Nuestro encuentro con Len

Agosto 17, 2012

Enviado por María Fontaine

A Peter y a mí nos urgía tomarnos un descanso, de modo que decidimos ir en auto a una ciudad cercana a pasar unos días tranquilos y hacer un poco de turismo. Como llegamos más tarde de lo que habíamos planeado y al darnos cuenta de que ubicarnos en el centro de la ciudad no era tan sencillo como habíamos pensado, decidimos dejar el coche en un estacionamiento y tomarnos un taxi hasta el hotel, que se encontraba a unos diez minutos de donde estábamos. Bastante cansados y desgastados, arrastramos nuestro equipaje hasta el sitio de taxis más cercano.

Sonriente, apuesto y jovial, Len acercó su coche a la acera. El joven nos cayó bien de inmediato. Fue un alivio enterarnos de que hablaba muy bien en inglés, en un país donde encontrar a alguien que nos entendiera no era fácil. Nos enfrascamos en una conversación de lo más interesante acerca de la ciudad, pero más que nada, sobre su vida. Había vivido en los Estados Unidos por un tiempo, y también había estado de visita en Inglaterra en varias ocasiones. Parecía estar disfrutando la vida y se lo veía un hombre seguro de sus capacidades; el tipo de persona que desearíamos haber podido conocer más a fondo.

La congestionada y ajetreada calle donde estaba ubicado el hotel apenas nos dio unos momentos para descargar nuestro equipaje en la vereda. Después de que Peter le pagara a Len, yo le di un folleto de Con cariño, para ti, y le dije: «Len, das la impresión de ser una persona exitosa, que las cosas bajo control en tu vida, pero a lo mejor algún día esto te venga bien. Por eso, te recomiendo que no lo pierdas.» Echándole una mirada al panfleto, de inmediato captó que era acerca de Dios, y sin vacilar contestó: «Pues la verdad es que he estado queriendo aprender más acerca de Jesucristo. A lo mejor esto me ayude.»

Tras despedirse con un caluroso saludo, nuestro encuentro corto pero memorable acabó ahí, en medio de los bocinazos de choferes impacientes, que lo obligaron a seguir camino.

Nos quedó claro que el retraso que habíamos sufrido aquella mañana, a consecuencia del cual acabamos tomando ese taxi en el momento en que lo hicimos, había sido el medio del que se valió el Señor para ponernos en aquel lugar a la hora exacta en que necesitaba que conociéramos a Len. También nos dimos cuenta de que no podemos basarnos en las apariencias ni tan siquiera en la conversación para interpretar quién se encuentra en una búsqueda espiritual y quién no. Otra persona pudo haberlo ayudado a dar el siguiente paso en su proceso de búsqueda de la verdad, sin embargo, por alguna razón evidentemente el Señor quería que fuésemos nosotros. Estábamos ahí. Estábamos disponibles. Estábamos dispuestos. Queríamos promover el reino de Dios. Qué privilegio, saber que podemos realizar la tarea más importante del mundo: poner a las personas en contacto con Dios todopoderoso, darles una oportunidad de conocer Su amor incondicional.

Creo que nunca perderé esa curiosidad que tengo de entender los propósitos del Señor y las cosas que hace entre bastidores en nuestra vida y la de quienes se cruzan en nuestro camino. Me inspira fe saber que Dios, que todo lo sabe, está dispuesto a darnos información sobre las personas en que nos interesamos y por las que oramos, que de otra manera no tendríamos cómo averiguar.

A continuación reproduzco lo que el Señor me indicó en profecía con respecto a mi encuentro con Len:

Cuando uno de los Míos clama a Mí, moveré cielo y tierra de ser necesario. Siempre respondo al corazón que está ávido de conocer la verdad. ¿Cómo no iba a hacerlo? Su corazón estaba abierto a lo que fuera que le enviase, si es que lo ayudaba a entender más de Mí. No se puede apresurar al corazón. Pero en ese preciso instante, él estaba abierto a hallar respuestas a sus interrogantes. Estaba harto de la vida que llevaba. Ya prácticamente había probado todo lo que parecía poder darle algo más. De a ratos se había sentido feliz, pero anhelaba algo más que ni siquiera lograba explicar, y se sentía impulsado a encontrarlo.

Hasta que los vio a ustedes esperando en la parada de taxis con sus maletas. Se dio cuenta de que estaban cansados y desgastados, pero igual notó que emanaban un brillo especial. Cuando le dieron el folleto, se expresó de manera muy directa acerca de su búsqueda. No sabía por qué se lo dijo a ustedes, pero le pareció bien hacerlo.

Como consecuencia de ese encuentro, la vida de Len ha dado un importante giro en una nueva dirección. Ustedes se fijan en los obstáculos, las demoras en llegar al sitio que tenían que ir, pero Yo veo el complicado posicionamiento y los tiempos que considero importantes para orquestar las cosas por el bien de esa alma y de la vida de otras personas a las que él impactará en el futuro.

Por insignificante que parezca en el plano material, este fue un encuentro clave en su viaje. Cuando esperan que me sirva de ustedes donde sea que se encuentren, esa misma apertura a Mi Espíritu los guía a esas personas y situaciones que están listas y esperando dar el próximo paso en su travesía en dirección a Mí.


Traducción: Quiti y Antonia López