Jesús, Su vida y mensaje: La muerte de Jesús (4ª parte)

Mayo 10, 2022

Enviado por Peter Amsterdam

[Jesus—His Life and Message: The Death of Jesus (Part 4)]

Los cuatro evangelios hacen mención de las mujeres que presenciaron la crucifixión de Jesús. El de Mateo dice:

Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndolo. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo[1].

El Evangelio de Marcos nombra, entre las presentes, a una mujer llamada Salomé[2], mientras que el de Juan añade que también estaba «María mujer de Cleofas»[3].

El Evangelio de Marcos dice que «cuando [Jesús] estaba en Galilea, [estas mujeres] lo seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con Él a Jerusalén»[4]. Cierto autor comenta: «Una de las características interesantes e inusuales del ministerio de Jesús es la presencia de varias mujeres entre los discípulos. Si bien “servían” a Jesús y a los demás discípulos, también se sentaban a Sus pies y escuchaban Sus enseñanzas, tanto como los hombres (Lucas 10:38–42). Por eso Marcos dice que “lo seguían”, lo cual implica discipulado»[5]. Más tarde, las mujeres serán también las primeras que vean a Jesús tras Su resurrección.

El Evangelio de Lucas menciona que, además de las mujeres que estaban allí, también estaban presentes «todos Sus conocidos». «Todos Sus conocidos, y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, estaban mirando estas cosas de lejos»[6]. Algunos comentaristas opinan que esos «conocidos» que se quedaron mirando de lejos con las mujeres eran discípulos de Jesús, probablemente un grupo más amplio que tan solo los Doce (en esos momentos once). Es posible que se quedaran observando a cierta distancia porque les pareció peligroso acercarse mucho.

Los evangelios sinópticos[7] señalan que las mujeres se quedaron a cierta distancia del lugar donde crucificaron a Jesús, mientras que el de Juan dice que estaban cerca de la cruz.

Estaban junto a la cruz de Jesús Su madre y la hermana de Su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a Su madre y al discípulo a quien Él amaba, que estaba presente, dijo a Su madre: «Mujer, he ahí tu hijo». Después dijo al discípulo: «He ahí tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa[8].

Según Juan, presenciaron la crucifixión cuatro mujeres: la madre de Jesús, la hermana de ella, María Magdalena y María la esposa de Cleofas. Da la impresión de que, estando las mujeres a cierta distancia de donde Jesús había sido crucificado, en algún momento se acercaron a la cruz, junto con el discípulo a quien Jesús amaba. Cuando Jesús vio a Su madre y al «discípulo a quien Él amaba», se dirigió primero a Su madre y le dijo: «Mujer, he ahí tu hijo».

Seguidamente se dirigió al «discípulo a quien Él amaba». En el Evangelio de Juan hay cinco menciones del «discípulo al cual Jesús amaba»[9]. Aunque en ninguna se indica su nombre, los primeros cristianos, así como la mayoría de los biblistas actuales, coinciden en que se trataba del apóstol Juan. «Después dijo al discípulo: “He ahí tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa». Jesús se estaba preparando para abandonar este mundo y, queriendo dejar las cosas en orden, se aseguró de que Su madre estuviera atendida. El discípulo obedeció enseguida la orden de Jesús y se llevó a Su madre a su casa.

Algunos se preguntarán por qué tuvo Jesús que dejar a Su madre al cuidado de uno de Sus discípulos y no de uno de Sus hermanos. Tal vez porque en ese momento Sus hermanos no eran creyentes. En un pasaje anterior del Evangelio de Juan dice que «ni aun Sus hermanos creían en Él»[10]. Sus hermanos no creyeron sino después que Jesús resucitó y ascendió al Cielo. Entonces se unieron a María y a los discípulos en el aposento alto para esperar el Espíritu Santo.

Cuando llegaron, subieron al aposento alto […]. Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con Sus hermanos[11].

El apóstol Pablo escribió que Jesús se apareció a Su hermano Jacobo[12], el cual posteriormente se convirtió en líder de la iglesia de Jerusalén[13]. También mencionó que los hermanos de Jesús estuvieron predicando el evangelio[14].

Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: «Elí, Elí, ¿lama sabactani?» (que significa: «Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has desamparado?»)[15].

Los tres evangelios sinópticos mencionan que la tierra se cubrió de oscuridad y Jesús clamó a Su Padre. En este artículo nos basamos en el relato del Evangelio de Mateo.

La crucifixión comenzó a la hora tercera (9 de la mañana). Alrededor de la hora sexta (mediodía), la tierra se oscureció hasta la hora novena (3 de la tarde). La expresión «sobre toda la tierra» es traducción de unas palabras que pueden significar eso, aunque aquí el significado más probable es «sobre toda la tierra de Israel». El texto no explica qué fue lo que produjo esas tres horas de oscuridad; se entiende que tuvieron una causa sobrenatural, como parte de los acontecimientos relacionados con la muerte de Jesús. Cierto autor escribe:

En varios pasajes de las Escrituras, las tinieblas se asocian con los castigos divinos, y da la impresión de que aquí debemos entenderlas como una indicación del juicio de Dios sobre el pecado, vinculado con la cruz[16].

Tras unas seis horas colgado de la cruz, Jesús gritó: «Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has desamparado?» En el Evangelio de Marcos, esta pregunta está en arameo, la lengua original en que la hizo: «¡Eloi, Eloi! ¿lama sabactani?»[17] Cierto autor comenta: «No se trata de un simple grito de dolor, sino de una angustiosa súplica a Dios, que revela por un momento algo del tormento mental y espiritual de la copa que Jesús había aceptado en Getsemaní. Las palabras están tomadas directamente del comienzo del Salmo 22 […], el cual expresa la desolación espiritual de un hombre que sigue confiando en Dios y apelando a Él a pesar de que sus impíos adversarios se burlan de él y lo persiguen impunemente. Al final, el salmo se convierte en una expresión de gozosa gratitud por la liberación»[18].

Algunos de los que estaban allí decían al oírlo: «A Elías llama este». Al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, la empapó de vinagre, la puso en una caña y le dio a beber. Pero los otros decían: «Deja, veamos si viene Elías a librarlo»[19].

Aunque Jesús había gritado «Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has desamparado?», parece que algunos que lo oyeron no entendieron bien lo que decía. Cierto autor explica: «En hebreo, la palabra para decir “Dios mío” no difiere mucho del nombre “Elías”. Algunos que estaban cerca de la cruz pensaron que Jesús llamaba a Elías»[20].

Había una jarra de vino agrio, y uno de los que estaban mirando (posiblemente uno de los soldados) corrió a llevarle a Jesús algo de beber, por lo visto a pesar de las objeciones de algunos de los presentes. El mismo autor explica: «Parece más bien, en todo caso, que una persona quiso ayudar al sufriente dándole de beber y que los demás estaban simplemente esperando a ver qué pasaba»[21]. No tuvieron que esperar mucho más.

(Continuará.)


Nota

Todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995 © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


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[1] Mateo 27:55,56.

[2] Marcos 15:40.

[3] Juan 19:25.

[4] Marcos 15:41.

[5] Evans, World Biblical Commentary, Mark 8:27–16:20, 511.

[6] Lucas 23:49.

[7] Mateo, Marcos y Lucas.

[8] Juan 19:25–27.

[9] Juan 13:23; 19:26; 20:2; 21:7, 20.

[10] Juan 7:5.

[11] Hechos 1:13,14.

[12] 1 Corintios 15:7.

[13] Hechos 15:13–22.

[14] 1 Corintios 9:5.

[15] Mateo 27:45,46. También Marcos 15:33,34, Lucas 23:44–46.

[16] Morris, The Gospel According to Matthew, 720.

[17] Marcos 15:34.

[18] France, The Gospel of Matthew, 1075,1076.

[19] Mateo 27:47–49.

[20] Morris, The Gospel According to Matthew, 722.

[21] Morris, The Gospel According to Matthew, 722.