Jesús, Su vida y mensaje: Un conflicto familiar, la verdadera bienaventuranza y la amenaza de Herodes

Julio 21, 2020

Enviado por Peter Amsterdam

[Jesus—His Life and Message: A Family Dispute, True Blessedness, and Herod’s Threat]

Los evangelios incluyen toda una serie de pasajes breves, independientes unos de otros, que narran cosas que Jesús y otros dijeron o hicieron. A veces bastan unas pocas frases para referir esos incidentes o dichos. En este artículo —y en otros que vendrán más adelante— examinaré algunos de esos pasajes breves. Los dichos no guardan relación entre sí, de modo que cada uno estará en su propia subsección.

Un conflicto familiar

En algún punto de la vida pública de Jesús —no se indica el lugar ni el momento en que ocurrió este incidente—, «le dijo uno de la multitud: “Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia”»[1]. Al llamar a Jesús «maestro», la persona se dirigió a Jesús como uno se dirigiría a un rabino judío respetado. Los rabinos, ocasionalmente, resolvían cuestiones de herencias, porque la normativa que las regulaba estaba incluida en la ley del Antiguo Testamento[2], y los rabinos interpretaban lo que enseñaban las Escrituras.

Es probable que el hombre que solicitó la ayuda de Jesús fuera el menor de dos hermanos. Por tener una posición inferior en la familia, buscaba la asistencia de un tercero para convencer a su hermano mayor de que fuera más generoso. No hay muchos detalles, y no está claro si el hermano mayor se había negado a repartir la herencia o si el menor le estaba pidiendo a Jesús que persuadiera a su hermano para que fuera más generoso y le diera una porción mayor de la herencia. Lo que sí está claro es que no le estaba pidiendo que arbitrara entre los dos, sino indicándole el resultado que deseaba, uno que lo favoreciera a él en detrimento de su hermano.

«Pero Él le dijo: “Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?”»[3] Jesús se negó a inmiscuirse y emitir un juicio. Se entiende que empezar la frase por «hombre» le da un tono de reprensión. Jesús no había sido llamado a arbitrar entre los hermanos en este desacuerdo, y en términos generales Su misión no era resolver conflictos personales, sino acercar a la gente a Dios.

«Y les dijo: “Mirad, guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”»[4]. Jesús dirigió esta frase no solo al hermano, sino que la amplió a todos los presentes, tal como indica el pronombre les. La avaricia es un intenso afán de riquezas o posesiones, un deseo codicioso de adquirir más. Figura en varias listas de pecados que hay en el Nuevo Testamento.

Como ellos no quisieron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer cosas que no deben. Están atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia[5].

Estos, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron al libertinaje para cometer con avidez toda clase de impureza[6].

Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: […] malos deseos y avaricia, que es idolatría[7].

Como muestra la insatisfacción del hermano, la codicia puede conducir a desacuerdos y desavenencias. Puede alterar nuestra perspectiva de la vida y lo que consideramos importante. En la Epístola a los Efesios, a una persona avara se la llama idólatra, es decir, se la equipara con alguien que rinde culto y honra a imágenes, que adora objetos en vez de adorar a Dios. La avaricia es peligrosa; por eso Jesús nos previene encarecidamente contra ella.

Jesús los previno contra la avaricia porque sabía que era una cosa del corazón. El hermano que quería que Jesús interviniera en su favor sabía que, al recibir una porción mayor de la herencia, no solo mejoraría su situación económica, sino que también se lo respetaría más en la comunidad, ya que los propietarios de tierras gozaban de una posición social más alta. Jesús optó sabiamente por no inmiscuirse en un asunto interno de dinero de una familia.

A continuación, en el Evangelio de Lucas, Jesús cuenta la parábola del rico insensato, que también versa sobre la avaricia. La parábola está analizada en detalle en Parábolas de Jesús: El rico insensato.

La verdadera bienaventuranza

Después que Jesús explicó ante mucha gente cómo actúan los espíritus impuros[8], «una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: “¡Bienaventurado el vientre que te llevó y los senos que mamaste!” Pero Él dijo: “¡Antes bien, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la obedecen!”»[9]

No se nos explica por qué la mujer levantó la voz para bendecir a la madre de Jesús, pero el caso es que lo hizo. Como por lo general se esperaba que las mujeres guardaran silencio en presencia de hombres, el hecho de que alzara la voz de esta manera ante un público de ambos sexos fue un acto atrevido y valiente. Lo que dijo fue una expresión de gratitud por el ministerio de Jesús, ministerio que honraba a Su madre, dado que en aquella época se valoraba a una madre por los logros de sus hijos.

La respuesta de Jesús muestra que Él no buscaba elogios, sino acción, que la gente reaccionara ante Su predicación. Respondió al comentario de la mujer con Su propia bienaventuranza: «¡Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la obedecen!» Enfatizó que los que obedecen la Palabra de Dios gozan de bendiciones.

No refutó la declaración de la mujer, pero tampoco la confirmó del todo. Lo que ella dijo era cierto, pero incompleto, así que Él manifestó qué era lo más importante en la vida de los creyentes: obedecer la Palabra de Dios. Cierta autora explica:

Una traducción ampliada de la frase sería: «Lo que has dicho es verdad hasta cierto punto. Pero el estado de bienaventuranza de María no se debe únicamente a su relación conmigo, sino al hecho de que ha oído y obedecido la Palabra de Dios. En eso radica la verdadera bienaventuranza»[10].

La amenaza de Herodes

El Evangelio de Lucas narra un incidente en el que unos fariseos le advirtieron a Jesús que Su vida corría peligro. «Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: “Sal y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar”»[11]. Herodes Antipas era el tetrarca de Galilea que había mandado decapitar a Juan el Bautista. Este incidente probablemente tuvo lugar en el norte de Israel, en Perea o en Galilea.

Distintos comentaristas presentan distintos puntos de vista sobre los motivos que tenían estos fariseos. Cierto autor escribe:

Estos fariseos estaban sinceramente interesados en el bienestar de Jesús. […] Algunos fariseos eran favorables a Jesús y el movimiento cristiano, y en este incidente Jesús no los reprendió. Estos fariseos estaban, de hecho, de su parte[12].

Otro dice:

Aunque esto parece un intento de ayudar a Jesús por parte de unos amigos, es posible que fuera una maniobra muy conveniente para echar a Jesús de la región sin recurrir a la violencia[13].

Y otro:

Es quizá más probable que, consciente o inconscientemente, fueran agentes de Herodes. Tras su experiencia con Juan el Bautista, puede que el tetrarca, aunque deseara verse libre de Jesús, no quisiera que le pesara en la conciencia el asesinato de otro profeta. Así que se valió de los fariseos para comunicar una amenaza de muerte[14].

En respuesta a la advertencia de los fariseos, Jesús «les dijo: “Id y decid a aquella zorra: ‘Echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino Mi obra’”»[15]. El apelativo zorra podía tener varios significados. Podía tener el sentido de «persona irrelevante», «embustero», «persona astuta» o «persona destructiva». Es probable que aquí se le quisiera dar el sentido de «embustero» o «persona destructiva», dado que Herodes había matado a Juan el Bautista. Herodes es la única persona que consta que Jesús trató con desprecio[16]. En un pasaje posterior de este mismo evangelio, cuando Herodes estaba deseando que Jesús hiciera un milagro, Él ni siquiera le dirigió la palabra[17]. El hecho de que Jesús mandara a los fariseos: «Decid a aquella zorra» indica que ellos estaban en condiciones de transmitirle Su respuesta, lo cual da a entender que tenían una relación cordial con Herodes.

Existen distintas opiniones sobre cómo interpretar las palabras «al tercer día». ¿Las dijo en sentido literal? ¿Estaba asegurando que en tres días iría a Jerusalén? ¿Estaba anunciando, de manera figurada, una sucesión de acontecimientos día tras día? ¿Se refería a Su resurrección? Probablemente las dijo en sentido figurado: quiso indicar que de momento continuaría atendiendo a los necesitados y sanando enfermos y, cuando terminara eso, iría a Jerusalén para culminar Su ministerio muriendo en la cruz.

«Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga Mi camino, porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén»[18]. Jesús terminaría yendo a Jerusalén, ya que sabía que el cumplimiento de Su misión estaba ligado a esa ciudad. También sabía que a lo largo del Antiguo Testamento los profetas de Dios habían sufrido y algunos habían sido muertos[19]. Era consciente de que Su cometido consistía, en parte, en desempeñar el papel de profeta, algo que otros también reconocieron.

Entonces se incorporó el que había muerto y comenzó a hablar. Y [Jesús] lo dio a su madre. Todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios ha visitado a Su pueblo»[20].

Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: «¿Eres Tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?» Entonces Él les preguntó: «¿Qué cosas?» Y ellos le dijeron: «De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo lo entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y lo crucificaron»[21].

Jesús ya había predicho Su muerte en un capítulo anterior del Evangelio de Lucas. Le preguntó a Pedro:

«¿Y vosotros, quién decís que soy?» Entonces, respondiendo Pedro, dijo: «El Cristo de Dios». Pero Él les mandó que a nadie dijeran esto, encargándoselo rigurosamente, y diciendo: «Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto y resucite al tercer día»[22].

También dijo a Sus discípulos:

Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras, porque acontecerá que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres[23].

Posteriormente en este mismo evangelio dice:

De un bautismo tengo que ser bautizado. ¡Y cómo me angustio hasta que se cumpla![24]

Jesús sabía lo que le aguardaba, pero también sabía que «no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén». Por consiguiente, pudo decir confiadamente que no necesitaba preocuparse por Herodes Antipas en aquel momento, ya que estaba seguro hasta que fuera al sur, a Jerusalén.


Nota

Todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


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[1] Lucas 12:13.

[2] Deuteronomio 21:15–17; Números 27:1–11, 36:7–9.

[3] Lucas 12:14.

[4] Lucas 12:15.

[5] Romanos 1:28,29.

[6] Efesios 4:19. La palabra griega que se suele traducir como «avaricia» está aquí traducida como «avidez».

[7] Colosenses 3:5.

[8] Lucas 11:24–26.

[9] Lucas 11:27,28.

[10] M. E. Thrall, Greek Particles in the New Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 1962), 35.

[11] Lucas 13:31.

[12] Stein, The New American Commentary: Luke, 382.

[13] Bock, Luke Volume 2, 1246.

[14] Morris, Luke, 245.

[15] Lucas 13:32.

[16] Morris, Luke, 245.

[17] Lucas 23:8,9.

[18] Lucas 13:33.

[19] 1 Reyes 18:13; 19:10,14; 2 Crónicas 24:20,21; Jeremías 2:30, 26:20–24, 38:4–6.

[20] Lucas 7:15,16.

[21] Lucas 24:18–20.

[22] Lucas 9:20–22.

[23] Lucas 9:44.

[24] Lucas 12:50.