Nueve lecturas devocionales para Navidad

Diciembre 20, 2016

Enviado por Peter Amsterdam

[Nine Devotionals for Christmas]

Para nosotros los cristianos, la Navidad es una celebración de capital importancia, pues conmemoramos el nacimiento de nuestro Señor, los acontecimientos relacionados con Su primera venida, y el significado de Su nacimiento. El año pasado encontré un oficio religioso tradicional que se ha llevado a cabo anualmente desde 1918 y que se llama The Festival of Nine Lessons and Carols. Me pareció muy adecuado para los ratos de recogimiento y devoción y lo publiqué en el Rincón de los Directores. Al revisarlo, me conmovió de nuevo la selección de versículos de la Biblia, que combinados relatan el nacimiento de Jesús. Empiezan en Génesis, con la primera promesa de un Salvador, y terminan con la explicación del Verbo hecho carne que se da en el Evangelio de Juan. Así pues, este año empleo de nuevo el texto de Nine Lessons como una reseña y va acompañado de una selección diferente de canciones.

Este año, las canciones navideñas que acompañan las lecturas devocionales fueron grabadas por integrantes de LFI. Y algunas también fueron escritas por miembros de LFI. El principal objetivo de Nine Lessons es lo que nos dice la Palabra de Dios acerca de la llegada del Salvador prometido por Dios. Las canciones que acompañan cada lectura expresan la alegría del magnífico regalo que Dios ha entregado con amor a la humanidad: la salvación por medio de Jesús, Su Hijo. María y yo oramos que estas lecturas y canciones les den apacentamiento espiritual y una forma de centrarse en la importancia del suceso que celebramos en esta época del año: el nacimiento de nuestro Salvador. Oramos que tengan una estupenda Navidad, llena del Espíritu Santo.

Canción de apertura

Ha nacido un niño

Vi por mi ventana
en una noche hermosa y fría
una estrella que brillaba
y su magia estremecía.
Ángeles guiaban
a unos pastores al sendero
que llevaba hasta Belén,
anunciando así al mundo entero que...

Ha nacido un Niño,
va a nacer el Sol,
ha nacido el Salvador
de los hijos del Señor.

Ha nacido un Niño,
va a nacer el Sol,
ha nacido el Salvador
de los hijos del Señor.

Seguí a los pastores
hasta llegar junto al pesebre.
Encontré allí a un Niño
de hermoso rostro alegre.
Con el Niño entre sus brazos
María se acordó
de todos los milagros
que Dios le prometió, y ahora...

Ha nacido un Niño,
va a nacer el Sol,
ha nacido el Salvador
de los hijos del Señor.

Ha nacido un Niño,
va a nacer el Sol,
ha nacido el Salvador
de los hijos del Señor.

No nació en un palacio
ni se viste como un rey,
mas Su Reino es el mayor que hay
y el amor Su ley.

Música y letra: Jerry Paladino


Primera lectura

Dios le dice a Adán, que ha pecado, que ha perdido la vida del Paraíso y que su simiente herirá la cabeza de la serpiente (Génesis 3).

Cuando el día comenzó a refrescar, oyeron el hombre y la mujer que Dios el Señor andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo:

—¿Dónde estás?

El hombre contestó:

—Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí.

—¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? —le preguntó Dios—. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que Yo te prohibí comer?

Él respondió:

—La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí.

Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer:

—¿Qué es lo que has hecho?

—La serpiente me engañó, y comí —contestó ella.

Dios el Señor dijo entonces a la serpiente: «Por causa de lo que has hecho, ¡maldita serás entre todos los animales, tanto domésticos como salvajes! Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón».

Al hombre le dijo: «Por cuanto le hiciste caso a tu mujer, y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás»[1].

¿Qué niño es éste?

¿Qué Niño es éste que al dormir
en brazos de María,
pastores velan y ángeles
le cantan melodías?
Es, es el Cristo, el Rey
que hoy acaba de nacer.
Ven, ven a adorarle aquí
al Niño de María.

Incienso, mirra y oro le dan;
por todo el mundo anunciad
que es Rey de reyes y salvación
a todos nos trae con Su amor.
Don, don de Dios es Él,
arrulla la Virgen al Bebé.
Ved, ved, Jesús nació,
El Hijo de María.

Letra: William C. Dix
Música: Anónimo. Melodía inglesa del siglo XVI


Segunda lectura

Dios promete al fiel Abraham que en su simiente todas las naciones de la Tierra serán bendecidas (Génesis 22).

El ángel del Señor llamó a Abraham por segunda vez desde el cielo, y le dijo:

—Como has hecho esto, y no me has negado a tu único hijo, juro por Mí mismo —afirma el Señor— que te bendeciré en gran manera, y que multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Además, tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos. Puesto que me has obedecido, todas las naciones del mundo serán bendecidas por medio de tu descendencia[2].

Cuéntaselo a todo el mundo

Los habitantes de la Tierra vivían en tinieblas;
no veían la luz, no tenían consuelo ni alegría,
hasta que la belleza del Cielo les mostró su poder
por medio de un bebé,
que vino a traernos paz
y a librar nuestra alma de la esclavitud del pecado.
Las fuerzas de la oscuridad temblaban;
sabían que serían conquistadas.
¡Él vino a ganar!

Cuéntaselo a todo el mundo,
que ha llegado su Mesías.
Arrodíllense y canten todos
a Jesús, el Hijo de Dios.

El amor es la magia de Navidad;
el nacimiento de Jesús es el mejor regalo de amor.
Y conocer a Jesús es conocer
el mayor significado de la libertad;
sí, me refiero a la libertad.
Algún día el mundo se cansará
de esforzarse por conseguir ganancias, de la vanidad y los conflictos.
¡Gritarán de júbilo
cuando Jesús venga a llenar el mundo
de amor y luz!

¡Miren hacia arriba, los que no tengan esperanza!
Vean a Jesús, Él es la Verdad y la Vida,
Él es el camino a las puertas de la libertad,
¡la vida de libertad con amor!

¡Cuéntaselo a todo el mundo!

¡Cuéntaselo a todo el mundo,
que pronto terminará la opresión!
¡Canten, todos de rodillas, a Jesús, a Jesús!
Cuéntaselo a todo el mundo,
¡que Jesús quitará toda mancha y tristeza!
¡Canten, todos de rodillas, a Jesús, a Jesús!

Cuéntaselo a todo el mundo,
di a todos que ha llegado su Mesías
¡Canten, todos de rodillas, a Jesús!

¡Jesús, Señor, Emmanuel!
Que cante el coro:
«Con los cielos alabemos,
al eterno Rey cantemos»,
a Jesús, el Niño de amor,
Él te quiere, te necesita,
¡Él te ama! ¡Gloria, gloria!
Jesús es el hombre de amor, el Príncipe de Paz.
Vamos a hacer que todo el mundo lo sepa,
¡que ha llegado su Mesías!
¡Oh Jesús, amor de Dios!

Título en inglés: Let the Whole World Know
Música y letra: Gideon Sol, Michael Fogarty

Esta es solo la traducción de la letra


Tercera lectura

El profeta predice la llegada del Salvador (Isaías 9).

El pueblo que andaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en densas tinieblas la luz ha resplandecido. Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre Sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Se extenderán Su soberanía y Su paz, y no tendrán fin. Gobernará sobre el trono de David y sobre su reino, para establecerlo y sostenerlo con justicia y rectitud desde ahora y para siempre. Esto lo llevará a cabo el celo del Señor Todopoderoso[3].

Hoy es Navidad

En un frío anochecer
un viajero y su mujer
rumbo al pueblo de Belén caminando van.
Ya no hay sitio en el mesón,
solo en un portal.
Nos nace un Salvador
en la Navidad.

Al nacer el niño Dios
todo el mundo festejó.
Los pastores presenciaron
algo sin igual.
Su llegada la anunció
un coro celestial.
Cantaron ángeles
esa Navidad.

Y en las calles de Belén
ya no juegan como ayer.
Muchos sufren y también
rezan por la paz.
En un mundo de dolor,
se preguntarán:
«¿Por qué no hay más amor
si hoy es Navidad?»

Pronto el Príncipe de Paz
a las guerras fin pondrá
y en la Tierra reinará
solo Su verdad.
En Belén y por doquier
Su voz resonará:
«Que reine el amor
en la Navidad».

Letra y música: Michael Dooley


Cuarta lectura

Se predice la paz que Cristo traerá (Isaías 11).

Del tronco de Isaí brotará un retoño; un vástago nacerá de sus raíces. El Espíritu del Señor reposará sobre Él: espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor. Él se deleitará en el temor del Señor; […] Juzgará con justicia a los desvalidos, y dará un fallo justo en favor de los pobres de la tierra.

El lobo vivirá con el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, y juntos andarán el ternero y el cachorro de león, y un niño pequeño los guiará. La vaca pastará con la osa, sus crías se echarán juntas, y el león comerá paja como el buey. Jugará el niño de pecho junto a la cueva de la cobra, y el recién destetado meterá la mano en el nido de la víbora. No harán ningún daño ni estrago en todo mi monte santo, porque rebosará la tierra con el conocimiento del Señor como rebosa el mar con las aguas[4].

Suenen las campanas

A capella: Ding, dong, ding, dong.

Es Navidad y por doquier
se oye anunciar «Cristo es el Rey».
Salgamos hoy a pregonar
que Él ya nació, en todo lugar.

Es Navidad, nació la Luz,
felicidad trajo Jesús.
Suenen campanas y oíganse
su repicar que anuncia al Rey.

A todo ser hoy proclamad:
«Ya nació el Rey, es Navidad».
Cantad en armonía
con las campanas la melodía que aclama.

Suenen y repiquen las campanas.
Suenen y repiquen las campanas.

Con gran fervor hay que anunciar,
Cristo el Señor vino a salvar.
Es Navidad y a todo ser
el repicar anuncia que...

Con gran fervor hay que anunciar,
Cristo el Señor vino a salvar.

Suenen las campanas y oígase
su repicar, que anuncia al Rey.
Salgamos hoy a pregonar
que Él ya nació, en todo lugar.

A todo ser hoy proclamad:
Ya nació el Rey, es Navidad.
Cantad en armonía
con las campanas la melodía que aclama.

Suenen y repiquen las campanas.
Suenen y repiquen las campanas.

Con gran fervor hay que anunciar,
Cristo el Señor vino a salvar.
Es Navidad y a todo ser
el repicar anuncia que...
Cristo es el Rey.

Letra y música: Canción de origen ucraniano. En 1936 Peter J. Wilhousky le puso nueva música y letra a ese canto coral.


Quinta lectura

El ángel Gabriel saluda a la bienaventurada virgen María (Lucas 1).

A los seis meses, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, pueblo de Galilea, a visitar a una joven virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José, descendiente de David. La virgen se llamaba María. El ángel se acercó a ella y le dijo:

—¡Te saludo, tú que has recibido el favor de Dios! El Señor está contigo.

Ante estas palabras, María se perturbó, y se preguntaba qué podría significar este saludo.

—No tengas miedo, María; Dios te ha concedido Su favor —le dijo el ángel—. Quedarás encinta y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será un gran hombre, y lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su padre David, y reinará sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no tendrá fin.

—¿Cómo podrá suceder esto —le preguntó María al ángel—, puesto que soy virgen?

—El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios.

—Aquí tienes a la sierva del Señor —contestó María—. Que Él haga conmigo como me has dicho.

Con esto, el ángel la dejó[5].

Noche divina

Noche divina de estrellas relucientes,
noche en que nació nuestro buen Salvador.
Yacía el mundo en pecado errante,
mas Él apareció al son de Su voz.
Rayo de esperanza,
se alegra el triste mundo,
pues ya rompe el nuevo día.

Caed de rodillas.
Oíd el coro de ángeles.
Oh noche divina,
oh noche cuando nació Jesús
oh noche divina,
oh noche cuando nació Jesús.

Él nos enseñó a todos a amarnos;
Su Ley es amor y Su Evangelio la paz.
Cambio traerá; el Salvador es nuestro hermano,
y en Su nombre toda opresión cesará.
Dulces himnos de júbilo cantemos;
 alabemos Su santo nombre.

Cristo es el Señor,
Su nombre alabemos.
Su gloria y poder
por siempre proclamad;
Su gloria y poder
por siempre proclamad.

Oh noche divina,
oh noche cuando nació Jesús.

Música: Adolphe Adam
Letra: Placide Cappeau


Sexta lectura

San Lucas cuenta el nacimiento de Jesús (Lucas 2).

Por aquellos días Augusto César decretó que se levantara un censo en todo el imperio romano. Así que iban todos a inscribirse, cada cual a su propio pueblo. También José, que era descendiente del rey David, subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a Judea. Fue a Belén, la ciudad de David, para inscribirse junto con María su esposa.

Ella se encontraba encinta y, mientras estaban allí, se le cumplió el tiempo. Así que dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada[6].

Os ha nacido hoy

Que os ha nacido hoy en la
ciudad de David
un Salvador, un Salvador,
que es Cristo el Señor.

La hueste angelical
llenó los cielos con esta historia
de gloria, de gloria:
En los cielos gloria a Dios.

«Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre».  Lucas 2:11-12

Música y letra: John Listen


Séptima lectura

Los pastores se acercan al pesebre (Lucas 2).

En esa misma región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar sus rebaños. Sucedió que un ángel del Señor se les apareció. La gloria del Señor los envolvió en su luz, y se llenaron de temor. Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto les servirá de señal: Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». De repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad».

Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vamos a Belén, a ver esto que ha pasado y que el Señor nos ha dado a conocer». Así que fueron de prisa y encontraron a María y a José, y al niño que estaba acostado en el pesebre[7].

Con antorchas

Con antorchas dad luz al establo.
Con antorchas, aldeanos, corred.
Nació Cristo, venid a adorarlo;
María os llama a contemplarlo.

Ven, ven, ven y verás alNiño.
Ven, ven, ven a ver al Señor.

Díganle a todos que se apresuren,
para que vengan el Niño a adorar.
Uno por uno venid a Su lado
y en silencio admiradlo.

Ven y verás al Niño.
Ven, ven, ven a ver al Señor.
Ven a veral Señor.

Música y letra: Villancico tradicional francés


Octava lectura

La estrella guía a los sabios, señalándoles el camino que lleva a Jesús (Mateo 2).

Después de que Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente.

—¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo.

Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él. Así que convocó de entre el pueblo a todos los jefes de los sacerdotes y maestros de la ley, y les preguntó dónde había de nacer el Cristo.

—En Belén de Judea —le respondieron—, porque esto es lo que ha escrito el profeta: «Pero tú, Belén, en la tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor entre los principales de Judá; porque de ti saldrá un príncipe que será el pastor de mi pueblo Israel».

Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Los envió a Belén y les dijo:

—Vayan e infórmense bien de ese niño y, tan pronto como lo encuentren, avísenme para que yo también vaya y lo adore.

Después de oír al rey, siguieron su camino, y sucedió que la estrella que habían visto levantarse iba delante de ellos hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de alegría. Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le presentaron como regalos oro, incienso y mirra. Entonces, advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino[8].

Los tres reyes magos

De oriente tres reyes son,
traen presentes al Señor.
¡Cruzan campos, montes, charcos,
 de la estrella en pos!

¡O-oh bella estrella de esplendor,
nos guía tu resplandor!
Lentamente hacia poniente
hasta tu luz de amor.

Él glorioso resucitó,
sacrificio, Rey y Dios.
Aleluya, aleluya,
por su redención.

Rico incienso ofreceré yo,
que es perfume propio de un Dios.
¡Alabemos y adoremos
al que es nuestro Señor!

Mirra llevo para anunciar
una vida de gran pesar,
pena ingente, sangre y muerte,
que a la tumba llevarán.

Al que ha nacido en Belén,
oro llevo, pues es un Rey.
¡Para siempre, eternamente,
ha de permanecer!

Música y letra: John H. Hopkins, hijo.


Novena lectura

San Juan revela el gran misterio de la encarnación (Juan 1).

En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la Luz de los hombres. La Luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron.

Vino al mundo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. Este vino como testigo para testificar de la Luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. No era él la Luz, sino que vino para dar testimonio de la Luz. Existía la Luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre. Él estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no lo conoció. A lo Suyo vino, y los Suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios. El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad[9].

Popurrí de Navidad

Dichosa tierra

¡Dichosa tierra!
¡Proclamad
que vino ya el Señor!
En vuestras almas preparad
un sitio al Salvador;
un sitio al Salvador;
un sitio a nuestro
Salvador.

Dichosa tierra;
el Salvador
triunfante ha de reinar.
Resuenen coros de loor
en cielo, tierra y mar;
en cielo, tierra y mar.
En cielo, tierra y vasto mar.
En cielo, tierra y vasto mar.

Él rige al mundo
con verdad
y gracia paternal.
Su amor sublime y gran bondad
jamás tendrá su igual;
jamás tendrá su igual.
Jamás, jamás tendrá su igual.
Jamás, jamás tendrá su igual.

Se repite la primera estrofa

Un sitio a nuestro Salvador.

Un sitio a nuestro Salvador.

Letra: Isaac Watts
Música: Se desconoce el autor

Oíd un son en alta esfera

Oíd un son en alta esfera:
«¡En los cielos, gloria a Dios!
¡Al mortal paz en la tierra!»,
canta la celeste voz.
Con los cielos alabemos,
al eterno Rey cantemos,
a Jesús que es nuestro bien,
con el coro de Belén.
Canta la celeste voz:
«¡En los cielos, gloria a Dios!»

El Señor de los señores,
el Ungido celestial,
a salvar los pecadores
bajó al seno virginal.
Loor al Verbo encarnado,
en humanidad velado.
Gloria al Santo de Israel,
cuyo nombre Emmanuel.
Canta la celeste voz:
«¡En los cielos, gloria a Dios!»

Príncipe de paz eterna,
gloria a Ti, a Ti Jesús.
Entregando el alma tierna,
Tú nos traes vida y luz.
Has Tu Majestad dejado,
y buscarnos te has dignado;
para darnos el vivir,
a la muerte quieres ir.
Canta la celeste voz:
«¡En los cielos, gloria a Dios!»

Canta la celeste voz:
«¡En los cielos, gloria a Dios!»

Letra: C. Wesley, con adaptaciones de George Whitefield
Música: Felix Mendelssohn; adaptaciones de William H. Cummings

Venid, fieles todos

Venid, fieles todos,
a Belén marchemos;
triunfantes vayamos
a adorar al Señor.
¡Al Rey de los Cielos,
a Jesús veremos!

Venid, adoremos;
venid, adoremos;
venid y adoremos a
Cristo el Señor.

Jesús, has venido
para redimirnos.
Verbo hecho carne,
entre mortales estás.
¡Día glorioso
el de Tu nacimiento!

Coros celestes, vuestras
alabanzas
con himno sublime
desde el Cielo entonad.
¡Gloria al Señor;
gloria en las alturas!

En pobre pesebre
yace reclinado,
al hombre ofreciendo
eterna salvación,
el santo Mesías,
el Verbo humanado.

Letra: John F. Wade
Música: John Reading


[1] Génesis 3:8-15, 17-19 (NVI).

[2] Génesis 22:15-18 (NVI).

[3] Isaías 9:2, 6-7 (NVI).

[4] Isaías 11:1-4, 6-9 (NVI).

[5] Lucas 1:26-35, 38 (NVI).

[6] Lucas 2:1, 3-7 (NVI).

[7] Lucas 2:8-16 (NVI).

[8] Mateo 2:1-12 (NVI).

[9] Juan 1:1-14 (NBLH).