Jesús, Su vida y mensaje: El Sermón del Monte

enero 26, 2016

Enviado por Peter Amsterdam

La Ley y los Profetas (3ª parte)

[Jesus—His Life and Message: The Sermon on the Mount. The Law and the Prophets (Part Three)]

En la segunda parte de La Ley y los Profetas comentamos el primero de los seis ejemplos que dio Jesús en el Sermón del Monte para ilustrar que la rectitud tal como Dios la entiende va más allá de lo que enseñaban los escribas y fariseos. El primer ejemplo hablaba de la ira y la reconciliación. El segundo, que examinaremos en este artículo, es sobre la pureza de corazón y de pensamientos. Jesús comienza por citar lo que dicen las Escrituras, tras lo cual introduce nuevas enseñanzas sobre el tema.

«Oísteis que fue dicho: “No cometerás adulterio”. Pero Yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala y échala de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno»[1].

Los que escuchaban a Jesús mientras daba el Sermón del Monte sabían que el adulterio estaba prohibido en el séptimo de los Diez Mandamientos[2]. De la misma manera que en el ejemplo precedente citó el sexto mandamiento sobre no matar, y mostró que el homicidio tiene su raíz en el enojo y que eso es lo que hay que tratar, aquí cita el séptimo mandamiento y confirma que el adulterio está mal, que es pecado; pero va más allá y subraya cuál puede ser el peligro de una mirada lasciva y cuáles sus consecuencias. En vez de limitarse a prohibir un acto externo, profundiza en la actitud del corazón que conduce al acto pecaminoso[3].

Jesús relaciona el séptimo mandamiento con el décimo, que dice: «No codiciarás la casa de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo»[4]. La palabra para decir codiciar en la Septuaginta[5] (versión griega del Antiguo Testamento) y en este pasaje del evangelio es la misma. Un hombre no debía codiciar o desear a la esposa de otro.

En esta enseñanza, Jesús habla de cuando un hombre codicia a una mujer casada, ya que técnicamente solo se comete adulterio cuando al menos una de las personas está casada. Si ninguna de ellas lo está, entonces se llama fornicación. Aunque Jesús se refiere a cuando un hombre codicia a una mujer casada, se entiende que el mensaje que transmite es que cualquier persona (casada o no) que mire con deseos a otra (casada o no) peca.

Una de las definiciones del término griego blepō, que se traduce como mirar, es «mirar larga y fijamente». La palabra griega para decir mujer en este versículo aparece noventa y dos veces en el Nuevo Testamento con el significado de esposa. El vocablo griego traducido como codiciar significa ansiar, desear o ambicionar cosas prohibidas. La palabra para en «para codiciarla» significa «con el propósito de». Lo que Jesús estaba diciendo es que todo hombre que mire largamente a una mujer casada (o por extensión, a una que no lo esté) con el propósito de codiciarla, de desearla para sí, de querer tener relaciones sexuales con ella, peca porque comete adulterio (o fornicación) en su corazón.

R. T. France escribe:

En la declaración de Jesús, la «mujer» debe entenderse como la esposa de otro, y el mirarla «para codiciarla» como el hacerlo específicamente con el deseo (¿y quizá con planes?) de tener relaciones sexuales. Por consiguiente, el énfasis no está en la atracción física en sí, sino en el deseo de tener un affaire ilícito con ella[6].

El escritor Charles Talbert coincide con él:

Por supuesto, Jesús no se refiere a una atracción pasajera, sino al hecho de albergar deliberadamente el deseo de tener una relación ilícita[7].

A diferencia de los fariseos, que hacían hincapié en el cumplimiento literal de la Ley, Jesús dio a entender que el guardarse de cometer el acto de adulterio no lo pone a uno bien con Dios. De la misma manera que la ira puede ser homicidio en el corazón, mirar a una persona del sexo opuesto con la intención de tener relaciones ilícitas con ella puede ser adulterio en el corazón. En el Sermón del Monte, Jesús enseña que vivir en el reino de Dios consiste en algo más que cumplir reglas; es procurar una transformación de nuestro corazón, actitud, pensamientos y acciones alineándolos con la Palabra y la voluntad de Dios.

A continuación Jesús dice:

Si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala y échala de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno[8].

En otras partes de los evangelios Jesús dice algo similar cuando habla de hacer pecar a otras personas o tentarlas a pecar; solo que en esos pasajes incluye también el pie[9].

En lenguaje hiperbólico exagerado, como cuando habló de dejar nuestro sacrificio en el altar y también de hacer las paces con nuestro adversario cuando estamos yendo a ver al juez[10], Jesús aquí destaca la importancia de evitar las tentaciones que nos llevan a pecar. En el libro de Job se menciona algo similar, cuando Job afirma haber hecho un pacto con sus ojos para no mirar a las vírgenes y dice que su corazón se va tras sus ojos[11].

Jesús no está recomendando que nos arranquemos literalmente un ojo ni que nos cortemos una mano (o un pie). Lo que dice es que si tu ojo te hace pecar porque la tentación te llega por medio de los ojos (lo que ves), de las manos (lo que haces) o de los pies (los lugares que visitas), lo que debes hacer es comportarte como si te los hubieras cortado o arrancado. Si tu ojo te hace pecar, no mires; si tu pie te hace pecar, no vayas; y si tu mano te hace pecar, no lo hagas[12].

La expresión «te es ocasión de caer» se traduce también como «te hace pecar» (NVI) o «es para ti ocasión de pecado» (BLPH). Es traducción del griego skandalizō, que se emplea varias veces en el Evangelio de Mateo para referirse a algo catastrófico, un tropiezo que desvía a alguien de la senda de la voluntad de Dios y la salvación, o una persona o cosa que interfiere con el propósito salvador de Dios[13]. Por ejemplo:

Enviará el Hijo del hombre a Sus ángeles, y recogerán de Su Reino a todos los que sirven de tropiezo y a los que hacen maldad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes[14]. A cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en Mí, mejor le fuera que se le colgara al cuello una piedra de molino de asno y que se le hundiera en lo profundo del mar[15].

Estos versículos corroboran lo que dijo Jesús de que «mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno», algo que dice dos veces en este capítulo y de nuevo en Mateo 18[16].

Aunque hemos sido salvados por el sacrificio que hizo Jesús por nosotros, el pecado sigue siendo algo grave, ya que daña nuestra relación con Dios. Como ciudadanos de Su reino, como hijos Suyos, debemos procurar no pecar. Claro que nos resulta imposible no pecar nunca; pero si sucumbimos con frecuencia al pecado, es señal de que nos hallamos en una situación peligrosa y corremos el riesgo de distanciarnos de Dios.

Nuestros ojos, manos y pies no nos hacen pecar a todos de la misma manera. No todos tenemos las mismas tentaciones de pecar. Por ejemplo, a uno los ojos lo pueden conducir a la pornografía; entretanto, a otro lo llevan a la envidia, cuando ve lo que otros tienen y se resiente. Todos debemos estar en guardia contra el pecado, pero ese pecado se manifiesta de forma distinta en la vida de cada uno. Debemos ser conscientes de las tentaciones de pecar a las que personalmente estamos expuestos y hacer lo posible por contrarrestarlas.

Para cumplir este mandamiento de Jesús, es posible que tengamos que arrancar y cortar ciertas cosas, que tengamos que eliminar de nuestra vida algunas que, aun siendo inocentes en sí mismas, son o podrían fácilmente llegar a ser fuentes de tentación. Eso puede incluir nuestra relación con personas que tienden a arrastrarnos al pecado[17].

Como dijo Jesús, es mejor estar en esta vida con algunas cosas de este mundo arrancadas o cortadas, renunciar a ciertas experiencias, a fin de ser fieles a las enseñanzas de Jesús y vivir como ciudadanos del reino de Dios. Nuestra vida actual afecta nuestra existencia eterna. Conscientes de que Jesús dijo que entrar en la vida venidera con algunas cosas cortadas es mejor que entregarnos a ellas, deberíamos pensar y orar sobre lo que permitimos o invitamos a formar parte de nuestra vida y que no es conforme a Su naturaleza, personalidad, voluntad y Palabra, y tomar medidas concretas para eliminarlo.

Como ya he dicho, en esta parte del Sermón del Monte (La Ley y los Profetas) Jesús da seis ejemplos de cosas que dicen las Escrituras, tras lo cual ahonda en la materia y explica mejor la intención de las mismas. Lo esencial de Su mensaje en este pasaje es que para agradar a Dios no basta con observar una serie de reglas, como enfatizaban los fariseos, sino que lo que Él busca es una transformación de los motivos e intenciones de nuestro corazón. Jesús se vale de esos ejemplos para enseñarnos a nosotros, que somos ciudadanos del reino de Dios, cómo podemos convertirnos en nuevas criaturas que procuren deliberadamente vivir conforme al espíritu de lo que dicen las Escrituras.


Nota

A menos que se indique otra cosa, todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


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[1] Mateo 5:27–30.

[2] Éxodo 20:14; Deuteronomio 5:18.

[3] Morris, The Gospel According to Matthew, 117.

[4] Éxodo 20:17.

[5] La Septuaginta (a veces abreviada LXX) es el nombre que se le dio a la traducción al griego de las Escrituras judías. La Septuaginta vio la luz en Alejandría (Egipto) entre el año 300 y el 200 a. C. Muy utilizada por los judíos helenísticos, esta traducción al griego se preparó porque muchos judíos dispersos por el imperio estaban comenzando a perder el idioma hebreo. Según un antiguo documento titulado Carta de Aristeas, la traducción le fue encargada a un grupo de entre 70 y 72 sabios judíos durante el reinado de Ptolomeo Filadelfo. El término septuaginta significa setenta en latín, y el texto se llama así en honor a esos 70 eruditos.

La Septuaginta y su influencia en el cristianismo
La Septuaginta se convirtió también en una fuente de conocimiento del Antiguo Testamento para los cristianos de los primeros siglos d. C. Muchos cristianos primitivos hablaban y leían el griego, por lo que se basaban mayormente en la traducción de la Septuaginta para entender el Antiguo Testamento. Los autores del Nuevo Testamento también se apoyaron mucho en la Septuaginta, ya que la mayoría de los pasajes del Antiguo Testamento reproducidos en el Nuevo son citas textuales de la Septuaginta (otros citan textos hebreos). Se sabe también que los padres griegos de la iglesia citaron la Septuaginta. Aun hoy en día, la Iglesia ortodoxa oriental basa en la Septuaginta sus enseñanzas sobre el Antiguo Testamento. Algunas traducciones modernas de la Biblia usan asimismo la Septuaginta como texto fuente, juntamente con manuscritos hebreos.

[6] France, The Gospel of Matthew, 205.

[7] Talbert, Reading the Sermon on the Mount, 75.

[8] Mateo 5:29,30.

[9] Mateo 18:8,9; Marcos 9:43–47.

[10] Mateo 5:21–26.

[11] Job 31:1,7.

[12] Stott, El Sermón del Monte, 100.

[13] France, The Gospel of Matthew, 205.

[14] Mateo 13:41,42.

[15] Mateo 18:6.

[16] Si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti: mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser arrojado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego (Mateo 18:8,9).

[17] Stott, El Sermón del Monte, 102.