Clamor en la oscuridad

Octubre 15, 2016

Enviado por María Fontaine

[A Cry in the Dark]

Resulta fácil clasificar a las personas en categorías: raza, personalidad y creencias, entre otras cosas. Creo que todos hacemos eso a veces. Sin embargo, si estamos dispuestos a profundizar en el tema, a esforzarnos por entender lo que se esconde tras la superficie de las apariencias, podemos hallar una fascinante e infinita variedad de personalidades, experiencias, gustos y aversiones, fuerzas y debilidades, todo eso se combina para que una persona sea única.

Descubrir lo que podría llamarse el clamor de cada persona es uno de los privilegios más gratificantes que tenemos. Es una parte fundamental de la testificación. Es un intento de entender a la gente, sus alegrías y tristeza, satisfacción y desencanto, sus deseos no expresados, y cómo, a su manera, busca lo que es verdadero y auténtico. Cuando testificamos de esa manera caminamos junto a alguien, ayudándolo a entender lo que a veces son expresiones complicadas de su corazón a fin de que encuentre una manera de unirse a quien lo entiende plenamente y puede satisfacer sus ruegos más apremiantes, incluso los que no ha expresado.

Por esa razón, me encanta dar ejemplos de muchos métodos que se han empleado para testificar a fin de tener una conexión profunda con las personas. Esos testimonios demuestran la necesidad de buscar pistas, incluso en algo que quizá consideremos negativo en la vida de alguien, porque tal vez descubramos que allí se encuentra oculta la clave para su corazón, lo que puede ayudar a esa persona a acercarse más a Jesús.

Una integrante de LFI que tiene más de 60 años, me habló de una experiencia de testificación. Se comunica con regularidad por correo electrónico con un joven de 28 años y a veces hablan por Skype. Y él la considera su confidente. Ese joven escucha mucha música de heavy metal y algo de death metal.

Dejaré que ella explique el resto.

Hace unos ocho meses me recomendó que viera un documental de hora y media acerca de la música heavy metal del que me había enviado un enlace. Entendí mejor esa música y las emociones que expresa. Además, él me envió los enlaces de algunas canciones que le gustan. Al principio me costó un poco escucharlas. Pero lo hice y así logré entender un poco más el corazón de ese joven. Aprendí que entre a los que les gusta escuchar rock pesado hay a quienes les parece que esa música expresa la frustración que sienten con el mundo actual y que se sienten incapaces de hacer algo al respecto.

No es necesario que te guste un estilo de música a fin de entender su mensaje. En vez de hablar contra la música heavy metal o ignorarla o animar a ese joven a reemplazarla con la música que a ella le parece más valiosa, empezó a hacerle preguntas al respecto.

Creo que eso ejemplifica un elemento importante en la testificación individual. Al escuchar la música que evidentemente tiene importancia para el joven, y al pedirle al Señor que le hablara acerca de esa música, ella empezó a entender lo que él quería que ella viera, sus sentimientos más profundos, su clamor.

Ella explicó:

Oré y le pedí al Señor que me indicara cuál era el siguiente paso, y Él me hizo ver algo muy interesante para decírselo a mi amigo. La siguiente vez que tuve oportunidad de hablar con él acerca de la música que le gusta, le dije que en esas canciones veo cómo él expresa sus oraciones y que sé que Dios lo escucha.

Se sorprendió al escuchar eso. No había pensado antes en las canciones como plegarias, pero aceptó que expresan la súplica de su corazón, y señaló que había deseado que Dios lo escuchara.

Le expliqué que Jesús no pone tantas reglas. El temor y el castigo no son parte de Él. Jesús está vivo y nos ama tanto que está dispuesto a ir a las partes más profundas y oscuras de nuestro corazón y adentrarse en nuestra frustración, y que está ahí para ayudarnos cuando se lo pedimos.

La última vez que tuve oportunidad de hablar con él, la conversación se centró en su vida. Quedó sorprendido al darse cuenta de que diversas situaciones se iban arreglando y le dije: «Ya ves, cuando Dios está contigo en algo, hace que todo redunde en bien. Dios ha escuchado las oraciones de tu corazón y responde. Jesús está contigo incluso en los lugares oscuros y te ayuda». El joven lo entendió.

Cuando sea el momento indicado, quiero enviarle un evangelio de Juan. Y luego algo más de los evangelios. Por ahora, le pido a Dios que ese joven hable con Jesús, sabiendo que Él está ahí con él.

Casi todos quieren ser comprendidos. Anhelan saber que alguien entiende lo que hay en su corazón. Aunque lo expresen de manera imperfecta, intentan decir lo que ven como malo o lo que anhelan o lo que deben cambiar y para lo que necesitan ayuda. Eso es en esencia lo que es la oración; busca respuestas, la verdad que pueda satisfacer las necesidades de su corazón. Creo que el Señor escucha esos clamores sinceros.

Somos muy bendecidos, pues a lo largo de los años hemos visto tanto del amor del Señor y el Cielo en nuestro corazón que Él puede dar. Además, a muchos el Señor nos ha puesto en situaciones en las que tenemos que enfrentar un mundo donde la confianza y la fe a menudo se quedan desplazadas por la avaricia, la violencia y el odio, a fin de que comprendamos lo que muchos enfrentan. Jesús lo expresó de esta manera en profecía:

Hay tantos que buscan soluciones para lo que ven que está mal con ellos mismos o en este mundo. Se esfuerzan por hallar soluciones en sus propias habilidades o en otras personas o cosas, y terminan frustrados, resentidos y enojados porque nada les ha satisfecho plenamente, nada ha sido capaz de darles las respuestas que quieren. Sin embargo, por eso los necesitan a ustedes. Cuando ustedes se compadecen de ellos, se interesan por ellos, les dicen que los entienden y que para ustedes ellos son importantes, de esa manera les dicen que Yo estoy a su lado y los ayudaré.

Ese es el mejor regalo que pueden darles. El trabajo de ustedes no consiste en obligarlos a entrar a la luz condenándolos por sus intentos imperfectos de hallar esperanza o alivio de lo que les pesa. El trabajo de ustedes es dar a conocer Mi luz a fin de que se acerquen a Mí. A medida que ellos capten que ustedes escuchan y entienden, a la larga empezarán a darse cuenta de que Yo los comprendo y los amo. Estoy presente, estén donde estén.

¿Adónde me iré de Tu Espíritu,
o adónde huiré de Tu presencia?
Si subo a los cielos, allí estás Tú;
si en el Seol preparo mi lecho, allí Tú estás.
Si tomo las alas del alba,
y si habito en lo más remoto del mar,
aun allí me guiará Tu mano,
y me tomará Tu diestra.
Si digo: «Ciertamente las tinieblas me envolverán,
y la luz a mi alrededor será noche»;
ni aun las tinieblas son oscuras para Ti,
y la noche brilla como el día.
Las tinieblas y la luz son iguales para Ti. 

Salmo 139:7-12 (NBLH)