El Credo (7ª parte)

mayo 12, 2020

Enviado por Peter Amsterdam

[The Creed (Part 7)]

(Los puntos presentados en este artículo se han tomado del libro The Creed, de Luke Timothy Johnson[1].)

A estas alturas el Credo ya mencionó la crucifixión, muerte y sepultura de Jesús, por lo que pasa a hablar de Su resurrección de los muertos, Su ascensión al cielo, y Su entronización a la diestra del Padre.

Y resucitó al tercer día

En el último artículo leímos que «por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado». Ahora dice: «Y resucitó al tercer día, según las Escrituras». Esta frase recuerda lo que escribió el apóstol Pablo en 1 Corintios 15:4: «Resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras».

Todos los evangelios dan testimonio de que Jesús fue ejecutado el día antes del sábado, del día de reposo; es decir, un viernes[2]. Como según los preceptos de la fe judía en el día de reposo no se puede trabajar, se considera que el viernes es «el día de la preparación». Ese día los judíos preparan la comida del sábado o día de reposo, para no tener que cocinar ni trabajar en el día de reposo. De igual manera, a Jesús lo crucificaron, lo bajaron de la cruz y lo colocaron en un sepulcro, todo en el mismo día, que era viernes, con la intención de no quebrantar la regla de no trabajar en el día de reposo.

Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la Pascua, a fin de que los cuerpos no quedaran en la cruz el sábado (pues aquel sábado era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebraran las piernas y fueran quitados de allí[3].

Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del sábado, José de Arimatea, miembro noble del Concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús[4].

Colocaron el cuerpo de Jesús en la tumba antes del anochecer del viernes, y allí estuvo todo el día de reposo. Lo que nos cuenta la Biblia es que «las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea lo siguieron y vieron el sepulcro y cómo fue puesto Su cuerpo. Al regresar, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el sábado, conforme al mandamiento»[5].

El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando las especias aromáticas que habían preparado. Hallaron removida la piedra del sepulcro y, entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús[6].

El «tercer día» que menciona el Credo fue «el primer día de la semana», el domingo. «Resucitó al tercer día».

En el mismo Nuevo Testamento se ven algunas variaciones con respecto a lo que quería decir el «tercer día». Algunos pasajes dicen después de tres días.

Comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del hombre padecer mucho, ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, ser muerto y resucitar después de tres días[7].

No obstante, la mayoría de los pasajes dicen «al tercer día».

Primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras[8].

Ahora subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles para que se burlen de Él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día resucitará[9].

En todos los evangelios, o sea, en los cuatro, aparece el relato del sepulcro vacío[10]. Jesús ya no estaba, porque había resucitado. En los evangelios se cuenta que varios de Sus seguidores vieron a Jesús resucitado[11]. El apóstol Pablo dice que Jesús «apareció a Cefas [Pedro], y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún y otros ya han muerto. Después apareció a Jacobo y después a todos los apóstoles. Por último, como a un abortivo, se me apareció a mí»[12].

Según las Escrituras

No fue sino después de la muerte y resurrección de Jesús que los creyentes se dieron cuenta de que las Escrituras del Antiguo Testamento que hablaban del Mesías se referían a Jesús. El evangelio de Lucas, por ejemplo, cuenta que Jesús, ya resucitado, caminó al lado de dos discípulos que iban hacia un pueblo llamado Emaús, que quedaba a poco más de diez kilómetros de Jerusalén, y que en el curso de la conversación les dijo:

«¡Insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y que entrara en Su gloria?» Y comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían[13].

El día de Pentecostés, el apóstol Pedro, en su prédica a la muchedumbre, citó el salmo 16, refiriéndose a Jesús.

No dejarás mi alma en el seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción[14].

Ellos entendieron que muchos versículos del Antiguo Testamento, como los de Isaías 53, se referían a Jesús.

El Señor quiso quebrantarlo, sujetándolo a padecimiento. Cuando haya puesto Su vida en expiación por el pecado, verá descendencia, vivirá por largos días y la voluntad del Señor será en Su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de Su alma y quedará satisfecho; por Su conocimiento justificará Mi siervo justo a muchos, y llevará sobre Sí las iniquidades de ellos[15].

Subió al Cielo

El Credo, tras afirmar que Jesús ya no se encuentra entre los muertos, porque resucitó, añade que ascendió a los Cielos.

Subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre.

El evangelio de Marcos dice:

El Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo y se sentó a la diestra de Dios[16].

Y el de Lucas:

Después los sacó fuera hasta Betania y, alzando Sus manos, los bendijo. Aconteció que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado arriba al cielo[17].

Las primeras palabras del libro de los Hechos de los apóstoles hablan precisamente del tema:

En mi primer escrito, Teófilo, me referí a todas las cosas que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. […] Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y lo recibió una nube que lo ocultó de sus ojos[18].

Aunque (aparte del libro de Hechos) solo dos de los evangelios —el de Marcos y el de Lucas— relatan la ascensión de Jesús al Cielo, en todo el Nuevo Testamento está claro que los primeros cristianos daban por sentado que Jesús había subido al Cielo y había sido exaltado, glorificado y entronizado.

«Sentado a la diestra del Padre» fue la expresión que se utilizó para describir la nueva existencia de Jesús, en la que cuenta con más poder. Hay bastantes menciones del hecho de que comparte la autoridad real con Su Padre. En el libro de Hebreos dice:

¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás: «Siéntate a Mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies»?[19]

Sentarse a la diestra representa que se comparte el poder, tal como se observa en varios versículos del Nuevo Testamento.

El Sumo sacerdote le volvió a preguntar: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?» Jesús le dijo: «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo»[20].

Desde ahora el Hijo del hombre se sentará a la diestra del poder de Dios[21].

Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba a la diestra de Dios[22].

Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros[23].

La carta a los Efesios habla del «Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria [que] operó en Cristo, resucitándolo de los muertos y sentándolo a Su derecha en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad, poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero. Y sometió todas las cosas debajo de Sus pies»[24].

Además de señalar el poder de Jesús como Rey, el Nuevo Testamento habla de Su exaltación.

El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo en un madero. A este, Dios ha exaltado con Su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados[25].

A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís[26].

En otros pasajes de los evangelios se dice que Jesús fue levantado. La palabra utilizada en griego en ese caso significa «exaltado».

Les dijo, pues, Jesús: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que Yo soy y que nada hago por Mí mismo, sino que, según me enseñó el Padre, así hablo»[27].

Y Yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos atraeré a Mí mismo[28].

Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna[29].

También dice que entró «en Su gloria» y fue «glorificado».

¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y que entrara en Su gloria[30]?

Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria[31].

Lo hiciste un poco menor que los ángeles, lo coronaste de gloria y de honra. […] Vemos a Aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra a causa del padecimiento de la muerte[32].

¡El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza![33]

Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en Él. Si Dios es glorificado en Él, Dios también lo glorificará en Sí mismo, y en seguida lo glorificará»[34].

El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a Su Hijo Jesús[35].

Y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
      y subió al cielo,
      y está sentado a la derecha del Padre.

(Continuará en la octava parte.)


Nota

Todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


[1] The Creed—What Christians Believe and Why It Matters (New York: Doubleday, 2003).

[2]  Mateo 27:57–63, Marcos 15:42–43, Lucas 23:53–54, Juan 19:30,31.

[3]  Juan 19:31.

[4]  Marcos 15:42,43. V. también Lucas 23:55,56, Mateo 27:62–66.

[5]  Lucas 23:55,56.

[6]  Lucas 24:1–3.

[7]  Marcos 8:31. V. también Marcos 9:31, 10:34; Mateo 27:63; Lucas 24:21.

[8]  1 Corintios 15:3,4.

[9]  Mateo 20:18,19. V. también Lucas 9:22, 18:33, 24:7; Hechos 10:40; Mateo 16:21.

[10]  Mateo 28:1–6, Marcos 16:1–4, Lucas 24:1,2,10, Juan 20:1.

[11]  Juan 20:16, 19–24, 26–29, 21:1–12; Lucas 24:30,31, 34, 36–43; Mateo 28:16,17.

[12]  1 Corintios 15:5–8.

[13]  Lucas 24:25–27.

[14]  Salmo 16:10.

[15]  Isaías 53:10,11.

[16]  Marcos 16:19.

[17]  Lucas 24:50,51.

[18]  Hechos 1:1,2, 9.

[19]  Hebreos 1:13, citando el Salmo 110:1.

[20]  Marcos 14:61,62.

[21]  Lucas 22:69.

[22]  Hechos 7:55.

[23]  Romanos 8:34.

[24]  Efesios 1:17, 20–22. V. también Colosenses 3:1, Hebreos 1:3, 8:1, 10:12, 12:2; 1 Pedro 3:21,22.

[25]  Hechos 5:30,31.

[26]  Hechos 2:32,33.

[27]  Juan 8:28.

[28]  Juan 12:32.

[29]  Juan 3:14,15.

[30]  Lucas 24:26.

[31]  1 Timoteo 3:16.

[32]  Hebreos 2:7, 9.

[33]  Apocalipsis 5:12.

[34]  Juan 13:31,32.

[35]  Hechos 3:13.