Jesús, Su vida y mensaje: En el pueblo que lo vio crecer

Junio 9, 2015

Enviado por Peter Amsterdam

[Jesus—His Life and Message: Hometown Visit]

Los tres evangelios sinópticos narran una visita de Jesús a Nazaret, el pueblo en el que se crio, y cuentan el rechazo de que fue objeto. Lucas pone ese regreso a Nazaret antes en su Evangelio que Mateo y Marcos[1], probablemente por motivos literarios. La versión de Lucas, que examinaremos en este artículo, es más extensa y contiene más detalles que las demás; en cualquier caso, todas coinciden bastante en que Jesús fue desdeñado por la gente del pueblo que lo había visto crecer.

La visita de Jesús a Nazaret tuvo lugar después de los milagros que hizo en Capernaúm, cuando la noticia de Sus actos había comenzado a difundirse por la zona. No se sabe cuánto tiempo llevaba en Nazaret antes de los sucesos que se narran en el pasaje que veremos. Como había vivido en Nazaret desde que era pequeñito y probablemente hasta tener por lo menos cerca de treinta años, debía de conocer a la mayoría de los habitantes del pueblo. Junto con Su padre, José, probablemente había hecho trabajos de carpintería o albañilería para la mayoría de las familias. Es de suponer que muchos de Sus amigos de la infancia todavía vivieran allá. Seguramente Sus hermanas se habían casado con hombres de la localidad y residían allá con sus hijos. (Hay comentaristas que especulan que Sus hermanos, al menos algunos, se habían ido de Nazaret.) Después de cosechar éxitos en otros lugares, Jesús volvía a Su pueblo.

Vino a Nazaret, donde se había criado; y el sábado entró en la sinagoga, conforme a Su costumbre, y se levantó a leer. Se le dio el libro del profeta Isaías[2].

Tal como solía hacer semanalmente todo el tiempo que había vivido allá, al llegar el sábado se dirigió a la sinagoga de Nazaret, donde se le pidió que hiciera la segunda lectura —una lectura de un pasaje de los libros de los profetas— y se le entregó el rollo que contenía el libro de Isaías. En aquel entonces, las Escrituras se conservaban en trozos de papiro o de papel vitela que se pegaban uno a continuación de otro para formar un rollo continuo, con ambos extremos sujetos a cilindros de madera. Los capítulos y versículos no estaban numerados como en las biblias de hoy en día. Los manuscritos se iban desenrollando con una mano y enrollando con la otra hasta encontrar el pasaje que se había escogido.

Habiendo abierto el libro, halló el lugar donde está escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor»[3].

El pasaje del Antiguo Testamento que leyó en el rollo es Isaías 61:1,2. Omitió la última parte del versículo 2, que habla del día de la venganza de Dios, y en cambio incluyó una frase de lo que ahora es Isaías 58:6 sobre dar libertad a los oprimidos.

Isaías 61 da un mensaje sobre la liberación que nos trae Dios y establece paralelos con el año de jubileo, que se celebraba cada 50 años y en el cual todas las deudas se debían perdonar y los trabajadores judíos en régimen de servidumbre debían dejarse libres. Es una imagen de perdón y liberación espiritual, elementos fundamentales del mensaje de Jesús[4]. Comienza diciendo que el Espíritu del Señor reposa sobre el que habla, lo cual constituye un paralelo con momentos como cuando el Espíritu de Dios descendió sobre Jesús en Su bautismo[5], cuando lo condujo al desierto[6] y cuando Él «volvió en el poder del Espíritu a Galilea»[7].

Jesús estaba ungido para «dar buenas nuevas a los pobres». La palabra griega que se emplea aquí para decir «dar» (kerysso) es la misma que se usa en el pasaje que cuenta que Juan el Bautista daba o anunciaba las buenas nuevas al pueblo[8]. Esa alusión al papel profético de Juan da a entender que también Jesús tiene un papel profético. A lo largo de los cuatro evangelios, Jesús es considerado un profeta[9]. La palabra pobres no se refiere únicamente a los que carecen de recursos económicos, sino que tiene también una connotación religiosa: alude a los que ponen los ojos en Dios y dependen de Él[10].

Jesús recibió de Su Padre el encargo de pregonar libertad a los cautivos, de liberar a la humanidad de la cautividad espiritual que causa el pecado. Nos invita a acercarnos a Dios aceptando Su perdón, el cual nos libra de la cautividad y se nos concede por medio de Jesús.

Jesús fue enviado también para pregonar a los ciegos la recuperación de la vista. Aunque Él curó a numerosos ciegos[11], en este pasaje se refiere también a la vista espiritual. En otro pasaje de los evangelios, Jesús se refirió a este fenómeno de ver sin ver diciendo a Sus discípulos:

¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís?[12]

Jesús anuncia que va a «poner en libertad a los oprimidos», expresión que describe una función propia del Mesías y que los oyentes originales probablemente interpretaron así. Debieron de entender que Jesús no solo se estaba declarando profeta, sino también Mesías.

La última parte del pasaje de Isaías 61 habla del «año de la buena voluntad del Señor» y se refiere al año de jubileo. En el antiguo Israel, cada siete años había un año sabático[13], en el cual se mandaba hacer tres cosas: liberar a todos los siervos israelitas[14], perdonar todas las deudas[15] y dejar la tierra en barbecho[16]. Después de siete años sabáticos (49 años), el quincuagésimo año era de jubileo. En el año de jubileo se agregaba un cuarto mandato a los otros tres: que toda la tierra vendida debía devolverse al vendedor[17]. El año de jubileo era considerado un año de remisión y liberación. Por analogía, por medio de Jesús el concepto de jubileo se convierte en una imagen de perdón, redención y salvación total[18].

Leamos lo que sucedió a continuación:

Enrollando el libro, lo dio al ministro y se sentó. Los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros». Todos daban buen testimonio de Él y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de Su boca[19].

El jazán volvió a poner el rollo en el arca donde se guardaba, y Jesús se sentó, listo para enseñar. Todo el mundo lo miraba fijamente, y Él entonces declaró que Isaías 61 se había cumplido. Bock comenta:

La secuencia de versículos indica que Lucas está resumiendo los hechos. Aquí solo incluye una breve declaración de Jesús, pero en el siguiente versículo se explica que el público se quedó impresionado con Su mensaje y Sus hermosas palabras, comentario que da a entender que lo que Lucas nos refiere no fue todo lo que dijo Jesús. El texto dice también que Jesús comenzó a hablar, lo cual sugiere que Su exposición consistió en algo más que una frase[20].

El hecho de que los de Su pueblo se quedaran asombrados con Su retórica y la gracia de Sus palabras no significa que estuvieran de acuerdo con Él o que aceptaran lo que dijo. Fue increíblemente atrevido que anunciara: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros». Al hacer eso, Jesús proclamó que Él era el cumplimiento de las profecías de Isaías.

Pero los del pueblo no lo vieron de la misma manera.

«Decían: “¿No es este el hijo de José?”»[21] El Evangelio de Mateo dice: «“¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama Su madre María, y Sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas Sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, saca este todas estas cosas?” Y se escandalizaban de Él»[22].

Jesús aseguró que el Espíritu de Dios estaba sobre Él, que había sido ungido para proclamar la buena nueva, pregonar libertad, dar vista a los ciegos y liberar a los oprimidos. La respuesta es básicamente: «¿Quién se ha creído que es? ¡Si conocemos a Su papá y Su mamá, a Sus hermanos y hermanas!» Las dudas de los demás sobre lo que Él afirma se centran en el hecho de que es un simple chico del pueblo, que tiene su mismo linaje; por consiguiente, ¿cómo puede decir esas cosas?

Él les dijo: «Sin duda me diréis este refrán: “Médico, cúrate a ti mismo. De tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaúm, haz también aquí en Tu tierra”». Y añadió: «De cierto os digo que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra»[23].

El Evangelio de Marcos agrega que «no hay profeta sin honra» salvo entre sus parientes y en su casa, muy probablemente para recalcar que los familiares de Jesús no creyeron en Él, ni siquiera Sus hermanos[24].

Jesús sabía lo que estaban pensando y se lo dijo. Citó un proverbio conocido[25] y aclaró que lo que ellos querían era que les demostrara lo que afirmaba. Sabía que pedían señales, lo cual generalmente se entendía como una manifestación de incredulidad[26]. Seguidamente se presentó como un profeta al comentar que los profetas son rechazados[27], y terminó con una explicación de lo que sucede cuando se rechaza a un profeta.

En verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio[28].

Rememorando la época, en la historia de Israel, en que Elías y luego Eliseo fueron profetas y llevaron a cabo su ministerio en el país, Jesús mencionó que ellos hicieron descender la bendición de Dios sobre personas que no eran judías. Elías salvó a una mujer, una viuda no judía, probablemente de baja condición, de una ciudad que estaba fuera de Israel. Eliseo curó a Naamán, un sirio, un gentil, que tenía lepra, enfermedad por la que, si hubiera sido judío, habría sido considerado impuro. Jesús dejó bien claro que «dar buenas nuevas a los pobres» significa dárselas a las viudas, los impuros, los gentiles y los de baja condición[29]. Si el pueblo de Su infancia —y con el tiempo gran parte de Israel— lo rechazaba, otros lo recibirían y se beneficiarían de la bendición. La inferencia era que posiblemente, si rechazaban a Jesús, Dios los rechazaría a ellos[30].

Los que lo oían, que conocían bien la vida de Elías y Eliseo, entendieron la insinuación. El hecho de que los compararan desfavorablemente con fenicios y sirios despertó inmediatamente su ira y hostilidad[31].

Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira. Levantándose, lo echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarlo[32].

Ahora el chico del pueblo es considerado un falso profeta, y por tanto merecedor de sufrir la suerte de un falso profeta:

Tal [falso] profeta o soñador de sueños deberá morir […]. Así apartarás el mal de en medio de ti[33].

Esa no fue la única vez en que Jesús casi murió a manos de personas que consideraban que contravenía descaradamente la Ley y debía ser ejecutado sin juicio. En dos ocasiones lo acusaron de blasfemia y casi lo lapidaron[34]. En este caso no se nos dan detalles sobre cómo logró escapar de la gente que se lo llevaba para arrojarlo por un precipicio; solo dice que se escapó.

Él pasó por en medio de ellos y se fue[35].

Como dije antes, los evangelios de Mateo y Marcos refieren de manera mucho más resumida la visita de Jesús a Su pueblo y la incredulidad que allí encontró. Marcos termina diciendo:

No pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos[36].

Jesús y Su mensaje fueron recibidos con incredulidad en Su propia ciudad. Más tarde ocurrió lo mismo en gran parte de Israel. A medida que nos adentramos en los evangelios, se nos dice que Jesús enseñaba con autoridad, que instruía a Sus discípulos y que contaba parábolas. También se nos habla del poder que se evidenciaba en los milagros que realizaba. Sus palabras y acciones daban testimonio de quién era: el Mesías, el Hijo de Dios[37]. Muchos creyeron, pero la mayoría no. Una y otra vez se nos dice que los líderes religiosos de Israel se enfrentaron a Él y lo rechazaron. El rechazo que sufrió por parte de las personas con las que había pasado la mayor parte de Su vida prefigura el rechazo que terminaría sufriendo en Jerusalén.

A pesar de sufrir rechazo en repetidas ocasiones, Jesús continuó con Su misión de anunciar buenas noticias a los pobres, liberación a los cautivos, libertad a los oprimidos, vista a los ciegos físicos y espirituales, y el jubileo de Dios. Hoy en día, a nosotros que somos creyentes llenos del Espíritu del Señor se nos pide que sigamos Sus pisadas y demos a conocer el evangelio, la buena nueva, por mucho que haya personas que lo rechacen y contradigan Su mensaje. Jesús en Su época no convenció a todo el mundo, y nosotros tampoco lo lograremos en la nuestra. No obstante, Él cumplió lo que Su Padre le había encargado, y a nosotros que somos creyentes se nos pide que cumplamos también lo que Él nos encargó. Por mucho rechazo con que nos topemos, sigamos todos Su ejemplo de predicar el evangelio y llevar a los demás libertad espiritual.


Nota

Todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


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[1] Mateo 13:54–58; Marcos 6:2–6.

[2] Lucas 4:16,17.

[3] Lucas 4:17–19.

[4] Bock, Luke 1:1–9:50, 406.

[5] Lucas 3:21,22.

[6] Lucas 4:1.

[7] Lucas 4:14.

[8] Lucas 3:18.

[9] Lucas 7:16,39; 9:8,19; 13:33; 24:19; Mateo 14:5; 21:46; Marcos 6:15; Juan 4:19; 44; 6:14; 7:40; 9:17.

[10] Este punto se explicará más detalladamente en los artículos sobre El Sermón del Monte, de esta misma serie.

[11] Mateo 9:27–31; 11:4,5; 12:22; 15:30,31; 20:30–34; 21:14; Marcos 8:22–26; 10:46–52; Lucas 7:21,22; 18:35–43; Juan 9:1–7.

[12] Marcos 8:18.

[13] Hoy en día, los judíos practicantes de Israel se siguen adhiriendo al concepto de año sabático y a la práctica de dejar la tierra en barbecho cada siete años.

[14] Éxodo 21:2; Deuteronomio 15:12; Jeremías 34:14.

[15] Deuteronomio 15:1–6; Nehemías 10:31.

[16] Éxodo 23:10,11; Levítico 25:1–6.

[17] Levítico 25.

[18] Bock, Luke 1:1–9:50, 410.

[19] Lucas 4:20–22.

[20] Bock, Luke 1:1–9:50, 412.

[21] Lucas 4:22.

[22] Mateo 13:55–57. V. también Marcos 6:3.

[23] Lucas 4:23,24.

[24] Volvieron a casa, y se juntó de nuevo tanta gente que ni siquiera podían comer pan. Cuando lo oyeron los Suyos, vinieron para prenderlo, porque decían: «Está fuera de Sí» (Marcos 3:20,21).

[25] Bock, Luke 1:1–9:50, 416.

[26] Mateo 12:39; 16:1–4; Marcos 8:11,12; Lucas 11:16,29; Juan 2:18; 6:30.

[27] Bock, Luke 1:1–9:50, 417.

[28] Lucas 4:25–27.

[29] Green, The Gospel of Luke, 218.

[30] Bock, Luke 1:1–9:50, 418.

[31] El apóstol Pablo se topó con la misma reacción cuando anunció que, como los judíos lo rechazaban, a partir de ese momento predicaría a los gentiles. Hechos 13:36–52; 22:21,22.

[32] Lucas 4:28,29.

[33] Deuteronomio 13:5.

[34] Juan 8:58,59; 10:30–33. También está el caso de Esteban, al que mataron sin llevarlo a juicio, y en Hechos 7:54–58 y 14:19 se menciona que Pablo fue apedreado sin haber sido juzgado.

[35] Lucas 4:30.

[36] Marcos 6:2–6. Mateo termina el relato de forma similar en Mateo 13:58.

[37] Mateo 11:2–6.