
Vivir como discípulos, 8ª parte: Transmitir nuestra fe
febrero 17, 2026
Enviado por Peter Amsterdam

Vivir como discípulos, 8ª parte: Transmitir nuestra fe
La última instrucción que dio Jesús a quienes creían en Él fue que dieran a conocer el evangelio en todas partes, a todo el mundo, y que enseñaran a los demás todo lo que Él les había enseñado. El Evangelio de Marcos narra que antes de ascender al Cielo enunció, en lo que serían algunas de Sus últimas palabras, la misión que debían llevar a cabo Sus discípulos: «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura» (Marcos 16:15). Y en los últimos versículos del Evangelio de Mateo dice: «Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado» (Mateo 28:19,20).
Cuarenta y tres días antes había muerto en la cruz, y al cabo de tres días había resucitado y se había aparecido a Sus discípulos y a más de 500 seguidores para darles Sus últimas instrucciones (1 Corintios 15:3–7). Él murió y resucitó con el fin de darle a la humanidad la oportunidad de obtener el perdón de sus pecados y establecer una relación con Dios (Juan 3:3). Jesús cumplió Su misión en la Tierra y mediante Su muerte y resurrección hizo posible que nos reconciliáramos con Dios y obtuviéramos el regalo de la salvación eterna.
Jesús dedicó Sus años de vida pública a predicar, enseñar y capacitar a Sus discípulos para que continuaran Su misión salvadora. Declaró que anunciar el evangelio era uno de los motivos por los que estaba en la Tierra cuando dijo: «Es necesario que […] anuncie el evangelio del reino de Dios, porque para esto he sido enviado» (Lucas 4:43). Fue enviado a predicar el evangelio y enseñó a Sus discípulos a hacer lo mismo. «Los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos» (Lucas 9:2), y les dijo: «Prediquen este mensaje: “El reino de los cielos está cerca”» (Mateo 10:7).
Después de Su muerte y resurrección les dijo: «Como me ha enviado el Padre, así también Yo los envío a ustedes» (Juan 20:21). Y antes de ascender al Cielo declaró: «Recibirán poder cuando el Espíritu Santo haya venido sobre ustedes, y me serán testigos» (Hechos 1:8). Poco después, el día de Pentecostés, los primeros discípulos fueron llenos del Espíritu Santo y empezaron a predicar apasionadamente el evangelio (Hechos 2:4).
El cristianismo se propaga mediante la prédica del evangelio. Así es como se les hace llegar a otras personas el regalo de la salvación por el que Jesús dio Su vida. Si los primeros discípulos no hubieran anunciado la buena nueva y enseñado a otros a hacer lo mismo, el evangelio habría caído en el olvido. Dios nos ha confiado algo magnífico, capaz de transformar vidas eternamente, y es nuestro deber como discípulos comunicarlo para que otros tengan la oportunidad de aceptar a Jesús y conocer la verdad que los hará libres (Juan 8:32).
El evangelio se proclama con las palabras que dicen los discípulos, los textos cristianos que reparten y el testimonio que dan en línea; también mediante la vida que llevan y las manifestaciones del Espíritu de Dios en ellos. Un aspecto importante de anunciar el evangelio es vivir de tal manera que la gente reconozca en nosotros el amor de Dios, viendo cómo amamos a los demás y nos interesamos por ellos, y también nuestra alegría, integridad, paz, fe y propósito.
Un discípulo debe estar preparado para testificar, ofrecer una oración y atender a cualquier persona que Dios ponga en su camino. 2 Timoteo 4:2 expresa bastante bien este concepto al decir: «Predica la palabra; mantente dispuesto a tiempo y fuera de tiempo». En otras versiones de la Biblia, la frase «mantente dispuesto a tiempo y fuera de tiempo» aparece traducida así: «persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno», «insiste en todo momento, oportuno o no», «anúnciala aunque ese momento no parezca ser el mejor». Nunca sabes cuándo te vas a cruzar con alguien que necesita oír el mensaje de Dios. Cuando llegue ese momento, como discípulo debes estar preparado para transmitirle el amor y la verdad de Dios.
Jesús se encontró en todo tipo de situaciones, e invariablemente lo que hizo fue testificar, enseñar, amar, sanar, perdonar y consolar. Estuvo dispuesto a atender a los que otros rechazaban: a los odiados recaudadores de impuestos, los pecadores y los considerados impuros e indignos. Se le criticó por relacionarse con los marginados de la sociedad; pero Él, mediante Sus acciones, dejó bien claro el valor que tiene para Dios cada alma.
Dios desea que todos acepten a Jesús como Señor y Salvador, y se alegra cuando lo hacen. Él no hace acepción de personas. Para Él, todos son pecadores y necesitan Su amor y redención, sea cual sea su estatus, su pasado o su situación actual. Los cristianos debemos estar preparados para comunicar la buena nueva del evangelio a las personas que Dios ponga en nuestro camino, sean cuales sean sus antecedentes, su profesión o cualquier otra característica.
Nuestra salvación se produjo porque unas personas nos hablaron de Jesús o nos enseñaron quién es Él; y esas personas pudieron hacerlo porque alguien les había transmitido a ellas el mensaje en algún momento de su vida. El cristianismo existe hoy en día porque a lo largo de la Historia los creyentes han hecho lo que Jesús enseñó a los primeros discípulos: anunciar el evangelio y ganar discípulos.
Puede que no estés en una situación que te permita anunciar el evangelio a cientos de personas, pero cada uno de nosotros puede acercarse a alguien que tiene delante y hacer lo posible por ayudarlo a conocer a Cristo y dar un paso hacia la fe en Él. Los que somos padres podemos criar a nuestros hijos de manera que lo conozcan y lo amen, a fin de que tengan oportunidad de seguirlo cuando alcancen la edad adecuada.
Dios ha dispuesto un papel para cada uno de nosotros en Su historia universal de rescate, redención y reconciliación. En el mundo, a nuestro alrededor, hay tantas necesidades: tantas vidas destrozadas, corazones heridos y espíritus abatidos. La sanación, ayuda y restauración que necesita este mundo quebrantado solo pueden venir de la mano de Dios. Sus discípulos somos Sus mensajeros en el mundo, los que proclamamos Su mensaje de esperanza, amor y paz y damos a conocer a Jesús a las personas para que se salven.
Los planes de Dios para comunicar al mundo Su mensaje
Dios no solo tiene planes para este mundo; también tiene planes en este mundo. Cada día trae consigo la realización de los propósitos de Dios. Pero ¿cómo se cumplen? La respuesta es sorprendente: Sus propósitos se cumplen principalmente por medio de personas y, lo que es más, por medio de personas muy comunes y corrientes. […]
No sé cómo llegaste a conocer a Cristo, pero estoy seguro de que hubo alguna intervención humana. Quizás escuchaste a alguien predicar el evangelio, y a raíz de eso el Espíritu Santo te hizo comprender tu necesidad y la suficiencia de Cristo para satisfacerla. Tal vez leíste un libro que alguien escribió o leíste la Biblia, que fue escrita por hombres inspirados por el Espíritu Santo, y así fue como conociste a Cristo. Puede ser que donde trabajas, donde estudias o al observar a un vecino vieras una persona que llevaba una vida tan diferente que nació en ti el deseo de buscar lo que él o ella obviamente tenían, y descubriste que era Cristo. Fuera cual fuera el agente, en algún momento Dios se valió de unas personas para hablarte de Sí mismo. […] Si Dios ha obrado a través de otros para llegar a ti, Su plan es obrar ahora a través de ti para llegar a otros. Charles Price[1]
Evangelización: amor a Dios y al prójimo
De hecho, hay dos motivos que deberían impulsarnos continuamente a evangelizar. El primero es el amor a Dios y el deseo de glorificarlo; el segundo es el amor a las personas y la búsqueda de su bienestar. J. I. Packer
No esperes a sentir amor por un desconocido para hablarle de Cristo. Ya amas a tu Padre celestial, y sabes que ese desconocido fue creado por Él pero está separado de Él, así que lánzate a evangelizarlo porque amas a Dios. John Piper
La evangelización consiste en ayudar cada día, de todas las formas posibles, a tus amigos no creyentes a dar un paso más hacia Jesucristo. En la práctica, significa que cada día debemos preguntarnos: «¿Qué debo hacer hoy para ayudar a mis amigos no creyentes a dar un paso más hacia Jesús?» Norman y David Geisler
Evangelización cotidiana
Todos los cristianos hemos sido llamados a divulgar el evangelio y hemos recibido del propio Jesús el encargo de comunicar a los demás el gran plan divino de salvación. Las personas no suelen abrazar la fe a menos que nosotros, los cristianos, les transmitamos el evangelio. «¿Cómo pueden ellos invocarlo para que los salve si no creen en Él? ¿Y cómo pueden creer en Él si nunca han oído de Él? ¿Y cómo pueden oír de Él a menos que alguien se lo diga?» (Romanos 10:14).
La evangelización comienza cuando asumes el compromiso de que le servirás a Dios de mensajero en tu vida cotidiana. Dedicar parte de tu tiempo intencionalmente a hablar de tu fe con los demás puede representar un sacrificio, pero los resultados eternos de dar testimonio valen mucho la pena. Entregarle a alguien un folleto o un texto cristiano, quedar con un compañero de trabajo para tomar un café, entablar una relación con amigos no cristianos, visitar a tus vecinos… son cosas que no suelen ocurrir a menos que las planifiques, que busques deliberadamente oportunidades de transmitir el evangelio.
No siempre podremos tener largas conversaciones con las personas con que nos encontramos a lo largo del día, pero aun así podemos sembrar en ellas el evangelio. Podemos darles un folleto. Podemos preguntarles si hay algo por lo que quieren que oremos. Podemos tratarlas con amabilidad y decirles que Jesús las ama. Aunque la ocasión no se preste a una testificación profunda, podemos preparar el terreno en el corazón de las personas expresándoles el amor e interés de Dios por ellas. Si rezas para que el Señor te ayude a dar testimonio y te muestre qué método funcionará mejor en tus circunstancias, Él puede darte ideas y oportunidades.
En muchos casos, lo máximo que lograrás al testificar será labrar el terreno, sin llegar a sembrar siquiera. Esa fase preliminar se denomina a veces preevangelización. La siguiente cita de Norman Geisler explica bien el concepto.
Si evangelizar es sembrar las semillas del evangelio, preevangelizar es labrar el terreno en la mente y el corazón de las personas con el fin de que estén más predispuestas a escuchar la verdad (1 Corintios 3:6). […] En el mundo de hoy, es posible que tengamos que sembrar muchas semillas espirituales durante un tiempo para que alguien considere seriamente la figura de Cristo. Puede que tengamos que labrar la tierra antes de tener oportunidad de plantar una semilla. No se nos pide que llevemos a todas las personas a aceptar Cristo, sino tan solo que anunciemos a Cristo a todas las personas[2].
Por supuesto, no hay una única manera de difundir eficazmente el evangelio, ni una sola circunstancia en la que hacerlo. La forma de transmitir el mensaje a cada persona para que responda positivamente varía. Por tanto, aunque todos los discípulos tenemos la misión de divulgar el evangelio y hemos recibido poder del Espíritu Santo para ello, las personas a las que nos dirijamos y la manera de abordarlas serán distintas dependiendo de la situación y de lo que Dios nos indique. En todo caso, sabemos que Dios se valdrá de cada uno de nosotros —en cualquier circunstancia en que nos encontremos— para evangelizar, si estamos dispuestos a hacerlo.
Cristo llama a todos los cristianos a divulgar el evangelio. Tenemos en nuestro entorno personas que aún no han oído la gran noticia de que Dios las ama y envió a Su Hijo para que todos los que crean en Él se salven y establezcan una relación con Él. Esas personas necesitan que alguien les explique cómo recibir de Dios el regalo de la salvación, que les enseñe a estudiar la Palabra de Dios y transformarse espiritualmente, y que las guíe en su desarrollo espiritual.
En 2 Corintios 5:20 dice que «somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros». Es una afirmación impresionante. Somos representantes de Jesús, y se nos ha asignado la tarea de transmitir Su mensaje al mundo. ¿Y cuál es ese mensaje? La segunda mitad del versículo presenta el mensaje que debemos transmitir: «En nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios!»
Hay millones, ¡qué digo!, miles de millones de personas que no conocen personalmente a Dios, que nunca han oído hablar de Jesús y que no se han enterado de la salvación gratuita y el tesoro de vida eterna que les espera si aceptan a Jesús como Salvador. Tenemos el privilegio de darles a conocer esa buena nueva, presentarles a Jesús y por último ayudarlas a conocerlo y salvarse (1 Timoteo 2:3,4).
Sembrar
La labor de un agricultor no es nada fácil. Pero un buen agricultor pone empeño en preparar la tierra, sembrar, regar y mantener los campos libres de malas hierbas, todo ello por un muy buen motivo: ¡porque ya se imagina la cosecha! Tiene puesta su esperanza en el día en que recogerá cestas de fruta fresca y llenará sus graneros.
Los que participamos en la increíble tarea de evangelizar podemos y debemos imaginarnos la cosecha que vendrá. Dios está listo para que nuestra vida y nuestras oraciones den fruto para Su reino. El mensaje del evangelio cambiará vidas, y muchos hombres, mujeres y niños tendrán su corazón transformado y sanado por toda la eternidad al poner su fe en Jesucristo. Esa es la visión que Jesús nos quiso comunicar cuando habló de la cosecha diciendo: «Otra parte [de las semillas] cayó en buen terreno; así que brotó y produjo una cosecha del ciento por uno» (Lucas 8:8).
Por eso preparamos a conciencia el terreno, esparcimos generosamente las semillas y regamos la tierra con esmero. Dios nos ha invitado a participar en la cosecha, ¡y a Él le encantan los frutos! Kevin G. Harney[3]
Reflexiones
Dios te salvó, entre otros motivos, para que des fruto en este mundo. Vives en un mundo sediento en el que la gente ansía realidad espiritual. Warren W. Wiersbe
La evangelización no es un deporte para espectadores. Todos hemos sido llamados a participar en él. Dios invita a todos los seguidores de Jesús a abandonar el banquillo y entrar en la cancha. […] En el plan de testificación de Dios, todos desempeñan un papel. En lo que a evangelizar se refiere, no hay espectadores ni suplentes. Dios quiere a todos en el terreno de juego, hasta a los que se sienten incapaces o consideran que no tienen nada que aportar. Dios quiere que te involucres. El mundo necesita tu participación. Kevin G. Harney
La tarea inconclusa de la iglesia es la de seguir yendo por el mundo anunciando a todos la buena nueva de Jesucristo. Sí, debemos ayudar a los pobres, romper una lanza por los oprimidos, visitar a los que están en prisión, defender a los indefensos; pero todo eso, en el mejor de los casos, no es sino una parte de la tarea. También debemos proclamar, a nivel local y global, que Dios vino a nosotros en la persona de Jesús para ofrecernos el perdón de los pecados. Jesús nos envía a las esquinas de las calles, a los barrios marginales, a las fábricas explotadoras, a los colegios, a los suburbios, para invitar a todos a tomar sobre sí el yugo de Jesús, a descubrir que nuestro maestro es bueno y que Su amor perdura para siempre. N. T. Wright
Qué dice la Biblia
«Cuando vio las multitudes, tuvo compasión de ellas porque estaban acosadas y desamparadas como ovejas que no tienen pastor.Entonces dijo a Sus discípulos: “A la verdad, la mies es mucha, pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a Su mies» (Mateo 9:36–38).
«Gracias a Dios, que nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de Su conocimiento, porque para Dios somos grato olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden» (2 Corintios 2:14,15).
«Nosotros predicamos la palabra de Dios con sinceridad y con la autoridad de Cristo, sabiendo que Dios nos observa» (2 Corintios 2:17).
Oración
Señor, te ruego que me ayudes a comprometerme firme e inquebrantablemente a obedecer Tu mandato y cumplir la Gran Comisión. Que recuerde siempre la urgencia y la importancia de anunciar Tu verdad a este mundo, que tanto la necesita. Concédeme un corazón dispuesto a dar pasos de fe, vencer el miedo y hablar valientemente del evangelio con las personas de mi entorno. […] Equípame con los dones, las habilidades y los recursos precisos para comunicar eficazmente Tu amor y Tu mensaje de salvación. Dame oportunidades y agéndame citas divinas para difundir la buena nueva. […]
Renueva mi amor por los perdidos y lléname de profunda compasión por los que aún no te conocen. Ayúdame a ver a las personas como Tú las ves, con sus necesidades únicas, sus luchas y sus búsquedas. […] Gracias, Señor, por confiarme la increíble tarea de participar en la misión de evangelizar. Ruego que te valgas de mí como instrumento de Tu amor, Tu gracia y Tu verdad. Que mi vida sea un testimonio vivo de Tu poder transformador y lleve a otros a establecer una relación contigo. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén[4].
Traducción: Esteban.
[1] Charles Price, Christ for Real: How to Grow into God’s Likeness (Kregel Publications, 2011).
[2] Norman y David Geisler, Conversar y evangelizar (Unilit, 2018), 30, 33.
[3] Kevin G. Harney, Evangelismo orgánico para todos (Redemption Press, 2019).
[4] «7 Prayers To Boldly Share The Gospel Of Jesus», Daily Prayers, 26 de mayo de 2025, https://dailyprayers.com/7-prayers-to-boldly-share-the-gospel-of-jesus/.
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