Efectos del cristianismo (4ª parte)

Abril 30, 2019

Enviado por Peter Amsterdam

[The Effects of Christianity (Part 4)]

(Los argumentos presentados en este artículo se han tomado del libro How Christianity Changed the World, de Alvin Schmidt[1].)

Este cuarto y último artículo sobre algunos de los efectos que ha tenido el cristianismo en el mundo abordará tres aspectos en los que la fe cristiana o personajes cristianos contribuyeron significativamente a transformar el mundo: cambiando la percepción que se tenía del trabajo físico, cambiando la forma de entender los préstamos de dinero, y realizando varios descubrimientos científicos.

La dignidad del trabajo físico

Los antiguos romanos, y los griegos antes de ellos, tenían en muy baja estima el trabajo físico. Para ellos, solo las clases bajas y los esclavos hacían tareas manuales. Los cristianos, al igual que los judíos, tenían una visión mucho más positiva del trabajo. Jesús, un judío del siglo I, trabajó como carpintero (un obrero calificado), y el apóstol Pablo fabricaba carpas. En la 2ª epístola a los Tesalonicenses, Pablo escribió: «Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma»[2]. El ejemplo que dieron Jesús y Pablo como trabajadores hizo que los cristianos vieran el trabajo como algo honroso que agrada a Dios.

En los monasterios medievales, el trabajo era considerado noble, y la pereza, en cambio, como uno de los siete pecados capitales. Los monjes benedictinos del siglo VI veían el trabajo como «una parte espiritual integral de su disciplina, [concepción que] contribuyó en gran medida a aumentar el prestigio del trabajo y la autoestima del obrero»[3]. El trabajo se entendía también como un antídoto contra el pecado de la pereza. En el siglo IV, S. Basilio de Cesarea dijo: «El ocio es un gran mal; el trabajo nos guarda de malos pensamientos»[4].

Durante la Reforma (1517–1648), el concepto de valorar el trabajo y las tareas manuales recibió un espaldarazo. Martín Lutero veía el trabajo como un llamamiento, una forma de servir a Dios. Eso condujo a la idea de que no había trabajos de baja o alta categoría, ni ocupaciones buenas o malas. Todo trabajo, del tipo que fuera, que realizara un cristiano era juzgado honroso, una labor hecha para la gloria de Dios y como servicio a la humanidad. Era noble y era considerado un deber cristiano, un llamamiento, una vocación.

Ajuste de la postura frente a los préstamos de dinero

Juan Calvino (1509–1564), teólogo y reformador francés que se estableció en Ginebra durante la Reforma Protestante, padre de la rama de la teología cristiana conocida como calvinismo, desempeñó un importante papel en el cambio de la postura de la iglesia frente a la usura, el préstamo de dinero con cobro de interés.

Con relación al préstamo de dinero, el Antiguo Testamento mandaba:

Cuando prestes dinero a uno de Mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como usurero ni le cobrarás intereses[5].

Si tu hermano empobrece y recurre a ti, tú lo ampararás; como forastero y extranjero vivirá contigo. No tomarás de él usura ni ganancia, sino tendrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá contigo. No le darás tu dinero a usura ni tus víveres a ganancia[6].

La postura de Calvino con relación al cobro de interés se oponía a las creencias de los cristianos de épocas anteriores. Desde el siglo IV, los teólogos cristianos habían definido como pecado y como acto intrínsecamente malo el préstamo de dinero para obtener una ganancia. En la Edad Media, el préstamo de dinero con cobro de interés para obtener un beneficio garantizado era ilegal para un cristiano, y considerado inmoral, a menos que el prestamista asumiera parte del riesgo de la operación.

Calvino sabía que había dos palabras hebreas traducidas en las Escrituras como «usura». Una era nashak, que significaba «morder» y también «pagar interés»; y la otra tarbit, que significaba «tomar ganancias legítimas». Calvino consideró que los préstamos mordientes eran los únicos prohibidos. Le pareció legítimo prestar dinero con interés a personas que fueran a obtener ganancias con ese dinero. A los pobres que tuvieran algún tipo de empleo, se les podían hacer préstamos sin interés, pero con la expectativa de que devolvieran el dinero. A los indigentes se les debía dar dinero sin esperar que lo restituyeran. Tal interpretación era muy distinta de la anterior perspectiva negativa de la usura que había tenido la iglesia. Esa revisión de las enseñanzas morales tradicionales condujo, en los siglos que siguieron, a cambios significativos y positivos en la economía de los estados de Europa y América.

La ciencia

Las antiguas culturas politeístas de Grecia y Roma creían en dioses que actuaban movidos por la envidia o de un modo irracional en un mundo sin sentido, por lo que una investigación sistemática del mundo y su funcionamiento resultaba fútil. En cambio, el cristianismo, al igual que el judaísmo, enseña que Dios es un ser racional. Como los seres humanos hemos sido hechos a Su imagen, también nosotros somos seres racionales, capaces de usar procesos racionales para estudiar e investigar el mundo en que vivimos.

Durante 1.500 años imperó el concepto, enseñado por Aristóteles (384–322 a. C.), de que el conocimiento solo podía adquirirse empleando la mente en razonamientos deductivos. En el siglo XII, filósofos cristianos como Roberto Grosseteste (1168–1253), obispo franciscano y primer canciller de la Universidad de Oxford, propusieron el método inductivo y experimental como modo de obtener conocimientos científicos. Roger Bacon (1214–1292), otro monje franciscano, discípulo de Grosseteste, afirmó que «todo debe verificarse mediante la experiencia»[7].

Trescientos años después, Francis Bacon (1561–1626), anglicano de gran devoción, impulsó el concepto del razonamiento inductivo llevando un registro de sus experimentos y sus resultados. Promovió la idea de que la ciencia requiere observación minuciosa y metódica a la vez que un riguroso escepticismo sobre lo que se observa. Por ello se le conoce como el padre del método científico.

Nicolás Copérnico (1473–1543) fue criado por su tío, un sacerdote católico. Se doctoró y recibió formación como médico. También estudió teología y derecho canónico. Por un tiempo perteneció a una orden religiosa, aunque no llegó a ser ordenado sacerdote. Introdujo la teoría helioestática, según la cual el Sol está en el centro del Sistema Solar, y la Tierra gira alrededor del Sol. Hasta entonces, la gente creía que el centro del Sistema Solar lo ocupaba la Tierra. Dudó sobre si publicar o no su teoría, porque la Iglesia católica de la época consideraba herejías los nuevos descubrimientos científicos y perseguía a sus autores como herejes. No obstante, dos amigos luteranos lo convencieron para que lo hiciera poco antes de morir.

Johannes Kepler (1571–1630) estudió tres años para ser pastor luterano. Cuando le ofrecieron un puesto como profesor de matemáticas en Austria, se interesó en la astronomía. Sus cálculos matemáticos demostraron que los planetas describen una órbita elíptica alrededor del Sol y que no se desplazan a velocidad uniforme. Momentos antes de morir, cuando un pastor luterano le preguntó en qué ponía su esperanza, respondió: «Única y exclusivamente en la obra de nuestro redentor, Jesucristo»[8].

Isaac Newton (1642–1727), a partir de las leyes planetarias de Kepler, descubrió las de la gravedad. Su libro Principios matemáticos de la filosofía natural es considerado «uno de los mayores aportes en la historia de la ciencia»[9]. Si bien algunos historiadores sostienen que no era cristiano, ciertos pasajes que escribió denotan claramente creencia en Dios.

Dios gobierna el mundo invisiblemente, y nos ha mandado que lo adoremos a Él y no a otro Dios. […] Revivió a Jesucristo nuestro Redentor, que fue a los Cielos para recibir y preparar un lugar para nosotros, y […] que al final regresará y reinará sobre nosotros […] hasta que haya resucitado y juzgado a todos los muertos[10].

Alessandro Volta (1745–1827) fue físico, químico y pionero en la ciencia de la electricidad. Inventó la pila eléctrica. Recibió formación católica, y a lo largo de su vida no dejó de creer. De su nombre derivan los términos voltio y voltaje. Escribió:

No entiendo cómo puede alguien dudar de la sinceridad y constancia de mi apego a la religión que profeso, la religión católica apostólica romana en cuyo seno nací y fui criado, de la cual siempre he hecho confesión, externa e internamente[11].

Robert Boyle (1627–1691) fue filósofo natural, físico y químico. Se le considera el padre de la química y es famoso por la ley de Boyle. También se le reconoce haber sido uno de los pioneros en los métodos científicos experimentales modernos. Aparte de dedicarse a la ciencia, Boyle escribió en defensa de la existencia de Dios y la resurrección de Cristo. Desembolsó grandes sumas de dinero promoviendo el cristianismo en Oriente. Estaba convencido de que la gente debía tener acceso a la Biblia en su propio idioma, por lo que contribuyó a financiar traducciones de la Biblia o de partes de ella a varios idiomas, incluida la versión irlandesa del Antiguo y del Nuevo Testamento para sus compatriotas.

George Washington Carver (c. 1864–1943) nació esclavo en Estados Unidos. Cuando tenía una semana de edad, él, su hermana y su madre fueron secuestrados, llevados a otro estado y vendidos en esclavitud. Su propietario original, Moses Carver, contrató a un detective para que los buscara, pero este solo consiguió hallar a George. Tras la abolición de la esclavitud, Moses y su esposa criaron a George y a su hermano James (que no había sido secuestrado y había permanecido con los Carver) como si fueran sus propios hijos. Ellos animaron a George a proseguir sus estudios. Fue aceptado en una escuela superior, pero cuando se presentó lo rechazaron por su raza. Más adelante asistió a la Universidad Estatal Agrícola de Iowa, en la que fue el primer alumno negro. Terminó obteniendo una maestría en ciencias.

Posteriormente se integró a la Universidad Tuskegee, una universidad para afroamericanos, como profesor e investigador. Se convirtió en la máxima autoridad nacional en lo referente al maní y la batata. Desarrolló más de trescientos subproductos del maní, tan variados como café instantáneo y tinta. De la batata obtuvo más de cien subproductos, como harina, betún y caramelos. Convenció a los agricultores del Sur de EE.UU. para que plantaran maní, batata y pacana en vez de tan solo algodón, con lo que la agricultura del Sur se diversificó. Recibió múltiples premios por su labor, y diversos edificios, colegios y parques llevan su nombre. Carver se hizo cristiano a los diez años. El escritor Henry Morris cuenta que Carver era «un cristiano sincero y humilde» que nunca dudaba en «confesar su fe en el Dios de la Biblia y atribuirle a Él todo su éxito y habilidad»[12].

Si bien a lo largo de la Historia ha habido muchos cristianos destacados cuyos logros influyeron notablemente en nuestro mundo, también ha habido miles de millones de cristianos de los que no sabemos nada y que también tuvieron un impacto positivo. Están los papás y mamás que enseñaron a sus hijos quién es Jesús y, con su manera de vivir su fe, motivaron a estos a hacerse cristianos. Los maestros, cuidadores, misioneros, buenos empleadores y cristianos de toda condición social y profesión que dieron a conocer su fe contribuyeron a transformar la vida de los demás. Cada uno de nosotros, cada día, puede incidir positivamente en su parte del mundo amando al prójimo, siendo amable, justo, comprensivo, generoso, optimista y servicial. Podemos ser inclusivos, respetuosos, comprensivos, humildes, mansos, pacientes y atentos. Si nos esforzamos al máximo por vivir nuestra fe, emular a Jesús, amar a Dios y amar a nuestros semejantes, también nosotros tendremos un efecto positivo en nuestra parte del mundo.


Nota

Todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


[1] Alvin J. Schmidt, How Christianity Changed the World (Grand Rapids: Zondervan, 2004).

[2] 2 Tesalonicenses 3:10.

[3] Lynn D. White, «The Significance of Medieval Christianity», en The Vitality of the Christian Tradition, ed. George F. Thomas (Nueva York: Harper and Brothers, 1945), 91.

[4] Schmidt, How Christianity Changed the World, 197.

[5] Éxodo 22:25.

[6] Levítico 25:35–37.

[7] Roger Bacon, Opus maius.

[8] Max Caspar, Johannes Kepler (Universitat de València, 2018).

[9] Eric Temple Bell, «Newton, Isaac, Sir», The World Book Encyclopedia (Chicago: Field Enterprises Educational Corporation, 1958), 12:5619.

[10] Isaac Newton, «God and Natural Philosophy», en Newton’s Philosophy of Nature: Selections from His Writings, ed. H. S. Thayer (Nueva York: Hafner Publishing, 1953), 66,67.

[11] Alessandro Volta, Epistolario, volumen 5 (Zanichelli, 1955), 29.

[12] Henry Morris, Men of Science—Men of God (San Diego: Creation-Life Publishers, 1982), 104–5.