Una práctica sencilla

Mayo 2, 2015

Enviado por María Fontaine

[Practice Runs]

Todos conocemos la importancia de la oración y la manera que Dios la emplea en nuestra vida. Si bien desconocemos algunos de sus componentes y a menudo nos preguntamos por qué algunas oraciones reciben respuesta y otras al parecer no, hemos orado suficiente como para reconocer la intervención, protección y provisión divinas, y los cuidados que Dios nos prodiga de muchas maneras. Explicar la importancia de la oración y los muchos beneficios que representa puede ser parte integral de nuestra testificación. Recientemente, uno de los métodos que empleo en mi testificación es practicar las distintas maneras de explicar la oración a otros.

Una de las técnicas más conocidas de los oradores para practicar lo que van a decir es imaginar el escenario y realizar lo que se conoce como ensayo o repaso entre bastidores. Es una herramienta eficaz que algunos querrán probar para infundir mayor confianza a su testificación. Los oradores emplean ese método al articularlo frente a un espejo, grabarlo en video o guardarlo en audio. En ocasiones hablan sin ver el discurso escrito, sino repasándolo en su mente.

Volviendo a mi testificación, suelo explicar los principios de la oración de manera concisa a la persona por la que me ofrezco a orar. Puesto que forma parte de una conversación, debo imaginar lo que va a decir la otra persona y cuál será mi respuesta. Es similar a «procurar con diligencia presentarte a Dios aprobado» y «estar siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón»[1].

No consiste en memorizar frases específicas de forma mecánica, sino en practicar expresarse de distintas maneras, dependiendo de la situación y de su interlocutor. El ensayo ayuda a formular el concepto general de forma sencilla y en términos generales y a expresarse con mayor fluidez y espontaneidad.

El siguiente es un ejemplo: me decidí a ensayar en mi mente sin la ayuda de frases escritas. Imaginé una conversación con una persona que conozco desde hace poco tiempo. El caballero en cuestión abraza una mentalidad alternativa o similar al movimiento nueva era. Por lo que entiendo, siente afinidad con ideologías de varios países orientales.

Nuestras conversaciones se dan en períodos de tiempo reducidos; pero aunque breves, me esfuerzo por animarle y testificarle un poco. Uno de los temas que más interesan a la gente es la oración.

Existen ocasiones en que, motivados por el deseo de no ser demasiado tajantes, evitamos decir lo que queremos. Sin embargo, en muchas ocasiones nuestros oyentes sienten mayor interés del que imaginamos. Conviene hablar con optimismo y obtener la aceptación de otros, pero no debemos preocuparnos por ello al punto de no seguir al Espíritu del Señor y transmitir el mensaje que Él desea.

En la conversación que practicaba en mi mente, buscaba cambiar mi tendencia a ser demasiado cautelosa. Era preciso que fuera más franca y directa, y que tomara la iniciativa en vez de esperar a que los demás me comunicaran sus interrogantes.

Veamos otro ejemplo. Cuando lo único que se dice a alguien es: «Voy a orar por ti», sin más explicación, es posible que sientan confusión, deseando que les explicáramos más y respondiéramos sus preguntas. ¿Qué interrogantes pueden tener que no se animan a expresar?

¿A quién oras? ¿Qué diferencia marca la oración? ¿Qué beneficios me reportaran las oraciones?

Las respuestas concisas a esos interrogantes pueden ayudarles a reconocer la mano de Dios en su vida y ser más abiertos a Su verdad y Su Espíritu. Por lo menos hará que mediten en ello.

Procuro expresarme en términos sencillos, para que mis palabras se interpreten correctamente.

Suelo emplear una variación de las siguientes frases:

«Me gustaría orar por ti, porque la Persona con la que me comunico en oración, Jesús, tiene poder ilimitado y siente amor incondicional por ti. Sé que responderá de una manera que te llegue al alma. Yo lo conozco y lo amo. Mantengo una relación personal con Él. Sé que atiende a mis oraciones y me ayuda, y que te ama y desea ayudarte a ti también.»

Cabe añadir la importancia de mantenerse abierto al Espíritu del Señor y determinar si tienen otros interrogantes. Nuestros interlocutores suelen hacer más preguntas si se demuestra disponibilidad a responderlas y ofrecer respuestas.

En la conversación que imaginé, las preguntas eran: ¿Cómo funciona el tema de la oración?, o: ¿Debo creer en la persona a quien oras para que tu oración surta efecto en mí?

Y mis respuestas fueron:

«Puesto que yo me ofrezco a orar por ti, Jesús responderá mi oración. Él quiere que comprendas que es real, y que también escuchará y responderá tus oraciones.

»Las respuestas a la oración a veces son inmediatas y sus efectos resultan visibles, pero en ocasiones surten efecto tras bambalinas y se vuelven evidentes solo al cabo de un tiempo. Sin importar cuándo se note su efecto, puede que no se produzca de la manera esperada. Es posible que Él no resuelva un problema, sino que te infunda paz y fuerza interior para superar las dificultad y volverte más sabio o fuerte.

»O puede disipar el temor y la preocupación, y transformar el problema en una situación favorable, que te ayudará a ti y a otros. Si bien no puedo predecir Su respuesta exacta, sé que responderá. Tampoco aseguro una sola respuesta. Lo que es más, anticipo que Él continuará proporcionándote ayuda hasta llegar al cielo y más allá.

»A Jesús le gusta que lo honremos pidiéndole ayuda en oración. Nuestra humildad al solicitar Su ayuda lo acerca a nosotros.»

Imagino una respuesta como:

Pero, ¿por qué respondería Jesús a mis oraciones? Ni siquiera lo conozco. No he hecho nada por Él.

A lo que respondería:

«Todo el que precise Su ayuda puede pedirla. Él quiere mostrar Su compasión a todo el que esté listo a recibir de Él con humildad. Ha prometido que a todo el que se acerque a Él, no lo echará fuera[2]. Cuando se ora a Jesús, se abre un canal para que Él obre más directamente en nuestro favor. Sencillamente dile que no entiendes el motivo por el que te ayudaría cuando no lo has seguido, pero que te han asegurado que te ayudará y que precisas Su ayuda con urgencia.

»Siempre vale la pena aceptar el amor de Dios mediante el accionar de la oración. Es sencillo y no tiene complicaciones. Cuéntale la situación como se la contarías a tu mejor amigo o confidente. Él te entiende mejor que ninguna otra persona y te ama tal como eres. Puedes tener la certeza de que prestará atención a lo que digas, y que te guiará y dirigirá amorosamente a las soluciones más acertadas.»

La práctica de este sencillo método me infunde confianza y me permite concentrarme en las necesidades de mi interlocutor, en vez de preocuparme por formular mis pensamientos. Me recuerda una anécdota de la cantante Jenny Lind. Su instructor de canto le recomendó practicar con su mente en casa, pero que en el escenario cantara con el corazón. Espero que cantemos Sus alabanzas y verdad desde un corazón pleno y lleno de confianza, y de la manera que Él lo desea.


[1] 2 Timoteo 2:15; 1 Pedro 3:15

[2] Juan 6:37