Lo esencial: Naturaleza y personalidad de Dios

Junio 5, 2012

Enviado por Peter Amsterdam

La omnisciencia de Dios (2ª parte)

(En Lo esencial: Introducción se puede consultar un preámbulo y una explicación de toda esta colección de artículos.)

En el artículo anterior hablamos de la omnisciencia de Dios: Su conocimiento de Sí mismo, Su conocimiento de todo el pasado, el presente y el futuro, y Su conocimiento de los contingentes condicionados (ciencia media). En este trataremos la cuestión del libre albedrío humano a la luz de la facultad divina de precognición.

Este sería un buen momento para mencionar que no todos los teólogos coinciden en que Dios es plenamente omnisciente y conoce el futuro. Ha habido una pequeña minoría de teólogos que han defendido posturas distintas, declarando que Dios conoce todo el pasado y el presente, pero solo sabe lo que ocurre conforme se van produciendo los sucesos, y que ignora el futuro. Algunos han afirmado que Él sabe todo lo que es posible saber, pero arguyen que hay cosas que no tiene forma de saber. Tales teorías contradicen lo que se expone sobre el conocimiento de Dios tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Tal como evidenciaban los versículos que incluimos en la entrega anterior (La omnisciencia de Dios, 1ª parte), el conocimiento de Dios lo abarca todo: el pasado, el presente y el futuro.

A lo largo de la Historia los teólogos han coincidido en que, en consonancia con lo que dicen las Escrituras, Dios es omnisciente y conoce el pasado, el presente y el futuro. También están de acuerdo en que, según las Escrituras, los seres humanos son libres para tomar decisiones, o sea, tienen lo que comúnmente se llama libre albedrío, la posibilidad de determinar con plena independencia lo que hacen.

Sin embargo, surge una pregunta: Si Dios sabe anticipadamente las decisiones que tomarán en el futuro los seres humanos, ¿esa presciencia hace que tales decisiones sean inevitables y por lo tanto no verdaderamente independientes? Las confesiones o credos cristianos tienen hoy en día, en términos generales, dos posturas sobre esa pregunta. Digo «en términos generales» porque existen diferencias de opinión incluso entre los creyentes de una misma confesión.

Por lo general, pues, hay quienes creen que Dios conoce el futuro y todo lo que harán todas las personas, pero que esa precognición no significa que Él determine lo que van a hacer; simplemente sabe por adelantado las decisiones soberanas que tomarán porque conoce el futuro. Su conocimiento de lo que van a hacer no entorpece ni afecta en modo alguno tales decisiones. Por consiguiente, las personas gozan de libre albedrío. El término corriente para referirse a esa postura es arminianismo o posición arminiana, del nombre de Jacobo Arminius (1560–1609).

La segunda postura general asevera que Dios sabe lo que va a suceder en el futuro porque, desde que se creó el mundo, ya ordenó o decretó todo lo que va a pasar en la vida de cada persona. Tiene presciencia por cuanto predeterminó todos los sucesos. Dicha doctrina sostiene que, aunque Dios ha predeterminado las decisiones que toman los individuos, estos optan libremente por lo que Dios ha predeterminado que hagan. Según este postulado, los seres humanos toman decisiones por propia voluntad y no son conscientes de ninguna restricción divina que afecte sus decisiones, a pesar de que tales restricciones existen. A postura se la denomina calvinismo, a partir del nombre de Juan Calvino (1509–1564), uno de los reformadores protestantes más influyentes. También se llama tradición reformada.

En este artículo solo abordaré brevemente estas dos posturas generales, porque tienen mucho más que ver con la providencia divina y la cuestión de si Dios predetermina quién va a salvarse y quién no, y se examinarán detenidamente en un artículo posterior. Tanto los que siguen la tradición calvinista/reformada como los partidarios de la postura arminiana consideran que la Biblia respalda sus doctrinas. Unos y otros ofrecen explicaciones teológicas exhaustivas para justificar sus creencias. No voy a hacer una presentación detallada de esas posturas ni incluir los versículos de la Biblia en los que las sustentan, ya que son el tema de posteriores artículos.

En este artículo citaré a teólogos de una postura y de la otra. Todos ellos de una u otra forma argumentan que sus creencias se apoyan en las Escrituras. De la lectura de algunos de los pasajes que se citan más abajo se desprende que claramente hay desacuerdo. No obstante, a pesar de esas divergencias, tanto unos como otros defienden la salvación por gracia, que Jesús es la única vía para salvarse y todas las demás doctrinas cristianas fundamentales.

La tradición calvinista

El fuerte acento que Juan Calvino ponía en la soberanía absoluta de Dios fue lo que lo llevó a adoptar su postura en cuanto a la predeterminación. Según la concepción de Calvino, como Dios es soberano, necesariamente tiene que controlar todas las cosas; si no las controlara, no sería soberano. Al expresar su percepción de cómo predetermina Dios las cosas, explica que Él es la causa primaria de todo lo que sucede en la Tierra; no obstante, interviene en los acontecimientos de forma oculta, sin que sea evidente que Él los causa. Para un observador, la causa es otra, lo que él llama la causa secundaria. Tomemos, por ejemplo, la lluvia. La Biblia dice que Dios hace llover. La ciencia dice que la lluvia es ocasionada por las leyes de la naturaleza: el agua se evapora, forma nubes, las gotitas se vuelven pesadas y terminan precipitándose en forma de lluvia. Calvino diría que ambas cosas son ciertas: la lluvia está causada plenamente por Dios y plenamente por las leyes de la naturaleza.

Wayne Grudem, teólogo reformado, lo explica de la siguiente manera:

La causa divina de cada suceso actúa como una fuerza directriz invisible, oculta; por consiguiente se podría llamar la causa primaria que proyecta y origina todo lo que sucede. Pero lo creado produce también acciones coincidentes con las propiedades particulares de la criatura, acciones que a menudo podemos describir nosotros o los científicos profesionales que observan cuidadosamente los procesos. Esos factores y propiedades de lo creado pueden, por consiguiente, llamarse causas secundarias de todo lo que sucede, aun cuando son las que resultan evidentes para el observador[1].

Aplicando esa doctrina a las acciones humanas, quiere decir que todo lo que hacen las personas está predeterminado por Dios como causa primaria, y que estas hacen lo que Él predeterminó. No obstante, no son conscientes de que hacen esas cosas debido a la causa primaria. Aunque tienen la impresión de que actúan por voluntad propia, en realidad ellas son la causa secundaria. Aun así, deben responder de sus actos.

Muchos que no concuerdan con esa doctrina —incluido yo mismo—  consideran que el calvinismo poco menos que dice que Dios tiene la culpa de los pecados que comete la gente, porque si es cierto que Él predetermina todo lo que hace la gente, entonces predetermina que la gente peque.

El teólogo reformado Wayne Grudem hace la siguiente aclaración sobre el tema del pecado y la predeterminación, que pone de manifiesto que dentro de la tradición reformada existen ciertas dificultades para explicar el papel de Dios con relación al pecado:

No nos queda más remedio que confesar que no comprendemos cómo es que Dios puede disponer que hagamos obras malas y luego imputarnos la responsabilidad de ellas sin culparse a Sí mismo. Podemos afirmar que todo esto es verdad, porque la Biblia lo enseña. Pero las Escrituras no nos dicen exactamente cómo produce Dios esta situación ni cómo es que Dios nos considera responsables de lo que Él dispone que tenga lugar. Sobre este punto la Biblia guarda silencio, y le damos la razón a Berkhof, que dijo que en última instancia «el problema de la relación de Dios con el pecado sigue siendo un misterio»[2].

Según la tradición reformada, Dios conoce el futuro principalmente porque Él mismo lo predeterminó, siendo Él la causa primaria. Si bien los calvinistas creen que Dios conoce todo el pasado, el presente y el futuro, discrepan de los arminianos en cuanto al motivo por el que conoce el futuro. Para ellos, Dios conoce el futuro porque Él decretó todos los acontecimientos desde antes de la creación del mundo.

En el libro What the Bible Says About God the Creator, Jack Cottrell (teólogo arminiano) cita sobre este punto a tres teólogos reformados[3].

Lo que Dios preconoce es seguro, no porque lo preconoce, sino por el hecho de que Él lo decretó. L. S. Chafer[4]

Además, ese conocimiento no depende de ninguna precognición, sino que es conforme a Su soberano beneplácito. Nosotros conocemos las cosas solo porque existen; pero en el caso de Dios llegan a existir si las ha conocido primero. Morton Smith[5]

Nos encontramos frente a un problema que no podemos resolver a cabalidad, aunque sí es posible aproximarnos a una solución. Dios ha decretado todas las cosas, y las ha decretado con sus causas y condiciones, para que se produzcan en el orden exacto en que acontecerán; y Su presciencia de las cosas futuras y también de los sucesos contingentes descansa sobre Su decreto. Louis Berkhof[6]

La posición arminiana

Los partidarios del arminianismo están en franco desacuerdo con la tradición reformada. En lo referente al conocimiento del futuro, sostienen que Dios lo conoce porque es eterno, porque ve todo el tiempo de una vez, no porque haya determinado todo lo que sucede. No creen que Dios predeterminara las acciones de cada persona. Si así fuera, la humanidad realmente no dispondría de libre albedrío. Consideran que las personas toman sus propias decisiones sin intervención divina.

Cottrell afirma:

Esta explicación de la precognición de Dios [propuesta por la tradición reformada] debe rechazarse más que nada porque el concepto de un decreto eterno absolutamente predeterminante no es una doctrina bíblica y por consiguiente no puede ser la base de la presciencia divina del futuro[7].

Concluimos que la única concepción que respeta por una parte la integridad de la presciencia divina y por otra la integridad del libre albedrío humano es la que sostiene que Dios preconoce las decisiones contingentes futuras simplemente porque es el Dios transcendente, que está por encima del tiempo, en el eterno ahora, y por tanto lo sabe todo[8].

Al explicar las diferencias entre la tradición reformada y la posición arminiana, Wayne Grudem da una clarísima explicación del arminianismo:

Los que adoptan una posición arminiana mantienen que a fin de respetar la legítima libertad humana y las legítimas decisiones humanas que resultan necesarias para que los seres humanos sean verdaderas personas, Dios no puede causar o planear nuestras decisiones voluntarias. Por consiguiente, concluyen que la intervención providencial de Dios en la Historia o Su dirección de la misma no debe incluir hasta el más mínimo detalle de todo acontecimiento , sino que Dios simplemente responde a las decisiones y actos humanos conforme tienen lugar y lo hace de manera que a la postre Sus designios se cumplan en el mundo[9].

Presciencia y libre albedrío

Dios conoce el futuro, no porque Él lo haya predeterminado o haya decretado todo lo que debe suceder, sino porque Él es infinito. Para Él, todo el tiempo es presente. Lo ve todo a la vez, y por consiguiente conoce todos los acontecimientos futuros antes de que ocurran.

William Lane Craig lo expresa de la siguiente manera:

Opino que ante ese problema una mejor respuesta sería […] decir que presciencia no equivale a predeterminación. Creo que es preferible decir que Dios conoce por anticipado las decisiones que libremente tomarán las personas y que tales decisiones voluntarias de los seres humanos determinan la precognición de ellas que tiene Dios, y no a la inversa. La presciencia no determina las decisiones voluntarias; más bien son tales decisiones las que determinan la presciencia.

Una forma de concebirlo es imaginarse que la precognición de Dios es como un barómetro infalible. Como es infalible, según lo que marque se sabe qué tiempo hará. Ahora bien, el barómetro no determina el tiempo, sino que el tiempo determina lo que indica el barómetro. La presciencia divina es como un barómetro infalible que indica cuál será el futuro. Nos da a conocer el futuro, pero no lo impone en modo alguno. El futuro puede desarrollarse como quiera que lo decidan ciertos agentes libres; sin embargo, es imposible evitar que ese barómetro infalible —la presciencia de Dios— reconozca cualquier rumbo que vaya a tomar el futuro[10].

El hecho de que Dios conozca los decisiones que van a tomar las personas no significa que Él genere tales decisiones. Simplemente sabe de antemano lo que ellas escogerán de motu proprio. Como Él conoce el futuro, sabe las decisiones autónomas que tomaremos. En todo caso, ese conocimiento de lo que vamos a hacer no influye en modo alguno en nuestras decisiones. Los seres humanos tenemos libre albedrío. Nuestras acciones no están decretadas ni predeterminadas[11].

La capacidad intelectual de Dios es ilimitada, mayor que todo lo creado, que el espacio, el tiempo, las cosas o las personas. Él conoce todas las cosas existentes y posibles. Conoce nuestros pensamientos y nuestras intenciones tanto como nuestras acciones. Lo sabe todo.

Implicaciones y aplicaciones

La omnisciencia de Dios tiene sus implicaciones para la humanidad; por ejemplo, guarda relación con Sus bendiciones: Su protección, consuelo, provisión y Su interés por nosotros.

Los ojos del Señor contemplan toda la tierra, para mostrar Su poder a favor de los que tienen un corazón perfecto para con Él[12].

Señor, delante de Ti están todos mis deseos y mi suspiro no te es oculto[13].

Los ojos del Señor están sobre los que le temen, sobre los que esperan en Su misericordia, para librar su alma de la muerte, y conservarlos con vida en tiempos de hambre[14].

No os angustiéis, pues, diciendo: «¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?», porque los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas[15].

Otra implicación es que Él conoce nuestros pecados y las malas acciones e intenciones de los impíos. Todos los hombres pecan, y Dios tiene conocimiento de cada pecado. En el caso de los creyentes, esos pecados quedan perdonados en virtud del sacrificio de Jesús en la cruz, y Dios dice que no se acordará de ellos. Eso se entiende mejor si decimos que no los tendrá en cuenta contra nosotros, porque quedan perdonados y por consiguiente no se nos castigará por ellos en la otra vida.

Tendré misericordia de sus iniquidades, y nunca más me acordaré de sus pecados[16].

Hay personas malvadas que piensan que tienen libertad para hacer lo que quieran sin tener que pagar las consecuencias, y creen que no hay un Dios que las vaya a juzgar. Pero Dios ve sus acciones y conoce su corazón, y en el Día del Juicio entenderán que Él vio y recuerda todo lo que hicieron, aunque en el momento de hacerlo pensaran que quedaría oculto.

Te confiaste en tu maldad, diciendo: «Nadie me ve». Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón: «Yo, y nadie más»[17].

¡Ay de los que se esconden del Señor encubriendo sus planes, y sus obras las hacen en tinieblas, y dicen: «¿Quién nos ve, y quién nos conoce?»[18]

Sus ojos observan los caminos del hombre, y Él ve todos sus pasos. No hay tinieblas ni densa oscuridad donde puedan esconderse los que hacen iniquidad[19].

Mis ojos están sobre todos sus caminos, los cuales no se me ocultan, ni su maldad se esconde de la presencia de Mis ojos[20].

Vi los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios. Los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida. Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. El mar entregó los muertos que había en él, y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos, y fueron juzgados cada uno según sus obras[21].

Cuando llegue el momento de juzgar a toda la gente, los juicios de Dios serán verdaderos y acertados. No habrá necesidad de interpretar acciones o intenciones, porque el Dios omnisciente comprende las dos perfectamente, dado que lo sabe todo.


Notas

A menos que se indique otra cosa, los versículos citados proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso. También se citan versículos de la Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy (NBLH).


[1] Grudem, Wayne: Teología sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica, Vida, 2007, p. 332.

[2] Grudem, Wayne: Teología sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica, Vida, 2007, p. 344.

[3] Cottrell, Jack: What the Bible Says about God the Creator, Wipf and Stock Publishers, Eugene, 1983, pp.282 y 283.

[4] Chafer, Lewis Sperry: Teología sistemática, Clie, 2010.

[5] Smith, Morton H.: The Attributes of God, p. 372.

[6] Berkhof, Louis: Teología sistemática, Libros Desafío, 1998.

[7] Cottrell, Jack: What the Bible Says About God the Creator, Wipf and Stock Publishers, Eugene, 1983, p. 283.

[8] Cottrell, Jack: What the Bible Says About God the Creator, Wipf and Stock Publishers, Eugene, 1983, p. 284.

[9] Grudem, Wayne: Teología sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica, Vida, 2007, p. 353.

[10] Craig, William Lane: The Doctrine of God, charla 7 de la serie «Defenders».

[11] El debate entre la predeterminación y el libre albedrío presenta muchas facetas más que no se tratan aquí, pero que sí se abordarán con mayor detalle en futuros artículos.

[12] 2 Crónicas 16:9.

[13] Salmo 38:9.

[14] Salmo 33:18,19 (NBLH).

[15] Mateo 6:31,32.

[16] Hebreos 8:12 (NBLH).

[17] Isaías 47:10,

[18] Isaías 29:15.

[19] Job 34:21,22 (NBLH).

[20] Jeremías 16:17.

[21] Apocalipsis 20:12,13.

Traducción: Jorge Solá. Revisión: Gabriel García V. y Felipe Mathews.