Parábolas de Jesús: Los siervos vigilantes, Marcos 13:34-37 y Lucas 12:35-38

julio 31, 2018

Enviado por Peter Amsterdam

[The Stories Jesus Told: The Waiting Servants, Mark 13:34–37 and Luke 12:35–38]

En los Evangelios de Marcos y Lucas, Jesús habló de Su retorno en dos parábolas. Si bien las dos difieren un poco entre sí, ambas expresan la misma idea. Por eso me pareció conveniente abordar las dos a la vez.

La primera se encuentra en Marcos 13:34-37. La parábola misma la narra Jesús en la primera oración del pasaje; seguidamente da explicaciones a Sus discípulos en cuanto a la aplicación de la misma. Antes de relatar esta parábola Jesús había hablado sobre sucesos que precederían a la parusía (Su retorno al final de los tiempos). Dijo que únicamente el Padre sabe cuándo vendrá ese momento, pero mientras tanto instó a Sus discípulos a que estén alerta, velen; porque no saben cuándo es el tiempo señalado[1].

Procedió entonces a referirles la parábola:

Es como un hombre que se fue de viaje, y al salir de su casa dejó a sus siervos encargados, asignándole a cada uno su tarea, y ordenó al portero que estuviera alerta. Por tanto, velen, porque no saben cuándo viene el señor de la casa, si al atardecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga de repente y los halle dormidos. Y lo que a ustedes digo, a todos digo: ¡Velen![2]

El señor de la casa puso las cosas en orden para asegurarse de que sus siervos supieran lo que debían hacer en su ausencia. Insistió en decirle al portero que estuviera alerta, listo para recibirlo a su regreso y abrirle la puerta cuando arribara. Por lo general el oficio del portero era evitar que ingresaran posibles intrusos[3], pero en este caso se le instruyó que estuviera preparado para abrir la puerta cuando volviera el dueño de casa. Sin embargo, no se le dio ninguna indicación de cuándo regresaría.

Jesús entonces deja de hablar del portero y pasa a dirigirse a Sus discípulos, exhortándolos a permanecer despiertos y alerta, por cuanto desconocen en qué momento retornará su Señor. Jesús aludió a las cuatro vigilias en las que los romanos dividían la noche: el atardecer, la medianoche, el canto del gallo y el amanecer.

Su insinuación de que el señor podría llegar de repente no significaba en breve, sino inesperadamente; es decir que podía arribar en cualquier momento y que nadie sabría con exactitud cuándo lo haría. En caso de que el siervo se encontrase durmiendo cuando llegara el maestro, habría faltado a su deber. Llamados similares a mantenerse despiertos y alerta se encuentran a lo largo de los Evangelios.

Velen en todo tiempo, orando para que tengan fuerza para escapar de todas estas cosas que están por suceder, y puedan estar en pie delante del Hijo del Hombre[4].

Velen, pues, porque no saben en qué día viene su Señor[5].

Estén atentos, porque ustedes no saben el día ni la hora en que el Hijo del Hombre vendrá[6].

Que a uno lo descubran durmiendo cuando debiera estar de guardia se consideraría un vergonzoso incumplimiento de sus obligaciones. Leemos que eso precisamente ocurrió en la víspera de la crucifixión de Cristo. Jesús les dijo a Pedro, Jacobo y Juan:

«Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte», les dijo; «quédense aquí y velen». Adelantándose un poco, se postró en tierra y oraba que si fuera posible, pasara de Él aquella hora. [...] Entonces Jesús vino y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿No pudiste velar ni por una hora?»[7]

Jesús hizo hincapié en que Sus discípulos deben estar alerta, despiertos, conscientes y vigilantes, ya que nadie sabe la hora de Su venida. Lo que Jesús manifestó a Sus discípulos se lo dice a todos los cristianos de todas las épocas, incluidos nosotros hoy en día. Nos convoca a vivir nuestra fe con actitud vigilante de manera que nos garantice estar preparados para encontrarnos con el Señor.

Es fácil permitir que nuestra vida espiritual divague sin rumbo dejando a un lado nuestra fe y nuestra relación con Dios. Las preocupaciones de la vida diaria nos exigen centrar la atención en las labores y tareas de cada día, en nuestra familia y amistades y en los interminables asuntos de la cotidianidad. Por eso hace falta intencionalidad, como también tiempo y esfuerzo, para vivir activamente nuestra fe, apacentar nuestra alma, mantener vibrante y vigente nuestra vida espiritual, cumplir el llamado que nos hace Jesús: ¡Velen!

La segunda parábola, que contiene un mensaje parecido, se halla en Lucas 12:

Manténganse listos, con la ropa puesta y con su lámpara encendida. Sean como los siervos que están pendientes de que su señor regrese de una fiesta de bodas: en cuanto su señor llega y llama, ellos le abren enseguida. ¡Dichosos los siervos a los que su señor encuentra pendientes de su regreso! De cierto les digo que se ajustará la ropa, los hará sentarse a la mesa, y él mismo vendrá a servirles. Dichosos los siervos a los que su señor encuentre así, aunque llegue a la medianoche o en la madrugada[8].

La versión Reina-Valera de 1960 da comienzo a esta parábola empleando una traducción literal de una costumbre de la época: Estén ceñidos vuestros lomos significa estén con la ropa puesta, listos para servir. Esto expresa la idea de permanecer en constante estado de alerta y disponibilidad para actuar. Los hombres del antiguo Israel vestían largas túnicas. Cuando se disponían a realizar alguna actividad física o tenían que correr, se ponían un cinturón para poder ceñirse la túnica y no entorpecer sus movimientos. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se describe el acto de ajustarse la vestidura.

El poder del SEÑOR vino sobre Elías, quien se ajustó el manto con el cinturón, se echó a correr y llegó a Jezrel antes que Acab[9].

Entonces el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas y le dijo: «Ciñe tu cintura, toma esta redoma de aceite en tus manos y ve a Ramot de Galaad[10].

Preparen su mente para la acción [ceñid los lomos de vuestro entendimiento, RVR 1995], estén atentos y pongan toda su esperanza en la gracia que recibirán cuando Jesucristo sea manifestado[11].

Después de ese llamado a estar listos para la acción, Jesús pronuncia otra frase que expresa el mismo concepto: Mantengan su lámpara encendida. Esto conlleva estar preparado para entrar en acción durante la noche. Las dos ideas indican la actitud de preparación que Jesús pide a Sus discípulos que tengan mientras aguardan Su regreso.

La tercera figura verbal redondea la idea de estar preparados: Sean semejantes a hombres que esperan a su señor que regresa de las bodas, para abrirle tan pronto como llegue y llame. Las fiestas de bodas de aquella época podían durar días y hasta una semana, por lo que los siervos no tenían ni idea de cuándo volvería a casa su señor. Tenían que estar en continuo estado de alerta mientras aguardaban.

Jesús se valió de tres ejemplos de actitud alerta para expresar la necesidad de que Sus seguidores vivan de manera que sean reflejo de Sus enseñanzas: tener la ropa puesta para actuar, mantener encendidas las lámparas y estar preparados en todo momento para el regreso del señor. Debemos llevar una vida guiada por Su Palabra, con un ojo puesto en el cielo aguardando con expectación Su regreso.

Luego pone el foco en la recompensa que obtendrán los que estén listos. Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando. Los que estén despiertos al regreso del señor tendrán el favor de Dios. Estuvieron vigilantes espiritualmente, vivieron su fe. Encontramos una afirmación similar en el libro del Apocalipsis con respecto al retorno de Cristo:

Miren, Yo vengo como un ladrón. Bienaventurados los que se mantengan despiertos[12].

Jesús se refirió entonces al modo de proceder del señor que habiendo regresado a casa encuentra a sus siervos esperándolo. En verdad les digo que se ceñirá para servir, y los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá. El señor invierte los papeles con los siervos y toma parte en la actividad de estos, que en esencia significa que los siervos ya no tienen la misma condición social que antes. Los actos del señor en esta parábola reflejan los actos de Jesús durante la Última Cena.

Jesús [...] se levantó de la cena, se quitó Su manto y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido[13].

Les dijo: —¿Entienden lo que les he hecho? Ustedes me llaman Maestro y Señor y dicen bien, porque lo soy. Pues bien, si Yo, el Señor y el Maestro, lavé sus pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Porque ejemplo les he dado para que, así como Yo se los hice, ustedes también lo hagan[14].

El concepto de Jesús como el que sirve se encuentra diseminado por los Evangelios.

Cualquiera de ustedes que desee llegar a ser grande será su servidor, y cualquiera de ustedes que desee ser el primero será siervo de todos. Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos[15].

El mayor entre ustedes hágase como el menor, y el que dirige como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No lo es el que se sienta a la mesa? Sin embargo, entre ustedes Yo soy como el que sirve[16].

Jesús continuó: Ya sea que venga en la segunda vigilia, o aun en la tercera, y los halla así, dichosos son aquellos siervos. A diferencia de las cuatro vigilias de la noche que aparecen más arriba en la parábola de Marcos, en este caso Jesús hace mención de las tres vigilias de la noche que tenían los judíos. Dice a quienes lo siguen que el momento de Su regreso es incierto y que quienes estén alerta y preparados, sea cual sea la hora a la que llegue el señor, serán bendecidos.

Jesús narró esta parábola para subrayar que los que lo siguen deben estar siempre despiertos, alerta y vigilantes en espíritu. En dos ocasiones llama bienaventurados o dichosos a los que permanecen alerta. Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando. [...] Y ya sea que venga en la segunda vigilia, o aun en la tercera, y los halla así, dichosos son aquellos siervos. La Escritura nos enseña que Jesús volverá, pero que nadie sabe cuándo tendrá lugar Su segunda venida. Al igual que los siervos que aparecen en esta parábola, ninguno de nosotros sabe el día o la hora en que retornará nuestro Señor; no obstante, se nos exhorta a estar siempre vigilantes en espíritu a la expectativa de ese suceso. En algún momento el Señor retornará, y cuando lo haga nos urge estar listos.

Podemos tomar también a pecho estos mismos principios respecto a la hora de nuestra muerte. Ningún cristiano de la historia ha experimentado el retorno de Cristo; sin embargo, todos los cristianos que han partido de esta vida han entrado en Su presencia. Ninguno sabemos el momento de nuestra muerte; simplemente sabemos que moriremos. A tenor con lo que enseñó Jesús en estas parábolas, debemos reconocer que no sabemos cuándo nos llamará a casa el Señor; por ende nos urge estar despiertos y alerta en todo momento.


Los siervos vigilantes, Marcos 13:34–37 (NBLH)

34 Es como un hombre que se fue de viaje, y al salir de su casa dejó a sus siervos encargados, asignándole a cada uno su tarea, y ordenó al portero que estuviera alerta.

35 Por tanto, velen, porque no saben cuándo viene el señor de la casa, si al atardecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer;

36 no sea que venga de repente y los halle dormidos.

37 Y lo que a ustedes digo, a todos digo: ¡Velen!

Lucas 12:35–38 (NBLH)

35 Estén siempre preparados y mantengan las lámparas encendidas,

36 y sean semejantes a hombres que esperan a su señor que regresa de las bodas, para abrirle tan pronto como llegue y llame.

37 Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando; en verdad les digo que se ceñirá para servir, y los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá.

38 Y ya sea que venga en la segunda vigilia, o aun en la tercera, y los halla así, dichosos son aquellos siervos.


Nota

A menos que se indique otra cosa, todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


[1] Marcos 13:32,33 (NBLH).

[2] Marcos 13:34–37 (NBLH).

[3] Hultgren, Arland J., The Parables of Jesus (Grand Rapids: Eerdmans, 2000), 266.

[4] Lucas 21:36 (NBLH).

[5] Mateo 24:42 (RVA-2015).

[6] Mateo 25:13 (RVC).

[7] Marcos 14:34,35,37 (NBLH).

[8] Lucas 12:35–38 (RVC).

[9] 1 Reyes 18:46 (NVI).

[10] 2 Reyes 9:1.

[11] 1 Pedro 1:13 (RVC).

[12] Apocalipsis 16:15 (RVC).

[13] Juan 13:4,5.

[14] Juan 13:12–15 (RVA-2015).

[15] Marcos 10:43–45 (NBLH).

[16] Lucas 22:26,27 (NBLH).