Jesús, Su vida y mensaje: Los «Yo soy»

Marzo 27, 2018

Enviado por Peter Amsterdam

La resurrección y la vida

[Jesus—His Life and Message: The “I Am” Sayings. The Resurrection and the Life]

Justo antes de resucitar a Lázaro[1], Jesús le dijo a la hermana de este:

Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente[2].

Esta fue la tercera vez que dijo: «Yo soy…» al realizar un milagro. Los casos anteriores fueron cuando dijo: «Yo soy el pan de vida»[3] después de alimentar a cinco mil, y: «Yo soy la luz del mundo»[4] después de curar a un ciego de nacimiento. Esta vez dice: «Yo soy la resurrección y la vida» antes de levantar a un hombre de entre los muertos.

Con las personas a las que revivió —como Lázaro, como el muerto que estaba siendo llevado fuera del pueblo para enterrarlo[5] y como la hija del alto dignatario[6]—, Jesús demostró tener poder sobre la propia muerte. Dicho poder quedó aún más de manifiesto cuando Él mismo resucitó tres días después de ser brutalmente azotado y colgado de una cruz hasta morir. Su resurrección probó que Él era el Hijo de Dios.

Fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por Su resurrección de entre los muertos[7].

Su muerte expiatoria y Su resurrección hicieron posible que los que creen en Él sean también levantados de entre los muertos y tengan vida para siempre. Jesús fue el primero que murió, resucitó y nunca más morirá, por lo que el apóstol Pablo dice que fue «primicias de los que murieron»[8].

Los creyentes, en cierto modo, pasamos por dos resurrecciones. La primera consiste en la experiencia espiritual de la salvación; la segunda ocurrirá físicamente en el momento en que Jesús regrese y nuestro cuerpo se vuelva a unir a nuestro espíritu. El concepto de que la salvación es una resurrección espiritual viene expresado en el libro de Efesios. Pablo escribió:

Estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo[9].

Pero Dios, que es rico en misericordia, por Su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo […]. Juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús[10].

A vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con Él[11].

Antes de salvarnos, éramos pecadores espiritualmente muertos; pero la salvación nos resucitó espiritualmente. Si bien llegará el día en que moriremos físicamente, nuestro espíritu seguirá teniendo plena conciencia y estará en presencia del Señor hasta el momento en que Jesús retorne. Cuando eso suceda, nuestro espíritu se unirá a nuestro cuerpo glorioso, que habrá sido transformado para ser como el de Jesús después de Su resurrección.

Al declarar: «Yo soy la resurrección», Jesús quiso dar a entender que tenía poder para revivir a los muertos. Antes de eso, en el Evangelio de Juan, Jesús dice:

Esta es la voluntad del que me ha enviado: que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él tenga vida eterna; y Yo lo resucitaré en el día final[12].

Nosotros creemos esto porque Él venció a la muerte y resucitó triunfante. Porque Él vive eternamente, también nosotros viviremos eternamente.

Aparte de declarar ser «la resurrección», Jesús afirmó ser «la vida», con lo que quiso decir que tenía poder para conceder vida después de la muerte. Tal autoridad se la dio el Padre:

Como el Padre tiene vida en Sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en Sí mismo[13].

De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre. Todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente […]. Como el Padre levanta a los muertos y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida[14].

En las palabras iniciales y a lo largo del Evangelio de Juan dice que la vida está en Jesús:

En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres[15].

El pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo[16].

Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de Mi mano[17].

Como Él tiene vida dentro de Sí, está facultado para obsequiar con resurrección a todos los que creen en Él. Como Él es la vida, la muerte en definitiva no tiene poder sobre Él; y como da vida espiritual a los que creen en Él, también ellos participan de Su victoria sobre la muerte.

Este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en Su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la vida[18].

El que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente[19].

En el momento de fallecer, abandonamos esta vida terrenal, y nuestro ser exterior muere; pero nuestro espíritu, nuestro ser interior, continúa viviendo eternamente. Además, cuando se produzca la resurrección recuperaremos nuestro cuerpo físico, que habrá sido renovado.

La muerte apareció como consecuencia del pecado.

Como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron[20].

La pasión, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte[21].

La paga del pecado es muerte[22].

La muerte física, que pone fin a la vida física y separa a las personas de sus seres queridos, es un reflejo de la muerte espiritual que se produce cuando uno queda separado de Dios a causa del pecado.

Sin embargo, como Jesús tomó sobre Sí nuestros pecados cuando sufrió y murió en la cruz, y seguidamente triunfó sobre la muerte con Su resurrección, la muerte ha sido vencida. Como estamos unidos a Él, también nosotros resucitaremos y viviremos eternamente con Él.

Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí, y al que a Mí viene, no lo echo fuera. He descendido del cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y la voluntad del Padre, que me envió, es que no pierda Yo nada de todo lo que Él me da, sino que lo resucite en el día final[23].

Cuesta imaginarse un poder superior al de resucitar a los muertos, al de hacer volver el espíritu de un difunto y juntarlo con su cuerpo. Pero eso es ni más ni menos lo que nos sucederá a los cristianos cuando Jesús regrese triunfante.

Todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados[24].

El Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo. Entonces, los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor[25].

¡Resucitaremos porque Él resucitó! Eso es lo que se celebra cada año el día de Pascua. Él es la resurrección y la vida, y si creemos en Él, aunque muramos, viviremos, y ya nunca moriremos.


[1] Para entender el contexto en que Jesús resucitó a Lázaro, v. Jesús, Su vida y mensaje: Milagros — Resucitaciones, 3ª parte y 4ª parte.

[2] Juan 11:25,26.

[3] Juan 6:35.

[4] Juan 8:12.

[5] Lucas 7:11–15.

[6] Lucas 8:49–56.

[7] Romanos 1:4.

[8] 1 Corintios 15:20.

[9] Efesios 2:1,2.

[10] Efesios 2:4–6.

[11] Colosenses 2:3.

[12] Juan 6:40.

[13] Juan 5:26.

[14] Juan 5:19,21.

[15] Juan 1:4.

[16] Juan 6:33.

[17] Juan 10:28.

[18] 1 Juan 5:11,12.

[19] Juan 11:25,26.

[20] Romanos 5:12.

[21] Santiago 1:15.

[22] Romanos 6:23.

[23] Juan 6:37–39.

[24] 1 Corintios 15:51,52.

[25] 1 Tesalonicenses 4:16,17.