Jesús, Su vida y mensaje: La Fiesta de los Tabernáculos (2ª parte)

Julio 2, 2019

Enviado por Peter Amsterdam

[Jesus—His Life and Message: The Feast of Tabernacles (Part 2)]

Los hermanos de Jesús emprendieron la marcha hacia Jerusalén para asistir a la Fiesta de los Tabernáculos, y un poco después Él también lo hizo. Dice que fue «no abiertamente, sino como en secreto»[1]. No viajó en grupo con Sus hermanos —lo cual habría sido lo más normal, ya que con frecuencia los clanes familiares se desplazaban juntos a la capital para asistir a las festividades religiosas—, sino que, por motivos que no vienen explicados, hizo el viaje por su cuenta. No dice cuánto esperó antes de partir hacia Jerusalén, pero es posible que fueran unos cuantos días, ya que más adelante se precisa que fue únicamente a la mitad de la semana de festividades cuando comenzó a predicar en el Templo.

Y lo buscaban los judíos en la fiesta, y decían: «¿Dónde estará aquel?»[2]

En el Evangelio de Juan, la expresión «los judíos» es con frecuencia una alusión a los líderes religiosos de Jerusalén. En efecto, es probable que fueran ellos los que lo buscaban. Al principio del capítulo 7 de Juan dice que Él «no quería andar en Judea, porque los judíos intentaban matarlo»[3].

Y había mucha murmuración acerca de Él entre la multitud, pues unos decían: «Es bueno»; pero otros decían: «No, sino que engaña al pueblo». Sin embargo, ninguno hablaba abiertamente de Él por miedo a los judíos[4].

En la fiesta, Jesús era tema de debate entre la gente. El término griego traducido aquí como «murmuración» también se traduce como «murmullo» (RVR 1960), «discusiones» (NTV), «comentarios» (BLP) y «rumores» (NVI). En la fiesta, la gente discutía sobre si Jesús era bueno o si era un falso maestro que descarriaba a la gente; pero probablemente esas conversaciones se daban solo entre amigos y en voz baja, para que no las oyeran los líderes religiosos. Aunque entre el pueblo había controversia sobre Jesús, está claro que los líderes religiosos se oponían a Él.

El hecho de que algunos, entre ellos los líderes religiosos, consideraran que Jesús descarriaba a la gente era un asunto grave. Equivalía a una denuncia de que se comportaba como un falso profeta, y las leyes de Moisés mandaban matar a los falsos profetas.

Tal profeta o soñador de sueños deberá morir, por cuanto aconsejó la rebelión contra el Señor, vuestro Dios […]. Así apartarás el mal de en medio de ti[5].

Para Jesús, asistir a la fiesta representaba un peligro.

A la mitad de la fiesta subió Jesús al Templo, y enseñaba. Y se admiraban los judíos, diciendo: «¿Cómo sabe este letras sin haber estudiado?»[6]

A la mitad de la fiesta Jesús se puso a enseñar abiertamente en el Templo. Los líderes religiosos judíos se asombraron de Sus conocimientos y Su comprensión de las Escrituras, teniendo en cuenta que no había estudiado en ningún centro de aprendizaje rabínico.

Jesús les respondió y dijo: «Mi doctrina no es Mía, sino de aquel que me envió»[7].

Para enseñar, los rabinos judíos citaban enseñanzas rabínicas anteriores en vez de exponer sus propias ideas. Jesús aclaró que había sido enviado por Su Padre y que lo que enseñaba era lo que había recibido de Él. Hay otros pasajes en este evangelio en los que también afirma que Sus enseñanzas proceden de Su Padre.

Yo no he hablado por Mi propia cuenta; el Padre, que me envió, Él me dio mandamiento de lo que he de decir y de lo que he de hablar[8].

Respondió entonces Jesús y les dijo: «De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre. Todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente»[9].

Y añadió:

El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios o si Yo hablo por Mi propia cuenta[10].

Jesús declaró que quienes estuvieran entregados a Dios y desearan sinceramente cumplir Sus propósitos reconocerían que Sus palabras procedían de Su Padre.

Seguidamente explicó:

El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que lo envió, este es verdadero y no hay en él injusticia[11].

A diferencia de los maestros que buscan su propia honra, Jesús solo deseaba honrar a Su Padre, que lo había enviado. Como no buscaba Su propia gloria, sino la de Su Padre, no había en Él doblez. No solo decía la verdad, sino que Él era la verdad, tal como Él mismo declara más adelante en este mismo evangelio: «Yo soy el camino, la verdad y la vida»[12].

Y continuó diciendo:

¿No os dio Moisés la Ley? Sin embargo, ninguno de vosotros la cumple. ¿Por qué intentáis matarme?[13]

Jesús señaló que, aunque Moisés había recibido de Dios la Ley y se la había pasado al pueblo, este no la cumplía. Probablemente se refería al hecho de que de vez en cuando todos los judíos quebrantaban la ley mosaica por causa de normas que estaban reñidas unas con otras, tal como Él mismo explica unos versículos más adelante.

Respondió la multitud y dijo: «Demonio tienes, ¿quién intenta matarte?»

«La multitud» es un grupo aparte de «los judíos» (término con el que se alude a los líderes religiosos judíos). La multitud no tenía ni idea de por qué las autoridades religiosas podrían intentar matarlo; solo sabían que ellos no tenían planeado hacerlo. Por lo que Jesús dice a continuación, está claro que en esta parte se dirigía a los líderes religiosos, no a la multitud.

Jesús respondió y les dijo: «Una obra hice y todos os admiráis. Por cierto, Moisés os dio la circuncisión —no porque sea de Moisés, sino de los padres— y en sábado circuncidáis al hombre. Si recibe el hombre la circuncisión en sábado, para que la Ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en sábado sané completamente a un hombre?»[14]

Jesús se refería en particular a un hecho que había causado admiración, una obra que realizó en una visita anterior a Jerusalén, cuando sanó en sábado a un hombre que llevaba 38 años inválido.

Por esta causa los judíos perseguían a Jesús […], porque hacía estas cosas en sábado[15].

Seguidamente señaló que los rabinos quebrantaban regularmente la letra de la ley sobre el sábado al circuncidar a bebés varones en sábado. La ley sobre el sábado decía:

Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para el Señor, tu Dios; no hagas en él obra alguna[16].

Por otra parte, Dios había mandado a Moisés que circuncidaran a los niños varones a los ocho días de nacer[17]. En algunos casos, el octavo día después del nacimiento de un niño caía en sábado, y entonces se le circuncidaba en sábado. El argumento de Jesús era que ellos quebrantaban regularmente la letra de la ley al circuncidar en sábado, lo cual demostraba que el mandamiento de circuncidar tenía precedencia sobre el mandamiento sobre el sábado.

En el Evangelio de Mateo hay otros pasajes en los que Jesús dijo algo similar sobre el sábado. En una ocasión, Sus discípulos arrancaron unos granos mientras caminaban por un campo en sábado, y los fariseos los acusaron de quebrantar las leyes sobre el sábado. Jesús señaló que el rey David y sus hombres habían hecho lo mismo, y que los sacerdotes del Templo, por causa de las labores que tenían que hacer en el Templo en sábado, también trabajaban en ese día. Dijo:

¿No habéis leído en la Ley cómo en sábado los sacerdotes en el Templo profanan el sábado, y son sin culpa?[18]

En otra ocasión dijo:

¿Qué hombre entre vosotros, si tiene una oveja y esta se le cae en un hoyo, en sábado, no le echa mano y la saca? Pero, ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, está permitido hacer el bien en sábado[19].

Jesús empleó el método judío del qal wahomer —que significa «ligero y pesado»— para argumentar que ciertas cosas tienen precedencia sobre el mandamiento del sábado, algo que hasta los líderes religiosos judíos entendían y aceptaban.

Si realizar una circuncisión, que solo afectaba a una parte del cuerpo, prevalecía sobre el sábado, ¿cuánto más sanar a toda una persona en sábado? Por consiguiente, sanar en sábado era legítimo.

Jesús continuó diciendo:

No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio[20].

Jesús reprendió a los líderes judíos por juzgar superficialmente la situación, fijándose solo en las apariencias, en vez de hacerlo como correspondía, de acuerdo con lo que es justo y verdadero.

(Continúa en la tercera parte.)


Nota

Todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


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[1] Juan 7:10.

[2] Juan 7:11.

[3] Juan 7:1.

[4] Juan 7:12,13.

[5] Deuteronomio 13:5.

[6] Juan 7:14,15.

[7] Juan 7:16.

[8] Juan 12:49.

[9] Juan 5:19.

[10] Juan 7:17.

[11] Juan 7:18.

[12] Juan 14:6.

[13] Juan 7:19.

[14] Juan 7:21–23.

[15] Juan 5:1–18. Más sobre este hecho en Jesús, Su vida y mensaje: Milagros (6ª parte)/Milagros sabáticos (3ª parte).

[16] Éxodo 20:8–10.

[17] Levítico 12:1–3.

[18] Mateo 12:1–5.

[19] Mateo 12:11,12.

[20] Juan 7:24.