Vivir el cristianismo: Los Diez Mandamientos (Infertilidad y adopción)

Febrero 11, 2020

Enviado por Peter Amsterdam

[Living Christianity: The Ten Commandments (Infertility and Adoption)]

(Partes de este artículo provienen del libro Christian Ethics[1] de Wayne Grudem.)

En los últimos artículos hemos analizado las perspectivas bíblicas sobre el matrimonio, el divorcio y el control de la natalidad. Los temas de la infertilidad y la adopción, que cubriremos en el presente artículo, también se enmarcan dentro de la categoría de matrimonio y sexualidad.

Infertilidad

Las parejas que se casan en edad de procrear generalmente suponen que en alguna etapa de su matrimonio tendrán niños. La Escritura enseña que tener hijos es una bendición de Dios:

He aquí, heredad del SEÑOR son los hijos; recompensa es el fruto del vientre. Como flechas en la mano del valiente, así son los hijos que se tienen en la juventud[2].

¿Acaso Dios no los hizo un solo ser, en el que abundaba el espíritu? ¿Y por qué un solo ser? Pues porque buscaba obtener una descendencia para Dios. Así que tengan cuidado con su propio espíritu, y no sean desleales con la mujer de su juventud[3].

Hay ocasiones, sin embargo, en que las parejas no pueden tener hijos porque el sistema reproductivo del marido, de la mujer o de los dos no funciona debidamente. A lo largo de las Escrituras encontramos diversos casos en que las parejas tenían dificultades para procrear, a saber: Sara, esposa de Abraham[4]; Raquel, esposa de Jacob[5]; la madre de Sansón[6]; Ana, la madre de Samuel[7], y Elisabet, la madre de Juan el Bautista[8]. En cada uno de esos casos Dios intervino y las mujeres dieron a luz. De estos ejemplos se infiere que revertir la infertilidad puede ser una manifestación del favor de Dios sobre una pareja.

En algunos de los pasajes mencionados arriba vemos también la profunda pena que sufrieron esas mujeres por no poder tener hijos:

Al ver Raquel que no daba hijos a Jacob tuvo envidia de su hermana, y dijo a Jacob: —Dame hijos, o si no, me muero[9].

Con gran angustia [Ana] comenzó a orar al Señor y a llorar desconsoladamente[10].

A algunas personas, no tener hijos y quedar al margen de todo lo que implica la gestación, el cuidado y la crianza de sus propios hijos, puede producirles un enorme sentido de pérdida.

En algunos casos las parejas sin hijos sospechan que Dios está disgustado con ellas o las está disciplinando y que por eso no pueden concebir un hijo. Es muy poco probable que sea así. Tenemos el ejemplo bíblico de Zacarías y Elisabet, los padres de Juan el Bautista, que eran justos delante de Dios y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor[11]; sin embargo, no habían engendrado hijos hasta que concibieron a Juan. Dios intervino milagrosamente en ese caso, así como en los casos ya mencionados del Antiguo Testamento. La infertilidad no debe considerarse castigo divino. Ni Jesús ni el apóstol Pablo tuvieron hijos físicos; no obstante, ambos cumplieron la voluntad de Dios en su vida, lo que derivó en «hijos espirituales». De ahí que Pablo escribiera a la iglesia de Corinto: Yo los engendré por medio del evangelio[12]. A Timoteo lo llamó: mi verdadero hijo en la fe[13]. El apóstol Pedro se refería a Marcos, que a menudo lo acompañaba, como Marcos, mi hijo[14].

En la actualidad existen técnicas de reproducción para asistir a quienes no están en condiciones de concebir hijos. Algunas, según las enseñanzas de la Escritura, son moralmente aceptables; otras, en cambio, no lo son. En términos generales se debe considerar moralmente sana a la medicina moderna cuando esta se aplica para curar enfermedades y discapacidades. Dios puso recursos sobre la Tierra que los seres humanos descubrieron y desarrollaron tornándolos en medicamentos que ayudan a curar dolencias. Asimismo inspiró a los seres humanos a aprender la ciencia y la tecnología que activan los procesos que curan y ayudan. De ahí que generalmente podemos servirnos de la medicina y de los tratamientos o procesos médicos cuando sean necesarios conforme a la fe que tengamos personalmente.

Ya que en esta serie de artículos se enseña la ética cristiana, abordamos el tema de la infertilidad basado en la noción de que un niño no nacido es una persona humana desde el momento de la concepción y que Dios ha dispuesto que un niño sea concebido y nazca a partir de un hombre y una mujer casados entre sí.

Hay cuatro opciones, entre las cuales se incluyen métodos de tecnología reproductiva moderna, consideradas moralmente aceptables según la Escritura.

La adopción de un niño

La adopción es una alternativa para las parejas sin niños. Refleja las acciones de Dios, ya que se alude a los cristianos como hijos adoptivos de Dios.

Cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiera a los que estaban bajo la ley a fin de que recibiéramos la adopción de hijos. Y por cuanto son hijos, Dios envió a nuestro corazón el Espíritu de Su Hijo que clama: «Abba, Padre»[15].

La adopción es una hermosa manera de cumplir lo afirmado en el libro de Santiago:

La religión pura e incontaminada delante de Dios y Padre es esta: cuidar a los huérfanos y a las viudas en su aflicción, y guardarse sin mancha del mundo[16].

Hay numerosas parejas cristianas sin hijos, como también muchas con hijos ya engendrados de forma natural, que se sienten llamadas por Dios a adoptar uno o más hijos.

La inseminación artificial con semen del cónyuge (IAC)

El proceso de inseminación artificial por parte del cónyuge hace posible que la esposa conciba aprovechando el semen de su marido. Este método se aplica cuando por motivos biológicos resulta improbable o imposible que se produzca la concepción como consecuencia normal del coito. En ese caso, se recolecta el semen del marido, el cual se inyecta luego en el útero de la mujer.

Fecundación in vitro (FIV) sin destrucción de embriones

La fecundación in vitro es el proceso de unir los ovocitos de la mujer con los espermatozoides del hombre en un laboratorio, en lugar de hacerlo en el cuerpo de la mujer. Algunos cristianos consideran inaceptable este procedimiento. Otros, sin embargo, estiman que en principio es moralmente aceptable, siempre que los embriones humanos no se destruyan en el proceso, ya que permite a la pareja superar la infertilidad por intermedio de la medicina moderna.

Algunos ponen objeciones a la FIV porque consideran que no es el proceso natural de concepción dispuesto por Dios. No obstante, una mujer que aplica el método del ritmo utiliza todos los días un termómetro para averiguar el mejor momento de realizar el coito y así poder concebir un hijo. Podría considerarse que eso también es recurrir a un proceso innatural, toda vez que el termómetro no es natural. ¿Es innatural que un marido tome Viagra o cualquier otro remedio para tratar la disfunción eréctil, de manera que él y su esposa puedan consumar el acto sexual y concebir un hijo? No. Por lo mismo, tampoco parece haber una razón válida para rechazar la fecundación in vitro aduciendo que no es parte del proceso natural de concepción de hijos.

Por otra parte, la fecundación in vitro se realiza de tal modo que se fecundan varios ovocitos y luego la mayoría de los embriones se destruyen intencionalmente (salvo que se adopten, como lo veremos en el siguiente apartado). Dado que este proceso deviene en la destrucción de múltiples embriones humanos, se lo considera inmoral, pues extermina la vida humana. En todo caso la fecundación de múltiples ovocitos no es necesaria. El proceso de fecundación in vitro ha avanzado hasta el punto de que una pareja puede optar por fecundar uno o dos ovocitos y hacer que los dos se implanten en el seno de la madre. Cuando no se destruyen embriones, la fecundación in vitro no contradice la Escritura y puede considerarse moralmente aceptable.

Claro está que la fecundación in vitro no es una opción accesible a muchas parejas debido a su altísimo costo y a que no siempre tiene éxito.

Adopción de embriones

Suele ocurrir que durante el proceso de fecundación in vitro se fertilizan en el laboratorio más ovocitos de la mujer de los que se implantan en la matriz. Desde el punto de vista de la ética cristiana, como se señaló anteriormente, no debieran fecundarse y colocarse en la matriz más de uno o dos ovocitos. No obstante, hay numerosas parejas que mandan congelar embriones en caso de que deseen tener más hijos en el futuro, pero que al final prescinden de ellos a causa de un divorcio o por otros motivos. Como consecuencia, tan solo en EE.UU. hay en existencia más de un millón de embriones congelados. Es frecuente que no se utilicen esos embriones; sin embargo, como se trata de ovocitos fecundados, tampoco se los debe destruir. En cierto sentido se los puede considerar huérfanos. Es posible y se considera moralmente aceptable que parejas infértiles resuelvan implantar dichos embriones huérfanos en la matriz de la esposa para que nazcan como niños normales. En esas circunstancias, al niño no lo darán a luz los padres que lo concibieron, sino los que deseaban tanto tener un hijo que se sometieron al proceso.

Hay quienes cuestionan si a una mujer soltera o divorciada debe permitírsele adoptar un embrión congelado (criopreservado) y dar a luz al niño. Algunos argumentan que no debería permitirse, toda vez que para los niños es más difícil criarse en un hogar uniparental. El autor Wayne Grudem comenta:

A mi parecer sigue siendo mucho mejor, desde la perspectiva del niño, crecer en un hogar uniparental que morir como embrión descartado o existir perennemente como embrión congelado durante décadas por venir. Si la sociedad decide mediante un proceso político que es aceptable que padres o madres solteros adopten hijos una vez que estos hayan nacido —muchas sociedades ya han determinado que es correcto hacerlo—, no parece entonces que haya razón para prohibir que una madre soltera adopte un niño no nacido aún y lo dé a luz[17].

Hay otras tecnologías reproductivas que no se consideran moralmente aceptables desde una óptica cristiana.

Fecundación in Vitro con reducción selectiva

Como ya explicamos anteriormente, al momento de aplicar la fecundación in vitro se fertilizan numerosos ovocitos; los que no se emplean, por lo general se destruyen después, lo que se considera destrucción de la vida humana y por tanto inaceptable moralmente. Al aplicar la reducción selectiva, cada embrión pasa por un chequeo genético con el fin de revisar si existe alguna enfermedad en su constitución genética antes de implantarlo en el útero materno. Una vez realizada esa selección genética, se decide si se implantará o no el embrión. La inquietud que genera este procedimiento es si llegaría a aplicarse como una suerte de eugenesia, planteamiento científico basado en la creencia de que solamente a los deseables se les debe permitir vivir.

Asimismo, en el caso de FIV con reducción fetal durante el embarazo, varios ovocitos fecundados se implantan en la matriz de la mujer. Transcurrido un tiempo, se permite que sobrevivan uno o dos embriones de aspecto más sano, al tiempo que se destruye a los otros. Eso se considera una forma de aborto, el cual, como lo explicamos en un artículo anterior, se tiene por inmoral[18].

Los dos siguientes tipos de tecnología reproductiva son aquellos sobre los cuales los estudiosos de la moral cristiana mantienen posturas divergentes. Algunos los consideran moralmente aceptables y otros los juzgan inmorales.

Inseminación artificial con donante (IAD)

La inseminación artificial con el esperma de un hombre que no es el esposo se denomina inseminación artificial con donante. Algunos conocedores de la moral cristiana estiman que la IAD es inmoral por cuanto transgrede los límites del patrón de leyes establecidas por Dios en la Escritura, que siempre han tendido a garantizar que el niño se conciba y nazca a partir de un hombre y una mujer casados entre ellos. Otros opinan que en algunos casos es moralmente admisible, tales como cuando el marido es estéril o portador de una enfermedad genética que la pareja no quiere arriesgarse a transmitirle al hijo. Al recurrir a la IAD, los padres pueden tener un hijo por lo menos vinculado genéticamente con uno de los padres.

Algunos, aunque no todos, entendidos en ética cristiana que consideran la IAD moralmente legítima para parejas casadas, se oponen a que esta técnica se emplee con mujeres solteras, ya que la Escritura enseña que los niños deben nacer de un hombre y una mujer casados entre sí. Algunos que se muestran contrarios a la aplicación de la IAD para parejas casadas señalan las posibles complejidades y peligro emocionales que ello puede provocarle al matrimonio, ya que estar la esposa en cinta de una criatura que no es del marido podría tensionar gravemente la relación.

Maternidad subrogada

Cuando una mujer casada no está en condiciones físicas de llevar a cabo el embarazo y dar a la luz ella misma a un niño, a veces un matrimonio llega a un acuerdo con otra mujer para que se le implante el embrión de la pareja y lleve la gestación a término. Esto se lleva a cabo mediante fecundación in vitro, utilizando el esperma y el óvulo originales de la pareja, o a veces el esperma del marido y el óvulo de la madre subrogante.

La mayoría de los versados en ética cristiana consideran inmoral esta fórmula, toda vez que infringe el planteamiento bíblico de que los niños deben ser concebidos por una pareja unida en matrimonio. Además advierten de los apegos emocionales que se generan cuando una tercera persona —la madre subrogante— en cierto sentido es incluida dentro del matrimonio durante el periodo de gestación. Les preocupa que se pueda producir en el marido cierto apego emocional hacia la mujer que da a luz a su hijo. A su vez, la madre subrogante puede abrigar sentimientos parecidos por el hombre con cuyo hijo está embarazada. También hay que tener en cuenta que la madre subrogante inevitablemente creará un vínculo con el niño que lleva en el vientre, el cual se romperá con mucha pesadumbre cuando se entregue el niño a la pareja casada.

Dado que los especialistas en ética cristiana mantienen opiniones divergentes en cuanto a si la inseminación artificial con donante y la maternidad subrogada son opciones morales, las parejas cristianas tal vez quieran tomar en cuenta una de las cuatro opciones mencionadas con anterioridad, las cuales por amplia aprobación sí se consideran moralmente aceptables según la Escritura. Si les parece que la IAD y la maternidad subrogada son opciones para ellos, deben proceder con oración y tomar la decisión según su propia fe y consciencia.

En conclusión: Engendrar y criar niños constituye una gran alegría, y en casos en que la pareja sea infértil —estadísticamente una de cada seis lo es— puede producirse una profunda pena y dolor. Es aceptable según los dogmas bíblicos adoptar un hijo, o valerse de uno de los diversos medios ajustados a la moral que estén al alcance para intentar concebir. Si bien es moralmente correcto emplear dichos métodos, no es moralmente imperativo. Las parejas que no puedan concebir hijos no están moralmente obligadas a tratar de tenerlos. No hay inmoralidad alguna en no tener hijos. Los que deseen tenerlos pero están imposibilitados de hacerlo y quieren intentarlo recurriendo a un método compatible con la ética cristiana, pueden servirse de los métodos acordes con la moral para tratar de concebirlos. Bien si una pareja opta por tener hijos, o en su defecto, elige adoptarlos, o bien si opta por no tenerlos, la decisión es de ella.


Nota

A menos que se indique otra cosa, todos los versículos de la Biblia proceden de las versiones Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995, y Reina Valera Actualizada (RVA-2015), © Editorial Mundo Hispano. Utilizados con permiso.


[1] Grudem, Wayne, Christian Ethics (Wheaton: Crossway, 2018).

[2] Salmo 127:3,4.

[3] Malaquías  2:15 (RVC).

[4] Génesis 11:30; 16:1.

[5] Génesis 29:31.

[6] Jueces 13:2.

[7] 1 Samuel 1:2–18.

[8] Lucas 1:7.

[9] Génesis 30:1.

[10] 1 Samuel 1:10 (NVI).

[11] Lucas 1:6.

[12] 1 Corintios 4:15.

[13] 1 Timoteo 1:2.

[14] 1 Pedro 5:13.

[15] Gálatas 4:4–6.

[16] Santiago 1:27.

[17] Grudem, Christian Ethics, 772.

[18] https://directors.tfionline.com/es/post/vivir-el-cristianismo-proteccion-vida-humana-5/