la ciudad al Imperio romano. En 42 a.C. obtuvo el régimen de «ciudad libre». La urbe labró buenas relaciones con Roma, lo que permitió que su pueblo mantuviera esa posición privilegiada. Aquello era importante para los habitantes de Tesalónica, que probablemente hubieran tenido un trato agresivo con cualquier persona o grupo que a su juicio hiciera peligrar su condición de ciudad favorecida. Es muy probable que por eso, como ya se mencionó, los discípulos fueron detenidos y multados[4].

Tesalónica estaba muy envuelta en el culto pagano. Adoraban a Dioniso como también a los dioses de Egipto, particularmente a Serapis o Sárapis y a Isis, al igual que a Osiris y otros. La creencia en los dioses de Egipto se trasladó a Macedonia en el siglo tercero a.C. Diversas asociaciones religiosas apoyaban económicamente las actividades de ese culto pagano. Había asimismo presencia judía en la ciudad, como se observa en el libro de los Hechos.

Atravesaron por Anfípolis y Apolonia y llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos[5].

La conversión de los tesalonicenses al cristianismo marcó un quiebre radical con las religiones tradicionales de la ciudad, lo que provocó ira y resentimiento entre sus ciudadanos. El apóstol Pablo elogió a los cristianos de Tesalónica, comparándolos con los que moraban en Judea y que también habían sufrido persecución[6].

El libro de los Hechos narra que cuando Pablo y sus compañeros llegaron a Tesalónica, visitaron la sinagoga de la localidad tres sábados seguidos. Durante su estadía allí, Pablo razonó con ellos basándose en las Escrituras, explicando y demostrando que era necesario que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos. Él decía: «Este Jesús, a quien yo les anuncio, es el Cristo»[7]. Algunos de los que lo oyeron se convencieron y se juntaron con Pablo y Silas: un gran número de los griegos piadosos y no pocas de las mujeres principales[8].

La prédica de Pablo y Silas suscitó una violenta reacción; tanto es así que terminó siendo peligroso para ellos permanecer en la ciudad, y los creyentes los enviaron a Berea.

Pero cuando supieron los judíos de Tesalónica que la palabra de Dios era anunciada por Pablo también en Berea, fueron allá para incitar y perturbar a las multitudes[9].

Debido a la persistencia de los judíos de Tesalónica, fue preciso que Pablo partiera de Berea —lo más probable es que por mar— con rumbo a Atenas, a 480 kilómetros de distancia[10].

Luego de una breve estadía en Atenas, donde Pablo pronunció su trascendental discurso ante el Areópago, se trasladó a Corinto, ciudad en la que residió 18 meses[11]. Precisamente desde Corinto escribió su primera epístola, 1ª a los Tesalonicenses, y luego, un tiempo después, 2ª a los Tesalonicenses. La ciudad de Corinto se situaba a unos 80 kilómetros al oeste de Atenas. La moderna ciudad de Corinto queda a unos 5 kilómetros del lugar donde estaba emplazada la antigua ciudad, ya que en 1858 esta fue destruida por un terremoto.

Pablo comienza así su epístola:

Pablo, Silas y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia a ustedes y paz[12].

Los tres autores de esta epístola fueron Pablo, Silas y Timoteo, aunque el principal parece ser Pablo. Ellos tres fueron los fundadores de la iglesia de Tesalónica, y se encontraban juntos en Corinto cuando escribieron esta epístola a la iglesia tesalonicense. Si bien algunas versiones se refieren a Silvano, tradicionalmente se considera que Silvano y Silas eran la misma persona. El libro de los Hechos detalla que Silas había sido dirigente de la iglesia de Jerusalén y que poseía el don de profecía[13].

Se nos indica también que Timoteo era hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego. Él era de buen testimonio entre los hermanos en Listra y en Iconio[14]. Pablo consideraba a Timoteo su hijo espiritual.

Por esto, les he enviado a Timoteo, quien es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual les hará recordar mi proceder en Cristo Jesús, tal como lo enseño por todas partes en todas las iglesias[15].

Timoteo, verdadero hijo en la fe[16].

No tengo a nadie que se interese por ustedes con tanto ánimo y sinceridad[17].

Nos enteramos de que también se menciona a Timoteo como acompañante de Pablo en 2 Corintios 1:1, Filipenses 1:1, Colosenses 1:1 y Filemón 1:1.

La epístola estaba dirigida a toda la iglesia; se escribió para que la leyese toda la iglesia y no solamente su dirigencia. Para asegurarse de que todos los miembros de la iglesia tesalonicense oyeran su mensaje, Pablo terminó la epístola con estas instrucciones:

Solemnemente les insto por el Señor que se lea esta carta a todos los hermanos[18].

(Continuará.)


Nota

A menos que se indique otra cosa, todos los versículos de la Biblia proceden de las versiones Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995, y Reina Valera Actualizada (RVA-2015), © Editorial Mundo Hispano. Utilizados con permiso.


[1] Green, Gene L., 1 y 2 Tesalonicenses (Editorial Portavoz, 2000).

[2] Hechos 17:5.

[3] Hechos 17:6–9.

[4] Hechos 17:8,9.

[5] Hechos 17:1.

[6] 1 Tesalonicenses 2:14.

[7] Hechos 17:3.

[8] Hechos 17:4.

[9] Hechos 17:13.

[10] Hechos 17:14,15.

[11] Hechos 18:11.

[12] 1 Tesalonicenses 1:1.

[13] Hechos 15:22,23,32.

[14] Hechos 16:1,2.

[15] 1 Corintios 4:17.

[16] 1 Timoteo 1:2.

[17] Filipenses 2:20.

[18] 1 Tesalonicenses 5:27.