La Epístola a los Gálatas: Introducción

julio 18, 2023

Enviado por Peter Amsterdam

[The Book of Galatians: Introduction]

La epístola a los Gálatas es una carta escrita por el apóstol Pablo a las iglesias de Galacia, correspondiente a la provincia de Anatolia en la actual Turquía. En tiempos de Pablo la provincia de Galacia limitaba al norte con el Mar Negro y al sur con el Mar Mediterráneo. Se incorporó al Imperio romano en el año 25 a.C. y en ella residían pueblos de diversas etnias que emigraron a Asia Menor. Muchos provenían de la Galia (Francia), pero con el paso de los siglos se habían desplazado hacia el este y se asentaron en Galacia. El libro de los Hechos documenta los viajes de Pablo por la zona del sur de Galacia[1].

Hay cierta discrepancia en cuanto a la fecha en que Pablo escribió la epístola a los Gálatas. Existen dos principales corrientes sobre el tema. La primera es la Teoría del norte de Galacia, que afirma que la carta estaba dirigida a las iglesias del sector centro-norte de Asia Menor, donde se establecieron los galos cuando invadieron la región en el siglo III a.C. Quienes defienden este razonamiento expresan que Pablo visitó la zona durante su segundo viaje misionero entre los años 53 y 57 d.C.

La segunda corriente es la Teoría del sur de Galacia, que afirma que Gálatas fue escrita para las iglesias de la zona sur de la provincia romana de Galacia, donde Pablo fundó iglesias en las ciudades de Antioquía, Iconio, Listra y Derbe durante su primer viaje misionero. Algunos historiadores estiman que Pablo escribió su epístola a los Gálatas desde Antioquía de Siria entre los años 48 y 49 d.C., tras su primer viaje. Otros creen que la escribió en Antioquía de Siria o Corinto entre los años 51 y 53 d.C. Si bien las fechas de los escritos de Pablo tienen importancia para los historiadores, a la mayoría de nosotros nos basta con saber que Pablo escribió la carta a los Gálatas y que para nosotros resulta provechosa.

Pablo, apóstol —no de parte de hombres ni por medio de hombre, sino por medio de Jesucristo y de Dios Padre, quien lo resucitó de entre los muertos— y todos los hermanos que están conmigo; a las iglesias de Galacia[2].

A lo largo de sus escritos Pablo generalmente reafirmaba su autoridad apostólica al principio de sus epístolas, tal como lo hace en este pasaje[3]. Fue llamado por primera vez apóstol cuando el Cristo resucitado se le apareció en el camino de Damasco[4]. Asimismo fue llamado a proclamar el evangelio a los gentiles.

Para esto yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles en fe y verdad. Digo la verdad; no miento[5].

A ustedes, los gentiles, les digo: Por cuanto yo soy apóstol de los gentiles[6].

El apostolado de Pablo se corroboró por las iglesias que estableció.

Si para otros yo no soy apóstol, ciertamente para ustedes lo soy, porque ustedes son el sello de mi apostolado en el Señor[7].

Pablo subrayó que su apostolado no era de origen humano. Esta afirmación sugiere que estaba rebatiendo los reproches que algunos le hacían respecto a su apostolado. Por lo visto algunos oponentes dudaban de su credibilidad, alegando que su evangelio era de origen humano. Sin embargo, eso no era cierto. Su apostolado no procedía de seres humanos, sino directamente de Jesucristo y de Dios Padre.

Al afirmar que Dios había levantado a Jesús de los muertos, Pablo señalaba la trascendencia de la resurrección. Se iniciaba una nueva era en la que Dios cumpliría todas las promesas hechas a Israel y al mundo entero. No obstante, los Gálatas iban en sentido contrario al ceñirse a la circuncisión y a la ley mosaica. Habiendo Jesús resucitado de los muertos, los creyentes ya no estaban obligados a seguir la ley.

Pablo continúa sus palabras de apertura declarando que no era solo él quien les enviaba la epístola; esta venía también de compañeros en la fe que se encontraban con él cuando les escribió a los Gálatas. La carta no iba dirigida a una sola iglesia, sino a todas las iglesias de Galacia.

Gracia a ustedes y paz, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo quien se dio a sí mismo por nuestros pecados. De este modo nos libró de la presente época malvada, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén[8].

Pabló oró que Dios Padre y Jesucristo otorgaran gracia y paz a los creyentes. En los escritos del apóstol, la gracia de Dios generalmente alude al favor inmerecido que éste concede a los creyentes. Sin embargo, a veces también se refiere al poder transformador de Dios, como sucede aquí. Este punto era importante, toda vez que los Gálatas corrían el peligro de aceptar un evangelio que negara la gracia de Dios.

La gracia y paz que provienen de Jesús tienen sus raíces en Su muerte expiatoria en la cruz, la entrega de Sí mismo. Es gracias a Su sufrimiento y a que ofrendó Su vida por nosotros que se nos concede el perdón de nuestros pecados. La muerte de Jesús era necesaria debido al pecado de la humanidad. Se entregó a Sí mismo para que los que creyeran en Él obtuvieran el perdón de sus pecados. Sacrificó Su vida para expiar nuestros pecados, con lo cual los creyentes se libran de vivir separados de Dios y se reconcilian eternamente con su Padre celestial.

…quien se dio a sí mismo por nuestros pecados. De este modo nos libró de la presente época malvada, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre…

Pablo explica a continuación el propósito que tuvo Jesús al entregarse a Sí mismo. Murió para salvar a los creyentes del estado perverso actual del mundo —que incluye nuestra era moderna— y en el cual estaban cayendo los gálatas al creer que para ser cristiano era preciso circuncidarse. Aceptar esa creencia significaría recaer en el pacto mosaico, habiendo ya sido librados de él mediante la muerte de Jesús en la cruz.

…a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Habiendo hablado de Jesús, que murió por nuestros pecados para librarnos de la presente época malvada, Pablo declara una doxología. Una doxología es una expresión de alabanza a Dios. La gloria y honra de Dios se manifiestan a través de Cristo y de Su sacrificio en la cruz. Un autor lo expresa así: Ciertamente Dios será alabado para la eternidad gracias a su obra salvífica en Cristo[9].

Estoy asombrado de que tan pronto se estén apartando del que los llamó por la gracia de Cristo, para ir tras un evangelio diferente[10].

Pablo comienza entonces el cuerpo de la epístola, en el cual presenta la situación que dio pie a que escribiera esta carta urgente. Está indignado de que los Gálatas, a quienes él trajo al Señor, se estaban apartando del mensaje que les había predicado. Se estaban alejando de la esperanza que habían tenido en el perdón de los pecados y estaban abandonando la gracia que poseían en Cristo. Pablo les recuerda que Dios los llamó a la gracia de Cristo. En este contexto, los llamados son los que Dios ha escogido. El llamamiento se refiere a la obra de Dios que trae a la salvación a algunos de los que oyen el evangelio.

Al retroceder y regresar a la circuncisión y a la ley mosaica que Jesús ya había cumplido mediante Su muerte y resurrección, los gálatas estaban desertando del evangelio y trasladándose a un evangelio de realizaciones humanas en lugar de uno basado en la gracia de Dios.

No es que haya otro evangelio, sino que hay algunos que los perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo[11].

Pablo deja en claro que el llamado evangelio de sus desertores no era para nada un evangelio. Perturbaban a los creyentes y los hacían dudar de lo que Pablo les había enseñado. Es probable que esos perturbadores fueran judaizantes, creyentes que querían practicar el modo de vida judío conforme a las enseñanzas del Antiguo Testamento. Algunos de esos alborotadores sembraron dudas en los creyentes acerca del evangelio que proclamaba Pablo. Es factible que llegaran de afuera y enseñaran que el evangelio predicado por Pablo era defectuoso. La frase algunos que los perturban es en plural, lo que indica que eran varios los opositores.

Los que perturbaban a los gálatas y que buscaban pervertir el evangelio de Cristo, pretendían convencer a los creyentes de que se pasaran del verdadero evangelio a uno falso. Como veremos más adelante en la epístola, esos judaizantes trataron de convencer a los creyentes de que se adhirieran a las leyes del Antiguo Testamento a fin de llegar a ser parte del pueblo de Dios. Pablo consideraba que tales requisitos era una enseñanza falsa, ya que obligaba a los creyentes a adoptar la ley mosaica para alcanzar la salvación.

Pero aun si nosotros mismos o un ángel del cielo les anunciara un evangelio diferente del que les hemos anunciado, sea anatema[12].

Pablo pone de relieve que el mensaje depende del contenido —si es que se ajusta al evangelio— y no del mensajero. Por consiguiente, aunque Pablo y sus colaboradores o un ángel proclamara un falso mensaje, pesaría sobre ellos la maldición de Dios. En este y en el siguiente versículo, Pablo señala que proclamar otro evangelio constituye una grave infracción. No lo considera una leve desviación de lo que ha enseñado y predicado en Galacia.

Al decir que quienes proclaman ese falso evangelio sean «anatema», Pablo se refiere a la destrucción y condenación finales contemplada en otras partes. Si alguno no ama al Señor, sea anatema[13]. Pablo se inspira en versículos del Antiguo Testamento en los que la palabra anatema significa condena al exterminio. Por ejemplo: El que ofrezca sacrificio a otro dios, que no sea el Señor, será destruido por completo[14]. Pablo manifiesta claramente que los que proclaman otro evangelio recibirán castigo y que este no solo consistirá en ser excomulgados de la iglesia, sino que será un castigo impuesto por Dios.

Como ya lo hemos dicho, ahora mismo vuelvo a decir: Si alguien les está anunciando un evangelio contrario al que recibieron, sea anatema[15].

Pablo reafirma lo que había escrito anteriormente sobre ser «anatema», solo que lo amplía un tanto. Una vez más, probablemente pensaba en los judaizantes que predicaban un falso evangelio. Pronunció una maldición sobre ellos y echó en el mismo saco a cualquier otro que pregonara un mensaje contrario a lo que él había predicado con anterioridad.

Antes de declarar esto, Pablo recuerda a los gálatas que no estaba enseñando nada nuevo. La primera vez que les testificó ya les había dicho que el evangelio no podía ser alterado. Pablo dejó sentado que los gálatas habían oído y recibido el verdadero evangelio cuando les predicó por primera vez. Por lo tanto, cualquiera que predicara el evangelio en Galacia tenía que anunciar el mismo mensaje que él había enseñado.

¿Busco ahora convencer a los hombres, o a Dios? ¿Será que busco agradar a los hombres? Si yo todavía tratara de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo[16].

Al parecer los opositores judíos opinaban que Pablo no había predicado el evangelio en su plenitud, el cual, según ellos, debía incluir la exigencia de la circuncisión. Probablemente pensaban que había omitido la circuncisión para granjearse el favor de los gentiles de Galacia. En respuesta, Pablo da comienzo a su carta remitiéndose a su autoridad apostólica y rebate el planteamiento de que estaba agradando a la gente.

De haber querido agradar a la gente —cosa que no hizo— no habría llegado a ser siervo de Cristo. Al proferir maldición sobre los que proclaman otro evangelio demuestra que lo que se propone es agradar a Dios y no a la gente.

(Continuará.)


Nota

A menos que se indique otra cosa, todos los versículos de la Biblia proceden de las versiones Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995, y Reina Valera Actualizada (RVA-2015), © Editorial Mundo Hispano. Utilizados con permiso.


[1] Hechos 13–16.

[2] Gálatas 1:1,2.

[3] Véase Romanos 1:1; 1 Corintios 1:1; 2 Corintios 1:1; Efesios 1:1; Colosenses 1:1; 1 Timoteo 1:1; 2 Timoteo 1:1; Tito 1:1.

[4] Hechos 9:1–7.

[5] 1 Timoteo 2:7.

[6] Romanos 11:13.

[7] 1 Corintios 9:2.

[8] Gálatas 1:3–5.

[9] Schreiner, Thomas R., Exegetical Commentary on the New Testament: Galatians (Zondervan Academic, 2010), 78.

[10] Gálatas 1:6.

[11] Gálatas 1:7.

[12] Gálatas 1:8.

[13] 1 Corintios 16:22.

[14] Éxodo 22:20 (NBLA).

[15] Gálatas 1:9.

[16] Gálatas 1:10.