Vivir como discípulos, 11ª parte: Dar de lo que tenemos

mayo 26, 2026

Enviado por Peter Amsterdam

[The Life of Discipleship, Part 11: Sharing Our Resources]

Uno de los temas centrales de la Biblia es la generosidad, ya que refleja la manera de ser de Dios, a quien se describe como un Ser generoso y magnánimo al que le encanta dar cosas buenas a Sus hijos (Mateo 7:11). Al contemplar el universo que Él creó —el Sol, la Luna, los planetas y miles de millones de galaxias y estrellas—, podemos hacernos una idea de lo espléndido y abundantemente generoso que Él es. Su creación de la humanidad —Su obra cumbre (Salmo 8:5)— y la de toda la vida animal y vegetal prueba Su bondad generosa. «Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de Sus manos» (Salmo 19:1). Ilustran permanentemente Su amor y Su generosidad desbordante para con nosotros.

El mayor regalo que le hizo Dios a la humanidad fue Su Hijo Jesús, el cual entregó Su vida para redimirnos. «El que no escatimó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?» (Romanos 8:32). Dios no solo nos concedió vida eterna y salvación por medio del sacrificio de Jesús, sino que además nos adoptó como hijos y nos ha hecho coherederos con Cristo (Gálatas 4:4–7; Romanos 8:16,17). Gracias a la desmesurada generosidad de Dios, nuestra vida está llena de bendiciones. «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo» (Efesios 1:3).

Jesús habló frecuentemente de la importancia de la generosidad y fue un ejemplo vivo de generosidad y servicio para Sus seguidores. Pablo lo expresó muy bien. «Conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, por amor de ustedes se hizo pobre para que ustedes con Su pobreza fueran enriquecidos» (2 Corintios 8:9). Quienes procuramos ser cada vez más como Cristo vemos que la generosidad es un atributo muy Suyo, una virtud que debemos esforzarnos por cultivar.

Jesús expresó el principio de la generosidad diciendo: «Den, y se les dará; medida buena, apretada, sacudida y rebosante se les dará en su regazo. Porque con la medida con que miden se les volverá a medir» (Lucas 6:38). Con esas palabras resumió una ley espiritual que es una constante tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento: el principio de que quien da, recibe; de que Dios premia la generosidad; de que un discípulo debe ayudar al prójimo; de que actuando de esa manera honramos y glorificamos a Dios. Es más, todo lo que damos a los demás se lo estamos dando a Dios.

Claro que no siempre resulta fácil ser generosos con nuestro dinero, nuestros bienes materiales, nuestro tiempo o nuestros servicios. Dar es un sacrificio. Cuesta. Es ofrecerle a otra persona algo que nos pertenece y, en cierto sentido, perderlo. No obstante, Dios repite una y otra vez en el Antiguo y en el Nuevo Testamento que Él bendice de formas tangibles la generosidad.

Él ha prometido bendecir a los generosos y velar por ellos.

«Si tu alma provee para el hambriento y sacias al alma humillada, tu luz irradiará en las tinieblas, y tu oscuridad será como el mediodía. El Señor te guiará siempre y saciará tu alma en medio de los sequedales. Él fortalecerá tus huesos, y serás como un jardín de regadío y como un manantial de aguas cuyas aguas nunca faltan» (Isaías 58:10,11).

Den con generosidad y háganlo de buena gana; así el Señor tu Dios bendecirá todos tus trabajos y todo lo que emprendas (Deuteronomio 15:10).

Al ser generosos, al dar, al velar por los demás, estamos dando a Dios. «El que da al pobre presta al Señor, y Él le dará su recompensa» (Proverbios 19:17).

Jesús mandó a Sus discípulos ser generosos: «Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo niegues» (Mateo 5:42). También les enseñó a dar sin esperar nada a cambio:

«Si dan prestado a aquellos de quienes esperaban recibir, ¿qué mérito tienen? Pues también los pecadores dan prestado a los pecadores para recibir otro tanto. Más bien, amen a sus enemigos y hagan bien y den prestado sin esperar ningún provecho. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo; porque Él es benigno para con los ingratos y los perversos» (Lucas 6:34,35).

El Antiguo Testamento enseña lo mismo: «Si tienes poder para hacer el bien, no te rehúses a hacérselo a quien lo necesite;no digas a tu prójimo: “Vete, vuelve de nuevo, mañana te daré”, cuando tengas contigo qué darle» (Proverbios 3:27,28).

Los discípulos tenemos asimismo el deber de ser generosos unos con otros, sobre todo cuando hay una necesidad. «Ayuden a los hermanos necesitados. Practiquen la hospitalidad. Según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y especialmente a los de la familia de la fe» (Romanos 12:13; Gálatas 6:10).

Queda claro que es importante que manifestemos amor a los integrantes de nuestra «familia de la fe» y velemos por ellos. Si sabemos de un creyente que está necesitado, el Señor espera de nosotros que hagamos un esfuerzo por ayudarlo de alguna manera: ofreciéndole asistencia con lo que necesita, cuidándolo en los momentos difíciles, entregándole dinero si estamos en condiciones de hacerlo, preparándole y llevándole comidas, regalándole provisiones o ropa que nos sobre, o llevándolo en auto a alguna parte. Ser generoso es dar lo que haga falta para satisfacer una necesidad, y a veces lo que la persona más necesita es un amigo, alguien que la acompañe y la escuche, que le dedique tiempo y le ofrezca apoyo espiritual y emocional.

A Dios le agrada nuestra generosidad, y Él ha prometido premiarla abundantemente. Ser generosos es invertir en nuestro presente y en nuestro futuro eterno. Genera acción de gracias y alabanza al Señor. «Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y dispuestos a compartir lo que tienen. De este modo, atesorarán para sí un seguro fundamento para el futuro y obtendrán la vida verdadera» (1 Timoteo 6:18,19).

Generosidad en acción

La generosidad es la cualidad de ser bondadoso y desinteresado, en particular compartiendo con otros dinero y objetos de valor. La Biblia habla mucho de ella y la presenta como un rasgo de carácter deseable. Proverbios 22:9 dice: «El que es generososerá bendecido, pues comparte su comida con los pobres». Dios es generoso y espera que sigamos Su ejemplo.

Su generosidad se hace patente todo en derredor nuestro. Él creó este planeta, que es idóneo para proveer para nuestro sustento y para nuestras necesidades y placeres. Nos da colores, luces, sonidos, aire y la posibilidad de degustar y disfrutar, oír y apreciar, tocar y sentirnos satisfechos. Sobre todo, Dios demostró Su generosidad al ofrecer en sacrificio a Su Hijo para expiar nuestros pecados. Ante semejante generosidad, solo podemos decir: «¡Gracias a Dios por Su don inefable!» (2 Corintios 9:15). […]

Así como vemos que Dios es generoso, debemos serlo también nosotros. La generosidad se expresa de múltiples maneras. Podemos ofrecer nuestro tiempo, nuestros recursos materiales, nuestra hospitalidad y nuestra amistad. […] La Palabra de Dios dice claramente que los generosos son reconocidos y premiados, en esta vida o en la otra.  GotQuestions[1]

Más bienaventurado

Jesús nos enseña que «hay más bendición en dar que en recibir» (Hechos 20:35). Muchas personas no dan nada de nada. ¿Qué dice la Biblia? «Dios ama al dador alegre» (2 Corintios 9:7). ¿Por qué? Quizá porque cuando somos generosos nos parecemos más a Dios. Él no da nada a regañadientes.

Además, nuestra generosidad determina lo poco o mucho que puede obrar Dios en nuestra vida. Cuando le ofrecemos con alegría lo que tenemos, nos predisponemos a recibir abundantemente de Él. En Malaquías 3:10 está escrito: «El Señor Todopoderoso dice: “Traigan todos los diezmos al granero del templo y así habrá alimentos en Mi casa. Pónganme a prueba en esto y vean si no abro las ventanas del cielo para derramar sobre ustedes una lluvia de bendiciones hasta que les sobre de todo”». […] Es imposible ser más generosos que Dios. Como dijo en cierta ocasión un buen campesino: «Yo echo paladas en el granero de Dios, y Él en el mío; y Su pala es más grande».  Rick Warren[2]

La práctica del principio de la generosidad

En nuestra vida cotidiana hay muchas maneras de practicar el principio de la generosidad. A menudo exigen que uno tome decisiones intencionales de poner su tiempo, oraciones, dinero, recursos y dones al servicio del prójimo. Eso es ofrecerse «como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios», que según Pablo es una forma de «adoración espiritual» a Dios (Romanos 12:1). Al dar de lo que tenemos estamos adorando a Dios, y eso le agrada. «No se olviden de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen, porque esos son los sacrificios que agradan a Dios» (Hebreos 13:16).

A los cristianos se nos manda que pongamos nuestra fe en acción y tendamos la mano a los cansados y atribulados, a los desfavorecidos, los oprimidos y los necesitados, por amor a Jesús. Ofrecer generosamente nuestro tiempo, oraciones y recursos a los que tienen alguna necesidad es una hermosa manera de expresar nuestra fe: es servir a Dios sirviendo al prójimo. Es preciso que los menos privilegiados, los necesitados y los que pasan hambre sepan que alguien los ama, se preocupa por ellos y los valora. Dios ama a todos los seres humanos que ha creado, cada uno de ellos es único; y a nosotros, los cristianos, se nos pide que hagamos lo mismo.

Una forma importante de practicar la generosidad y cumplir la misión que Jesús nos encomendó es divulgar la buena nueva del evangelio, orar por las personas y ayudarlas a crecer en la fe. Prestar servicio en orfanatos, visitar enfermos, prestar asistencia a refugiados y personas sin hogar, atender espiritualmente a los presos, enseñar a los desfavorecidos, participar en brigadas médicas, son todas valiosas maneras de llevar el amor de Cristo a los necesitados.

Vivir nuestra fe y seguir las pisadas de Jesús significa poner la fe en práctica, ser generosos con los demás y preocuparnos por ellos, como si del Señor se tratara. Es acercarnos a quienes están pasando por un mal momento, han sufrido una tragedia, han perdido a un ser querido o sufren de ansiedad para llevarles el consuelo de Dios y esperanza de cara al futuro. También ofrecemos libremente nuestras riquezas espirituales a quienes, aunque no tengan falta de salud y dinero, están cansados, angustiados y perdidos. Lo que nos impulsa a hacerlo es el amor de Cristo, pues ya no vivimos para nosotros mismos, sino para aquel que dio Su vida por nosotros (2 Corintios 5:14,15).

Porque somos Sus seguidores, somos generosos con los necesitados; apoyamos la misión de Dios en este mundo, a menudo de maneras que pasan inadvertidas, de las que nadie se entera. Por ejemplo, patrocinando a un equipo misionero en un país lejano; dando algo que necesitamos a alguien que lo necesita aún más; sacrificando nuestro valioso tiempo para interceder por las necesidades de otra persona, a lo mejor sin que ella lo sepa siquiera. Lo hacemos para el Señor, tal como señala el siguiente artículo.

El Dios de la Biblia es un Dios misionero con un plan mundial, y lleva a cabo Su misión a través de Su gente. Los cristianos [han sido llamados] a gastar y desgastarse por la causa de Jesucristo. Algunos participan en estos esfuerzos llevando el evangelio donde más falta hace. Otros envían y patrocinan a los que han ido. Por tanto, una de las obligaciones de un cristiano es patrocinar la evangelización.

Dar es una forma de rendir culto. Es importante que no pensemos que lo que aportamos como cristianos se lo damos meramente a una persona o una institución. Toda ofrenda destinada a la evangelización es, en última instancia, un acto de adoración. Es una manera de expresarle a Dios nuestra gratitud y darle lo que se merece. En muchos sentidos, es ofrecerle al Señor un sacrificio de alabanza. Nuestros aportes son en agradecimiento por lo que Dios ha hecho en Cristo y por el privilegio de formar parte de Su familia (2 Corintios 8–9). Son una forma de reconocer que todo le pertenece a Él y proviene de Él (Santiago 1:17).

Se nos manda dar. Dios espera que Su pueblo contribuya a Su obra y vaya al encuentro de Sus obreros. Todo cristiano participa en la cosecha de Dios (Filipenses 1:3–5). Cuando Dios nos bendice con recursos, se nos pide que seamos buenos y fieles administradores de esas bendiciones. A quien mucho se le da, mucho se le exige. Esas bendiciones exigen que nuestras contribuciones sean generosas, hechas con alegría y sacrificio.

Dios se vale de agentes. Dios lleva a cabo Sus propósitos y planes por medio de agentes, a menudo instrumentos humanos. Eso quiere decir que las personas no abrazan la fe a menos que alguien les predique (Romanos 10:15–17). […] Los que son enviados deben recibir patrocinio. Dios tiene la gentileza de permitir que participemos en Su obra misionera. Él provee y satisface las necesidades por medio de agentes humanos, por ejemplo aquellos que realizan generosos aportes. Para un cristiano, es un maravilloso privilegio ser invitado a participar en la misión divina de salvar personas de toda lengua, tribu y nación, entre otras maneras contribuyendo económicamente.  Chopo Mwanza[3]

Lo que entregamos por los demás —nuestro servicio, nuestras oraciones, nuestros donativos—, lo hacemos por Jesús. No para obtener reconocimiento, por lucro o para subir escalones en la sociedad. Todo lo que hacemos, en cualquier ministerio o como parte de nuestras actividades cotidianas, es para glorificar al Señor. Nos sentimos impulsados a hacer todo lo posible por mejorar las condiciones de vida de los demás, por ayudarlos en sus momentos de necesidad y por difundir la buena nueva de nuestra esperanza eterna en Cristo. Andamos como Él anduvo.

Cuando nos regimos por el principio de la generosidad somos una bendición para los demás y, por otra parte, atraemos bendiciones de Dios. Cuando optamos por darnos a los demás —darles nuestro tiempo, nuestras oraciones, nuestros recursos, nuestro dinero—, no solo realizamos actos generosos, sino que nos volvemos generosos, y Dios bendice a los generosos. «Deben recordar las palabras del Señor Jesús: “Hay más bendición en dar que en recibir”» (Hechos 20:35).

Reflexiones

La Biblia enseña que la generosidad conduce a bendiciones. Proverbios 11:25 dice: «El que es generoso prospera; el que reanima a otros será reanimado». Dios se acerca a los que son generosos, prestan sin reparos y actúan con justicia (Salmo 112:5). Si das generosamente, Dios derramará sobre ti más bendiciones de las que seas capaz de recibir (Malaquías 3:10).  Chris Witts

Nuestra verdadera identidad como hijos de Dios es todo lo que nos llevaremos para disfrutar por siempre de una relación con Dios. […] La generosidad nos ayuda a centrarnos en lo que realmente cuenta, en lo que es genuinamente importante para Dios. Cuando somos generosos en nombre de Cristo, estamos decorando nuestro hogar eterno con tesoros muy superiores a cualquier cosa que pudiéramos comprar en la Tierra.  Todd Harper

Cuando damos como Dios da y lo honramos con nuestra generosidad, nos acercamos a Él. Dejamos de estar centrados en nosotros mismos y empezamos a preocuparnos por los demás. Cuanto más nos acercamos a Dios, más van pareciéndose nuestro orden de prioridades y nuestros valores a los Suyos. Entonces, ¿cómo se vive generosamente? Lo primero es pedirle a Dios que te conceda una mentalidad generosa.  YouVersion.com

Qué dice la Biblia

«Ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos, y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulte en acciones de gracias a Dios» (2 Corintios 9:11).

«El que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad» (1 Juan 3:17,18).

«Poderoso es Dios para hacer que abunde en ustedes toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abunden para toda buena obra» (2 Corintios 9:8).

Oración para ser generosos

Querido Dios, te pedimos que nos concedas un corazón generoso. Ayúdanos a ofrecer desinteresadamente nuestro tiempo, nuestros recursos y nuestro amor a los necesitados. Permítenos descubrir las oportunidades para ejercer una influencia positiva que hay en nuestro entorno. Que nuestra generosidad sea un reflejo de Tu amor y Tu bondad.

Gracias por las bendiciones que hemos recibido. Ayúdanos a compartirlas con los demás y ser una luz en este mundo. Haznos generosos no solo con nuestros bienes materiales, sino también con nuestro tiempo, nuestra atención y nuestra compasión. Ayúdanos a reconocer las necesidades de quienes nos rodean y a responder con el corazón y las manos abiertas. Que nuestra generosidad inspire a otros a dar y cree un efecto dominó de bondad y apoyo.

Oramos por los que tienen necesidades. Proporciónales los recursos y el apoyo que precisan, y ayúdanos a ser parte de la solución. Gracias por la alegría que uno siente al dar. Ayúdanos a cultivar un espíritu de generosidad en todo lo que hagamos. En el nombre de Jesús, amén[4].

Traducción: Esteban.



[1] «¿Qué dice la Biblia sobre la generosidad?», GotQuestions.org, https://www.gotquestions.org/Espanol/generosidad-Biblia.html.

[2] Rick Warren, El poder de transformar su vida (Editorial Vida, 2000).

[3] Chopo Mwanza, «If God Provides, Why Should We Give to Missions?», radical.net, 6 de enero de 2025, https://radical.net/article/why-give-to-missions/.

[4] «A Prayer for Generosity», tmumc.org, https://www.tmumc.org/stories/posts/a-prayer-for-generosity.

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