Lo esencial: El pecado

Septiembre 25, 2012

Enviado por Peter Amsterdam

Origen del pecado en el mundo

En el anterior artículo sobre el tema del pecado se estableció que este se introdujo primeramente en el mundo angélico o espiritual cuando los ángeles caídos pecaron. El relato bíblico de la desobediencia de Adán y Eva, que se halla en el capítulo 3 del Génesis, describe la aparición del pecado en el mundo material. En el presente artículo abordaremos la explicación que da el Génesis del ingreso del pecado y también repasaremos brevemente el punto de vista de algunos que, a lo largo de la Historia, discreparon con el relato del Génesis.

El relato del Génesis

La Biblia narra la caída de la humanidad en el capítulo 3 del Génesis, aunque en el capítulo 2 también se mencionan ciertos detalles importantes[1].

Dios creó al hombre (Adán) y dispuso que viviera en un jardín llamado Edén. En él había árboles hermosos con frutos apetitosos. Se hallaban también en aquel huerto el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Y Dios le dijo: «De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás»[2]. Seguidamente Dios creó a Eva, la primera mujer, para que ayudara a Adán. Los dos juntos moraban en el Edén. Vivían desnudos y no se avergonzaban.

En algún momento posterior, una serpiente habló con Eva:

La serpiente […] dijo a la mujer: «¿Conque Dios os ha dicho: “No comáis de ningún árbol del huerto”?» La mujer respondió a la serpiente: «Del fruto de los árboles del huerto podemos comer, pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: “No comeréis de él, ni lo tocaréis, para que no muráis”. Entonces la serpiente dijo a la mujer: «No moriréis. Pero Dios sabe que el día que comáis de él serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y el mal». Al ver la mujer que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido, el cual comió al igual que ella[3].

Apenas pecaron, la situación cambió. Tomaron conciencia de su desnudez y se avergonzaron; se escondieron cuando oyeron a Dios que los llamaba; pretendieron echarle a otro la culpa de su pecado: Eva se la achacó a la serpiente, y Adán a Eva e indirectamente a Dios, puesto que Dios se la había dado como compañía. La tierra fue maldita, y se le dijo al hombre: «Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida»[4]. Dios decretó entonces la muerte de los seres humanos, que según les había advertido, sería una de las consecuencias de comer del árbol: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás»[5].

También fueron expulsados del huerto o jardín.

Luego dijo el Señor Dios: «El hombre ha venido a ser como uno de Nosotros, conocedor del bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, tome también del árbol de la vida, coma y viva para siempre». Y lo sacó el Señor del huerto de Edén, para que labrara la tierra de la que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso querubines al oriente del huerto de Edén, y una espada encendida que se revolvía por todos lados para guardar el camino del árbol de la vida[6].

Si bien algunos teólogos a lo largo de los tiempos han negado el valor histórico de ese relato y lo han considerado puramente simbólico, en el Nuevo Testamento se acepta su historicidad. Otros teólogos argumentan que las biografías de figuras históricas como Abraham e Isaac están redactadas como una continuación del relato del Génesis y que por consiguiente no hay motivo para considerar meramente simbólica la primera parte del libro y atribuir al resto un carácter histórico. A Adán se lo incluye en las genealogías junto con otros personajes históricos de la Escritura. En el Nuevo Testamento el apóstol Pablo consideró a Adán un personaje histórico cuando escribió acerca de él y hasta lo contrastó con Jesús, que Pablo sabía muy bien que era una figura histórica.

Así también está escrito: «Fue hecho el primer hombre, Adán, alma viviente»; el postrer Adán, espíritu que da vida[7].

Adán fue formado primero, después Eva[8].

Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados[9].

Aunque las Escrituras presentan como históricos los sucesos descritos en el Génesis, y hablan de Adán y Eva como figuras históricas, el relato también encierra simbolismo. El primer pecado de Adán y Eva es representativo del primer pecado de cada persona. En su fuero interior tomaron la decisión de desobedecer a Dios, de anteponer sus deseos a la voluntad divina. Cedieron a la tentación; se dejaron deslumbrar por algo agradable a los ojos que los llevaría a ser como Dios. Como todo ser humano, incurrieron en pecado. Pero ese simbolismo no significa que esas cosas no ocurrieran realmente.

William Lane Craig se refiere en estos términos al relato del Génesis:

La desobediencia de Adán es un hecho histórico, algo que realmente ocurrió. La humanidad se hundió de esa manera en el pecado. No es un episodio mitológico. Por otra parte, está narrado en un estilo literario y dramático al que no debe exigírsele exactitud y en el que no se debe tomar cada detalle al pie de la letra. Eso se evidencia, por ejemplo, cuando narra que Dios se paseó por el huerto buscando a Adán y Eva y diciendo: «Adán, ¿dónde estás?», mientras ellos se escondían de Él. Dios no es una persona física que se pasee dotada de un cuerpo y que no sepa dónde se oculta alguien. En este relato de la caída de la humanidad figura una serpiente parlante y otros detalles curiosos. Creo que podría decirse que se trata de una narración de un suceso histórico en un estilo literario, dramático o pintoresco, y que no se debe buscar en ella la precisión que se esperaría de un informe policial[10].

El primer pecado

Cuando Dios mandó a Adán que no comiera del árbol del conocimiento del bien y del mal, no le dio ningún motivo por el que establecía esa prohibición; se limitó a advertirle que ese hecho tendría graves consecuencias. Adán tuvo oportunidad de demostrar su deseo de cumplir los mandamientos de Dios, de someter su voluntad a la de su Creador. Puede entenderse como una prueba para ver si Adán dejaría que Dios determinara lo que era bueno o si él mismo se arrogaría la tarea de determinarlo[11].

El primer pecado de Adán y Eva muestra la esencia del pecado. Se resistieron a la voluntad de Dios y no quisieron subordinarse a ella, sino que optaron por hacer lo que consideraron mejor para ellos. No permitieron que Dios lo decidiera.

Louis Berkhof lo explica de esta manera:

La esencia de aquel pecado está en el hecho de que Adán adoptó una actitud de oposición a Dios, de que rehusó someter su voluntad a la de Dios y permitir que Él trazara el curso de su vida; y de que se empeñó en determinar el futuro por sí mismo en vez de dejar el asunto en manos de Dios[12].

En vez de aceptar que Dios era su Creador y que por tanto debían subordinarse a Él, cedieron a la tentación de ponerse a sí mismos en el lugar de Dios.

Dios había dicho que si comían del árbol ciertamente morirían. La serpiente lo rebatió y les aseguró que no morirían. Dios les había dicho la verdad, pero ellos descreyeron de Su palabra. Cuestionaron quién tendría razón.

Las decisiones que tomaron Adán y Eva —de no subordinarse a Dios, de no aceptar Su determinación de lo que estaba bien y de no creer lo que Él había dicho— son emblemáticas de la raíz de los pecados particulares que han cometido las personas a lo largo de la Historia. Todo ser humano tiene la misma tentación de pecar que nuestros primeros antepasados, y todo ser humano cede a esa tentación. Al obrar así, todos nos portamos con Dios de la misma manera que Adán y Eva.

Antes de ese primer pecado, Adán y Eva vivían en armonía con el Creador. Disfrutaban de Su compañía. Confiaban y creían en Él. Su decisión de desobedecer, tomada por su propia voluntad, cambió esas condiciones, no solo para sí mismos, sino para todos los seres humanos. Ese pecado condujo a la caída de la humanidad, que desde entonces no ha vuelto a ser igual.

J. I. Packer explica:

El pecado original —es decir, el pecado derivado de nuestros orígenes— no es una expresión bíblica —la acuñó Agustín—, pero nos aporta un enfoque favorable sobre la realidad del pecado en nuestro sistema espiritual. La afirmación de que tenemos un pecado original no significa que la naturaleza humana, tal como Dios la concibió, sea pecaminosa —«Dios hizo al hombre recto», dice Eclesiastés 7:29—, […] sino que (a) la inclinación al pecado marca a cada persona desde su nacimiento y está presente en un corazón cuya motivación está viciada desde antes de cometer ningún pecado; (b) esa inclinación interior es raíz y origen de todo pecado; y (c) la hemos heredado de Adán, nuestro primer representante delante de Dios, de manera misteriosa pero muy real. Al hablar de pecado original dejamos bien claro que no somos pecadores porque pecamos, sino que pecamos porque somos pecadores y nacemos con una naturaleza esclavizada al pecado[13].

Los seres humanos somos culpables de pecado delante de Dios por el hecho de que el pecado de Adán y Eva se nos imputa a todos y también por nuestra propia acción pecadora. Siendo pecadores, estamos separados de Dios; morimos físicamente, somos culpables delante de Él y merecemos que se nos castigue por nuestros pecados.

Dios, por amor a la humanidad, concibió un medio por el cual los seres humanos obtuvieran perdón, se reconciliaran con Él y se libraran de Su ira.

Como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación que produce vida. Así como por la desobediencia de un hombre muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, muchos serán constituidos justos[14].

La paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro[15].

Posturas divergentes

A lo largo de la Historia ha habido cristianos que no aceptaron la versión bíblica de la aparición del pecado en el mundo, o que los seres humanos nazcan con pecado o con una naturaleza pecaminosa debido a la caída de Adán y Eva en el pecado a raíz de su desobediencia. Abordaré brevemente algunas de esas posturas discordantes.

En el siglo V, Pelagio, un monje británico, rechazó el concepto de que los seres humanos lleguen al mundo con una índole pecaminosa. Enseñó, por el contrario, que nacen inocentes y libres de la tendencia natural a pecar. Sostuvo que el mal no se introdujo en la humanidad por el pecado de Adán, sino porque los seres humanos aprenden a pecar al imitar el mal ejemplo de sus semejantes. Enseñó que algunas personas obedecen perfectamente a Dios y por consiguiente pueden vivir sin pecar. También rechazó el concepto de que la muerte constituyera parte del castigo que Dios impuso a Adán y Eva por haber pecado. El pelagianismo fue condenado como una herejía en el Concilio de Cartago del año 418 y el Concilio Ecuménico del año 431.

El pelagianismo resurgió en el siglo XVI con las enseñanzas del movimiento sociniano, que negaba el pecado original (pecado heredado), es decir, que la culpa del pecado de Adán se impute a todos los seres humanos y que la muerte sea un castigo derivado del pecado. Los socinianos también consideraban que los seres humanos pecan porque aprenden a pecar de otros.

En los siglos V y VI algunos teólogos adoptaron una versión modificada del pelagianismo, conocida como semipelagianismo. Sostuvieron que el pecado de Adán debilita espiritualmente a los seres humanos, pero no causa su caída. Según ellos, la humanidad hereda cierta medida de corrupción moral que no llega a ser pecado ni culpa, y por ende no merece la ira de Dios.

Algunos teólogos modernos rechazan la existencia de Adán como figura histórica y la idea de que hubiera una pareja humana originaria que vivió en el Edén. No aceptan que el relato del Génesis sea una narración histórica; lo consideran más bien una alegoría simbólica. Otros lo califican de mito o parábola. Según ellos, representa lo que le sucede a todo ser humano cuando toma la decisión soberana de pecar, rebelándose contra la autoridad divina. Por tanto, niegan que el pecado se herede de generación en generación, y lo ven simplemente como un aspecto inevitable de la naturaleza humana.

En el siguiente artículo profundizaremos más en cuestiones como el pecado heredado, nuestra naturaleza pecaminosa y que el pecado de Adán se le imputara a la humanidad entera, así como la relación que tiene todo ello con nuestra fe y salvación.


[1] Dios plantó un huerto en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado. E hizo el Señor Dios nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:8,9).

Tomó, pues, el Señor Dios al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo cuidara. Y mandó el Señor Dios al hombre, diciendo: «De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás» (Génesis 2:15–17).

V. también el capítulo 3 del Génesis.

[2] Génesis 2:16,17.

[3] Génesis 3:1–6.

[4] Génesis 3:17.

[5] Génesis 3:19.

[6] Génesis 3:22–24.

[7] 1 Corintios 15:45.

[8] 1 Timoteo 2:13.

[9] 1 Corintios 15:22.

[10] Craig, William Lane: The Doctrine of Man, charla 9 de la serie Defenders.

[11] Berkhof, Louis: Teología sistemática, Libros Desafío, 1998.

[12] Berkhof, Louis: Teología sistemática, Libros Desafío, 1998.

[13] Packer, J. I.: Concise Theology, Tyndale House Publishers, Carol Stream, EE.UU., 1993, p. 83.

[14] Romanos 5:12,17–19.

[15] Romanos 6:23.

Traducción: Jorge Solá y Gabriel García V.