Ollas y sartenes

Marzo 26, 2016

Enviado por María Fontaine

[Pots and Pans]

Hace poco meditaba acerca de tomar decisiones equivocadas, pues yo había tomado algunas y me sentía un poco desanimada. ¿Alguna vez has tenido que enfrentar decisiones equivocadas que has tomado en la vida? La mayoría de nosotros disfrutamos al darnos cuenta de que hemos tomado decisiones acertadas y sin duda vemos los beneficios de ellas. Sin embargo, es más difícil ver que puede salir algo bueno de nuestras decisiones equivocadas. Tomamos bastantes decisiones de esas, desde las pequeñas que a menudo ocultamos debajo de la alfombra, con la esperanza de que nadie lo note, hasta las que son más llamativas y notorias. ¿Esas cosas te dejaron sintiéndote inútil y que sufriste una derrota? Tal vez te parezca que hagas lo que hagas, nunca lograrás compensar por tus errores. Es posible que te parezca que se han perdido las bendiciones que habrías recibido si no hubieras tomado esas decisiones y que tu vida jamás será tan buena ni completa como lo habría sido sin esas equivocaciones.

Creo que el Señor quiere que veamos los altibajos que experimentamos en la vida por medio de los ojos de la fe. Ya sea que tomemos una decisión correcta o equivocada, podemos aprender muchas cosas buenas. En realidad, creo que al tomar decisiones equivocadas muchas veces nos beneficiamos en igual medida y en algunos casos hasta más.

A menudo, las decisiones correctas que tomamos resultan en bendiciones y que con mayor rapidez establezcamos una conexión más fuerte con el Señor. En el caso de las decisiones equivocadas, aunque a menudo signifiquen que el camino delante de nosotros tal vez sea más largo y difícil, de todos modos nos pueden dejar las enseñanzas y crecimiento que nos hagan falta. A medida que aprendemos a pedir al Señor que nos guíe a pesar de nuestras malas decisiones, el camino más difícil por el que esas decisiones nos han conducido nos lleva más cerca al Señor, y eso ocurre por medio del arrepentimiento. Dan un medio de relacionarnos con otras personas respecto a sus defectos. A la larga, el Señor nos saca adelante en las dificultades que resulten de nuestras decisiones equivocadas. Y seremos más prudentes y estaremos mejor preparados para pasar a la siguiente etapa de nuestro desarrollo espiritual.

Debido a Su sacrificio, Jesús puede en última instancia hacer que nuestros errores y decisiones equivocadas se conviertan en mayores victorias, si se lo permitimos. Puede llevarnos a donde tenemos que estar, que obtengamos lo que personalmente necesitamos de esta vida y sus circunstancias. Así pues, cuando tomes una decisión equivocada, la clave es aprender de ello, no condenarte por tus fracasos. El Señor no te condena.

La Biblia promete: «¡Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús!»[1] A Dios le encanta que reconozcas las maneras en que puedes crecer a medida que aceptes lo que Él quiere hacerte ver de la situación. Eso es parte de lo bueno que te ayuda a obtener.

Miremos el caso del hijo pródigo. Se rebeló con terquedad por egoísmo y codicia. Aunque su camino fue más largo y más difícil que el de su hermano mayor, aprendió a entender el amor que su padre tenía por él. Maduró por medio de lo que sufrió. Perdió su herencia física, pero obtuvo algo mucho mayor. Aprendió a valorar su legado espiritual, el amor del padre por él, que fue infinitamente mayor que solo las cosas que antes parecían más importantes. Aunque el hermano mayor tomó una decisión prudente al persistir en las tareas que el padre le había encomendado y fue recompensado por ello, de todos modos tomó decisiones equivocadas de las que también podía sacar enseñanzas y madurar, como por ejemplo su falta de compasión y perdón de los errores de los demás.

Todo es parte del proceso. Deberíamos esforzarnos por hacer todo lo posible, por tomar decisiones acertadas. Podemos ahorrarnos muchas dificultades cuando elegimos con acierto. Sin embargo, hay veces en que todos fallamos. Simplemente es parte de la razón por la que estamos aquí en esta vida: aprender y crecer. Es imposible evitar que se tome una decisión equivocada. El objetivo es aprovechar al máximo las decisiones buenas y prudentes que tomamos, y hacer que los errores y decisiones equivocadas se conviertan en experiencias de aprendizaje. Por medio de esos altibajos podemos aprender sabiduría y las profundidades de la misericordia y compasión de Dios; y muchísimo más que podemos transmitir a los demás. Cuando yo había tomado decisiones que llevaron al estrés, el Señor me dio una imagen para ilustrar ese punto. Comentó:

«Si estuviera buscando perfección en quienes desean vivir para Mí, habría hecho clones de Mí mismo. Podría haber hecho que nacieras como un clon, o podría haberte convertido en un clon cuando decidiste seguirme. Sin embargo, como bien lo sabes, aunque eres una nueva criatura, de todos modos eres tú. Tarde o temprano todos toman alguna decisión equivocada y eso termina en un lío. Pero puedo valerme de ti ahí mismo donde te encuentras. Te has equivocado y te estresaste excesivamente, y trataste de hacer algo con tus propias fuerzas, y ahora tienes problemas de salud que vienen de ese estrés. Me valdré de ti en ese estado de aflicción para ir al encuentro de otros y hacerles ver la fuerza interior que la fe y el amor pueden dar, pase lo que pase. Al fin y al cabo, una vasija gastada de todos modos es muy útil.

»Por ejemplo, entras a una cocina que ha sido muy usada y que pertenece a un atareado chef que prepara deliciosas comidas. No encontrarás estantes llenos de ollas y sartenes brillantes, perfectos, que se exhiben allí. En cambio, las ollas y sartenes tienen imperfecciones. Tienen manchas de grasa, hendiduras y abolladuras, entre otras cosas. Una cocina como esa es un lugar de servicio. ¿Esos defectos evitan que sea útil? No.

»Pregunta a cualquier chef cuáles son sus ollas y cacerolas preferidas. Probablemente serán las que le sirven bien, que son de eficacia demostrada por el tiempo. En muchos casos, serán las que se han utilizado bastante, y que tienen marcas que lo demuestran.

»Agradéceme por los desafíos de tu vida. Confía en que estoy ahí contigo, donde estás, y que te indicaré cuál será el siguiente paso que debes tomar. Confía en que en esos momentos te sacaré adelante y que serás una mejor persona, más prudente, más fuerte, alguien que logra lo que sé que dará buen fruto para ti, para los demás y para Mi reino. En vez de lamentarte por tus errores o perder tiempo deseando que hubieras tomado decisiones diferentes, pídeme que me valga de ti ahí mismo donde te encuentras.

»Puedes ser una cacerola fiel, útil, en la que se puede confiar, que es práctica y valiosa para mí, tu chef principal. ¡Juntos podemos hacer maravillas!»


[1] Romanos 8:1.